Manifesto. Una exhibición maratoniana de talento e ingenio

Manifiesto: Escrito en que se hace pública declaración de doctrinas, propósitos o programas. (Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española).

Así empieza la película Manifesto, con la definición de la palabra según el diccionario sobre la pantalla. Y desde luego Manifesto es el manifiesto madre de todos los manifiestos.

Resultado de imagen de imágenes de la película manifestoEn 95 minutos y a través de 13 historias con 13 personajes distintos (todos ellos encarnados por la australiana Cate Blanchett; además presta su voz en off en el prólogo), el alemán Julian Rosefeldt recrea el sentido y visión de numerosos manifiestos artísticos de los últimos 150 años, desde el archiconocido Manifiesto del Partido Comunista (1848, de Marx y Engels) hasta Dogma 95 (manifiesto publicado por, entre otros, los cineastas daneses Lars Van Trier y Thomas Vinterberg), pasando por el Manifiesto del surrealismo (1924, del escritor francés André Bretón). Quizás no esté de más que el espectador se documente antes de ver la película; no todos los manifiestos referidos son tema de conversación habitual de la mayoría de nosotros y relacionarlos con las distintas historias y personajes no es fácil.

Aunque tampoco importa mucho, la verdad. Relájense y déjense llevar por las imágenes y las palabras. Tendrán dudas, eso sin discusión, pero también se reirán y celebrarán con enorme gozo esta creación artística, que no película como la entendemos normalmente. De hecho, Julian Rosefeldt, el responsable de esta obra cenital sobre la pantalla grande, es un creador de instalaciones en celuloide, un vídeo artista, un artista visual y plástico. Rodó Manifiesto con Cate Blanchett como protagonista indiscutible (con unos pocos actores secundarios en el reparto) en menos de dos semanas.

¡Y que grande es Cate Blanchett! No debemos sorprendernos. Esta actriz de tan solo 49 años ha cosechado numerosos premios a lo largo de su carrera; su labor artística ha sido reconocida por los Óscar, los Globos de Oro, los BAFTA, entre otros. Verla aquí, metiéndose en la piel de personajes tan distintos (incluidos el de un hombre vagabundo) es una delicia. Representa a personas de edades y culturas dispares, de nacionalidades diversas, con acentos y gestos acordes con cada situación. A veces es hilarante; el episodio en el que es la presentadora de noticias en el estudio y a la vez la reportera en la calle no tiene desperdicio. (Nuestra investigación nos sugiere que este episodio está relacionado con el arte conceptual y el minimalismo). A veces es intensa; como profesora de niños de primaria, les instruye sobre cómo deben crear una obra filmada, recitándoles los mandamientos de Dogma (la cámara debe sostenerse en la mano, el rodaje se realizará sin accesorios ni decorados, …). Las caras de los niños, todo un poema. La titiritera nos fascina, con un títere igual que ella en la mano, y cientos de títeres a su alrededor (recreaciones al detalle de figuras históricas o populares de todos los tiempos). Pero no vamos a contarlo todo. Descúbranla Uds. mismos.

Aunque Manifesto es del año 2015, ha llegado a España tres años más tarde, apenas hace unas semanas. Búsquenla en los cines. Aplaúdenla y hagan correr la voz.

Diana Shoffstall

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El cuervo. Autómatas sobre el escenario y bostezos entre el público

Resultado de imagen de imagenes de el cuervo medea teatroInspirándose en el que es quizás el más conocido poema narrativo de Edgar Allan Poe, Alfonso Sastre escribió El cuervo para el teatro en 1957. La obra fue estrenada en octubre de ese año en el Teatro María Guerrero de Madrid. En aquel entonces, Alfredo Marquerie escribía sobre ella y su autor en el periódico ABC. Decía Marquerie, entre otras cosas, que “Los personajes viven en una tensión permanente de angustia” y que “la sensación de horror y misterio que dimana y trasmina de su obra es extraordinaria”. Para que no haya ninguna duda en la mente del espectador, el sinopsis de esta versión, de la compañía teatral Medea Teatro, nos advierte que “La obra recrea el horror cercano al pánico que sienten los personajes al percibir que se está repitiendo un pasado que los atormenta”.

Pues no. La obra El cuervo que se está representando en el Teatro Victoria desmiente lo anunciado. Ni horror ni pánico ni tormento. El desarrollo de la trama de la obra es tan lento y pausado que por poco adormece al público. Más desalentadora aún es la escasez de registros en las interpretaciones, tanto en lo vocal como en lo gestual o corporal. Una verdadera agonía para el espectador al que le da ganas de subir al escenario y sacudir a los actores que en esta obra, más que actores, parecen autómatas.

¿A qué se debe la pobreza de esta obra? La compañía Medea Teatro (la antigua “José Zorrilla”) tiene más de 25 años de experiencia sobre el escenario y cuenta con más de 50 títulos en su haber. No queda más remedio que atribuir este desafortunado remake teatral a la visión que guía -equivocadamente, en opinión de la que escribe- a Irene Martín, la directora (y también un miembro del elenco de los seis intérpretes).

Poco más que decir. Quizás salvar del chasco generalizado las actuaciones de Blanca Guridi y de Blas Ortiz que pugnaban por escaparse del corsé que les apretaba.  También decir que el Teatro Victoria está bien cuidado y bastante cómodo. El escenario es pequeño pero adecuado.

Y se acabó. Está todo dicho.

Para más información sobre El cuervo y la demás programación del Teatro Victoria, consultar su página web.

http://www.teatrovictoria.net/

Diana Shoffstall