Mata a tu alumno. La irreflexión y sus funestas secuelas

Un texto lúcido, agudo y corrosivo. Tres actores admirables, sobradamente preparados y que llenan el escenario con sus perspicaces interpretaciones. Una dirección sabia que conduce al espectador con mano segura por los diferentes hilos de esta historia, logrando una impecable fluidez en las transiciones. Todo esto es Mata a su alumno, una obra de cerca de 90 minutos cuya incontestable inteligencia en su concepción y gran profesionalidad en su ejecución atrapan al público.

Un escritor de novelas, egocéntrico y arrogante. Se burla de su esposa, gorda e hiperactiva (ausente en todo momento), incluso frente a su hijo de 18 años, estudiante de bacherillato, a quien no escucha. Una mujer y su hijo, también un estudiante de 18 años, cuyo esposo y padre, un profesor de literatura, está en la cárcel por matar brutalmente a un alumno con una raqueta de tenis. Por matar a un alumno de la misma manera que lo hace el protagonista de la última novela del escritor. La mujer del profesor se enfrenta al novelista. Quiere respuestas. ¿Porqué lo que acontece en la novela ha servido de patrón para la actuación de su marido?

Lo que sigue es una dramática incursión en las oscuras y patéticas motivaciones de las personas que finalmente iluminará sus debilidades y sus errores. La incomunicación, la presunción, la falsa inocencia y la soledad. Y en última instancia la realización, quizás demasiado tardía, de las consecuencias trágicas de sus actos.

Raquel Pérez es la esposa del profesor de literatura encarcelado y madre de un hijo quien, a falta de su padre y destrozado por el crimen, se erige en protector de su madre. Javier Albalá es el escritor y, en unas pocas escenas de flashback, también el profesor asesino. Jorge Clemente encarna a los dos hijos. La primera (Raquel Pérez) busca respuestas a lo acontecido ajena a su propia relación con su marido. El segundo (Javier Albalá), anclado en su vanidad, es incapaz de reconocer su lado violento, su frivolidad y el enorme vacío que ha creado alrededor de su hijo. Y ambos hijos (Jorge Clemente) son abandonados a su suerte. Escenas y diálogos salpicados de humor negro que calan a lo hondo.

Reitero lo dicho. Una conjunción magnífica de texto (escrito por Carles Mallol y que fue ganador en el año 2013 del Premio Born de Teatro), de interpretaciones y de dirección (a cargo de Gorka Lasasosa, uno de los fundadores de Sala Intemperie). Mata a tu alumno estará en cartel en Sala Intemperie hasta el 11 de noviembre. El aforo de la sala es limitado. Apúrense, no vayan a  quedarse sin entrada.

Para más información sobre esta obra y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

http://intemperieteatro.com/

Diana Shoffstall

Factor Limitante. La crudeza de la realidad

La escena es casi apocalíptica. Preside el espacio un asiento de construcción precaria de más de un metro de altura. Bolsas de plástico, negras y abultadas, amontonadas al pie de la construcción. A la izquierda un rudo banco de madera. El Hombre (Chema Abellón), la Mujer (Vanessa Moor) y la Sociedad (Eliana Santander) vestidos con prendas que podrían haberse provenido de la saga de Mad Max.

Factor Limitante es una provocación. Nos obliga a cuestionar los roles del Hombre y de la Mujer en la continuidad de nuestra raza, en la reproducción de la especie. Tanto el Hombre -la fuerza, el poder, el que riega con su esperma la semilla- , como la Mujer -la receptora, la diosa madre- quieren rebelarse pero ahí está la Sociedad, el statu quo, para recordarles su papel, asegurando que no se aparten de su misión.

Si bien a veces el texto es algo denso, la obra poco a poco va penetrando en nuestras cabezas y allí se queda, palpitando, revoloteando, creando imágenes, cavando en nuestra memoria. La labor de los tres actores es encomiable. Junto a ellos, José Ramón Arredondo -actor, músico, cantante- salpicando la obra con sus cancioncillas y su musiquilla- , introduciendo un tono burlón, un contrapeso necesario para contrarrestar la seriedad de la obra. Ochenta minutos. Solo ochenta minutos dura Factor Limitante. Pero no hay límites a lo que se puede conseguir en 80 minutos.

