Odios sordos. Una genial mirada al pasado y presente. ¿Y qué nos deparará el futuro?

Melanía Sebastián y Fermín Cabal son los responsables de esta comedia inteligente que ironiza sobre la posibilidad de que el cadáver enterrado en el Valle de los Caídos no sea el de Francisco Franco. Cabal (León, 1948) no solo es dramaturgo, guionista de cine y televisión y director de cine y teatro, sino también docente, y la joven Melanía Sebastián fue una de sus alumnas aventajadas. Melanía ideó y escribió el texto que Fermín ha llevado al escenario de Teatros Luchana en Madrid.

Resultado de imagen de imágenes de odios sordosEntre escena y escena, Odios sordos utiliza con suma eficacia grabaciones audiovisuales históricas. A través de secuencias del NO-DO (Noticiarios y Documentales) en blanco y negro (que antaño se proyectaban en los cines antes de los pases de las películas) aparece ante nuestros ojos Carlos Arias Navarro anunciando a la nación que el Generalísimo ha muerto o, en el mismo momento de depositar el féretro en la sepultura,  tres altos cargos (el Jefe de la Casa Militar del Generalísimo, su segundo Jefe y el responsable de la Casa Civil) que juran solemnemente que el cuerpo que contiene la caja es el de Francisco Franco Bahamonde. Las secuencias en color, tomadas de los medios de comunicación modernos, son del actual Presidente, Pedro Sánchez, y otras personas relevantes en el panorama político y social de hoy en día, y referentes a la polémica decisión del gobierno y sus consecuencias.

Si bien los audiovisuales son importantes en Odios sordos, no lo son menos los diálogos, hilarantes y agudos. Cada actor bien plantado en su papel. Gloria Villalba es Adela, la hermana rojilla, dispuesta a todo por no traicionar a sus convicciones y creencias. No puede ver a su cuñada Marga ni en pintura. Isabel Torrevejano, como Marga, es ambiciosa y avariciosa, inescrupulosa. Adela le saca de quicio. Pruden, interpretado por  Chema de Miguel, está en el medio. Quiere a su hermana, comparte la historia familiar, pero es débil frente a su mujer dominante.

Claramente, esta obra, Odios sordos, la entenderán de un modo las personas jóvenes nacidas a partir de la democracia mientras que las personas de más edad, como yo misma, que vivimos el día a día del fin de la dictadura, la muerte de Franco y la transición, la apreciaremos a través del prisma de nuestra experiencia. Quizás las reacciones de unos y de otros no coincidan en todos los momentos de la obra. Pero no debería haber divergencias con respecto de al menos un punto: la recuperación de los restos de los desaparecidos -fusilados muchos de ellos- en la Guerra Civil española. De esto también nos recuerda -en una escena conmovedora- Odios sordos.

Odios sordos es una obra que podría re-escribirse mañana o pasado. Aún no hemos llegado a la final de la historia, un cruce entre la crónica de los hechos y la ficción de lo que podría ser. Estén atentos. El último capítulo nos espera.

Consulten todos los detalles de la variada programación de Teatros Luchana (Twitter: @Teatros Luchana), sus horarios y precios en la página web:

https://teatrosluchana.es/

Diana Shoffstall

 

Colette. Un espíritu indomable, una fémina adelantada a su tiempo

Fascinante, apasionante, sugerente, … Éstas y otras muchas palabras referidas a la recién estrenada película de Wash Westmoreland las podríamos utilizar para