Yolanda Vega es la responsable de la dramaturgia y dirección de esta obra y es también la fundadora de Meister Studio Madrid que la ha producido. Sanford Meisner (estadounidense, 1905-1997) había compartido estudios con Stella Adler y Lee Strasberg, pero fue el maestro ruso Constantin Stanislavski quien ejerció mayor influencia sobre Meisner. Su propio método interpretativo, hoy conocido como la Técnica Meisner, lo enseñó durante más de 50 años en el Neighborhood Playhouse of the Theatre en Nueva York, del cual era co-fundador. Entre los alumni, una plétora de nombres conocidos: James Caan, Robert Duvall, Mary Steenburgen, Diane Keaton y otros muchos, incluyendo jóvenes valores como lo es Mackenzie Davis.

En la página web de Meisner Studio, Yolanda Vega incluye una frase de Sanford Meisner: “Toda buena actuación viene del corazón y no hay nada mental en ella”. En Factor Limitante hay muestras de sobra de buen oficio, sin duda ejercido con mucho corazón.

Factor Limitante está en cartel los miércoles del mes de octubre. Ojalá se prorrogue.

Para más información sobre esta obra y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

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Diana Shoffstall

Ha nacido una estrella. El firmamento brilla con nuevos cuerpos celestiales

Bradley Charles Cooper (nacido en Filadelfia en enero del año 1975) y Stefani Joanne Angelina Germanotta (nacida en marzo del año 1986 en Nueva York), conocidos por nosotros como Bradley Cooper, un actor cuya carrera progresa incontestablemente en quinta marcha (nominado tres años seguidos -2013 al 2015- al premio Óscar como mejor actor por sus papeles en Silver Linings PlaybookAmerican Hustler y American Sniper), y Lady Gaga, una diva internacional de la música pop, son, en esta versión de Ha nacido una estrella, Jackson Maine, un músico y cantante country idolatrado por sus seguidores pero perseguido por una infancia y adolescencia de pesadilla y cuya trayectoria es descendente, y Ally, una joven cantante y compositora, llena de inseguridades, pero cuyo potencial es enorme. Sus vidas se entrelazarán para bien y para mal: amor incondicional, felicidad y éxito, y también decepción, sufrimiento y pérdida.

Resultado de imagen de cartel a star is bornYa se ha dicho en casi todos los medios que esto es un remake, que es la cuarta versión en celuloide de esta historia de ascenso y declive, de joven promesa y veterano célebre cuyo estrella se apaga. La historia se ha ido evolucionando. En la primera Ha nacido una estrella del año 1937, bajo la dirección de William A. Wellman y producida por David O. Selznick, Janet Gaynor y Fredric March interpretaron los papeles protagonistas de actriz aspirante y actor consagrado. En las siguientes versiones, las protagonistas femeninas eran cantantes y sus intérpretes fueron dos grandes voces, como lo son Judy Garland (año 1954, de George Cukor) y de Barbra Streisand (año 1976, de Frank Pierson). James Mason y Kris Kristofferson, respectivamente, les hicieron la réplica, Mason aún en el papel de veterano actor, Kristofferson ya como rockero.

Esta Ha nacido una estrella es, sin duda alguna, hija predilecta de Bradley Cooper. Con ella, debuta como director, es también co-guionista y uno de los productores. Ha hecho una incursión en la música, contribuyendo letras y melodías a la banda sonora. Y es Jackson Maine, su voz cantando, su cuerpo maltrecho a causa del alcohol y las drogas, su mente agonizante, en lucha permanente entre la esperanza y la desesperación. Una proeza formidable. Supo elegir a Lada Gaga como su co-protagonista. Ella aporta su voz, por descontado, pero su talento como actriz es lo que nos fascina. Ally, interpretada por Lady Gaga, es ingenua y tiene un sueño que cree no poder realizar nunca. Jackson Maine le muestra el camino y ella lo emprende pero nunca renuncia a sus raíces ni a su amor por él. Los trazos con los que nos dibuja Ally son delicados al principio pero más fuertes en cada escena, sin que en ningún momento dejamos de creer en la bondad de la figura de Ally.

Cooper y Lada Gaga son los protagonistas irrefutables de esta película. Aún así, la inclusión del veterano actor Sam Elliott, de 74 años, en el reparto, en el papel de Bobby, hermano mayor de Jackson, ha dado aún más credibilidad a esta, no por conocida menos bella, historia. Impecable su interpretación.

Y finalmente una mención para la banda sonora de la película. Cooper no escatimó ni esfuerzos ni recursos para su producción. Lukas Nelson, hijo del inolvidable Willie Nelson, ha sido un componente clave del equipo. La banda sonora resultante va escalando puestos en los rankings.

No un cúmulo de errores sino un cúmulo de aciertos, esta Ha nacido una estrella de Bradley Cooper tiene muchos méritos. Vayan a verla. A new star is born.

Diana Shoffstall

7 años. Una condena de siete años y una penitencia para toda la vida

Las obras dirigidas por Daniel Veronese (Buenos Aires, 1955) suelen llevar el sello de éxito garantizado y si el veterano Miguel Rellán, muy querido por el público, es uno de los protagonistas, el triunfo es casi asegurado.

La trama de 7 años fue idea de José Cabeza y, como co-guionista, su idea fue llevada al cine por Netflix. Para los Premios Goya del año 2017, presentó candidaturas en 16 categorías aunque finalmente no fue nominada en ninguna. Ahora, Daniel Veronese se ha encargado de la versión teatral y la dirección sobre el escenario, contando con un elenco de actores de reconocida solvencia. Además del ya mencionado Miguel Rellán, Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada, Eloy Azorín y Carmen Ruiz.

7 AÑOS en los Teatros del CanalCuatro socios de una empresa de diseño de aplicaciones tecnológicas, Marcel (Juan Carlos Vellido), Verónica (Carmen Ruiz), Carlos (Daniel Pérez Prada) y Luis (Eloy Azorín) están reunidos para llegar a un acuerdo decisivo para su futuro. Han desviado fondos al extranjero y pesa sobre ellos una posible condena de cárcel de hasta 7 años. Pueden ser condenados los cuatro y la empresa desaparecería. O uno de ellos puede asumir toda la responsabilidad y ser condenado, salvando a los otros tres socios y la empresa. O dicho de otro modo, uno de ellos será sacrificado por los demás o se sacrificará él mismo. Reconocen su cobardía para tomar una decisión de tal envergadura y por ello reciben a José (Miguel Rellán) quien actuará como mediador.

El público aplaudió con ganas al término de la obra, pero para esta espectadora 7 años no es más que una nueva aproximación (de las muchas que ha habido y habrá) a la condición humana. Los socios irán descubriéndose, pasando de una cierta cordialidad y complicidad a escupir revelaciones mejor no pronunciadas, secretos a voces e intimidades. Cada uno defenderá su postura con ferocidad y fiereza. Sí, enseñarán dientes y sacarán garras. Por debajo de la pátina de personas civilizadas y civiles se asomarán el egoísmo, el miedo, la envidia,  el “sálvese quien pueda”. Ciertamente, hay momentos de tensión que resultan hasta graciosos. En particular, el personaje de José, el mediador, nos hará sonreír alguna vez. De hecho, José le saca de quicio a Carlos, uno de los socios. No se fía de su sonrisa. Pero en último término, lo que vemos sobre el escenario lo hemos visto antes, más de una vez, y esta versión no aporta nada nuevo. Es predecible; no creo que yo he sido la única espectadora que haya presentido el final. Finalmente, para mi, la puesta en escena no ha sido la más eficaz. A la izquierda, muy a la izquierda, una mesa de trabajo donde gran parte de la acción discurre con los personajes alrededor de ella, con lo que ni oímos nítidamente todos los diálogos al estar los actores de espalda ni los vemos de frente, algo imprescindible en el teatro. Todos sabemos que el lenguaje corporal y gestual es de enorme importancia.

Habiendo dicho todo esto, y a pesar de los “peros”, también diré que pasé un rato agradable en el teatro. La obra se deja ver y me han gustado especialmente las interpretaciones, muy logradas, de Juan Carlos Vellido y de Daniel Pérez Prada. Aunque 7 años no tendrá un recorrido de 7 años ni de 7 meses sobre el escenario, es entretenida y sin duda llenará la sala estas próximas semanas.

7 años estará en cartel hasta el próximo día 4 de noviembre. Consulten la página web de Teatros del Canal (Twitter: @TeatrosCanal) para conocer todos los detalles de esta obra y de la demás programación que nos ofrecen (entradas, horarios, …).

http://www.teatroscanal.com/

Diana Shoffstall

Ni con tres vidas que tuviera. Humanidad a raudales.

Resignación y esperanza. Rabia y empatía. Calma y vehemencia. Condena y perdón. Arrepentimiento, rechazo, … Podríamos seguir eligiendo, una tras otra, palabras llenas de intención, contrapuestas. Pero seguramente no lograríamos describir adecuadamente todo lo que observamos, vivimos, sentimos durante los 80 minutos que dura esta obra de José Pascual Abellán.

Ni con tres vidas que tuviera se inspira en personas reales y en algo que sucedió de verdad: un episodio del programa de televisión Salvados de La Sexta. El periodista Jordi Évole frente al ex-terrorista repentido Iñaki Rekarte. En esta obra, ejemplar y sobriamente representada en Sala Intemperie, los personajes no tienen nombres. Son simplemente el ex-terrorista, el periodista y la víctima. Sí, la víctima, hija de un matrimonio muerto en el atentado perpetrado por el entrevistado. A un lado del escenario, una mesa, dos sillas, una jarra con agua. Con su grabador y su cuaderno, el periodista, ora dubitativo, ora sobrecogido. El entrevistado, ora parco de palabras y gestos, ora -repentinamente- profuso en sus respuestas. Y al otro lado del escenario una mujer. Había dejado atrás el episodio que cambió su vida hace 20 años. Hasta que la entrevista publicada en la prensa hizo aflorar en ella nuevamente el sufrimiento y la atroz pérdida.

Las cuestiones que se plantean son universales y relativas a cualquier crimen cometido por un humano contra otro. El que comete el crimen, ¿puede sentir un arrepentimiento verdadero? La que es víctima, ¿puede otorgar su perdón de todo corazón?  ¿Existe la rehabilitación? El arrepentimiento, el perdón, la rehabilitación, ¿son duraderos? Aunque no lo fueran, hemos de creer que lo son. Porque hemos de seguir viviendo, hemos de construir un mundo mejor, hemos de legar a nuestros hijos la seguridad de que la superación -en todos sus sentidos- es posible.

Soberbios los actores. Nacho Hevia, como el periodista, transmite la dicotomía de su misión. Es un profesional de la información, debe ser imparcial, objetivo. Pero es un hombre y se esfuerza por mantener la ecuanimidad y no mostrar repugnancia ante las confesiones de su interlocutor. Jorge Cabrera es el ex-terrorista. Es estremecedor ver y oírlo. Ha cumplido su condena. Se arrepiente pero es culpable, culpable, culpable, … Él vivirá con ello el resto de su vida. Quiere tener una segunda oportunidad pero él mismo duda de que lo merece. Lucía Esteso es la víctima y su interpretación es desgarradora. Era una niña, una criatura, cuando el atentado que la dejó huérfana. No olvidará nunca, pero el asesino tiene hijos. ¿Será capaz ella de perdonarle por el bien de sus hijos?

Ni con tres vidas que tuviera es una obra necesaria. Nunca debemos de olvidar las cosas que han pasado, pero tampoco debemos dejar de reflexionar sobre su significado. El ex-terrorista verdadero, Iñaki Rekarte, escribió un libro sobre su vida. Su título: Lo difícil es perdonarse a uno mismo. Y yo añadiría: Ni con tres vidas que tuviera.

Para más información sobre esta obra (que está en cartel hasta el próximo día 14 de octubre), y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

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Diana Shoffstall

The Rider. Un poema en imágenes para crear un conmovedor retrato

Brady Blackburn, su padre Tim y su hermana Lilly, sus amigos y vecinos, son los protagonistas del segundo largometraje de la joven directora, guionista y productora china-norteamericana, Chloé Zhao, de 36 años. En realidad, la familia Blackburn son Brady, Tim y Lilly Jandreau y esta bella película se nutre de sus propias vidas en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en Dakota del Sur. Espacios abiertos, limpios, prácticamente despoblados en los que sus residentes -muchos de ellos pertenecientes a las tribus nativas de esas tierras- perpetúan costumbres y un modus vivendi en peligro de extinción.

Resultado de imagen de cartel de The Rider película Chloé ZhaoBrady, una estrella naciente en el circuito de los rodeos, sufre un grave accidente, cayendo del caballo y recibiendo un pisotón del animal. Su lesión cerebral, aunque no incapacitante, le impedirá retornar a los rodeos y a montar a caballo y este joven sensible deberá adaptar su vida a su nueva situación. Deberá encontrar razones para seguir viviendo con la pérdida de lo único que ha conocido hasta el momento y que lleva en lo más hondo de su ser.

El primer largometraje de Chloé Zhao (Songs my brother taught me, 2015) fue filmado en la reserva de la tribu Lakota-Sioux de Pine Ridge en Dakota del Sur y en los parajes aledaños. Fue entonces cuando Zhao conoció a Brady Jandreau, antes de su accidente. Le atrajo a Zhao esa vida de los hombres y mujeres, familias enteras, que giraba en torno a los caballos, en los ranchos y en los rodeos. Brady y Chloé habían hecho buenas migas entonces y siguieron en contacto. El terrible accidente que sufrió Brady y su lucha por salir adelante impulsó a Zhao a proponer a Brady y a su familia que contasen sus vidas en una película que es medio ficción, medio realidad. Distintas fuentes dan distintos porcentajes (80%-30%, 50%-50, 60%-40%). Da igual en última instancia. Porque los personajes representados en The Rider habitan esos parajes (su apellido puede ser Jandreau como cualquier otro) y lo que les acontece en esta película sucede a esas personas de carne y hueso, les marca la vida, les define el futuro. The Rider es una gran película, auténtica como pocas. Chloé Zhao ha mimado a sus actores debutantes, dejándoles hablar y hacer, como solamente ellos pueden saber. No solamente los Jandreau se inician como intérpretes, -de si mismo- , en esta película; también lo hacen Cat Clifford, Lane Scott y Tanner Langdeau. -amigos de Brady- , y Terry Dawn Pourier – que ahora es la esposa de Brady Jandreau. En el guión de Zhao, los diálogos mimetizan perfectamente el hablar de las gentes de los pueblos de las llanuras; son escuetos, directos, sin complicaciones. No sobran palabras, pero cada palabra, cada frase, -al igual que los silencios- es un eslabón más en nuestro viaje de descubrimiento y de admiración de estas gentes y su entorno.

La película es un pelín larga. Zhao es una enamorada de los paisajes de esta región tosca y amplia y a veces se detiene un poco demasiado en ellos. Es el único “pero” que esta espectadora encuentra a este conmovedor retrato. La crítica es prácticamente unánime al respecto y su paso por Cannes, Valladolid, Toronto, Sundance y otros la revalidan.

The Rider la podemos ver actualmente en los cines de España. No dejen de ir.

Diana Shoffstall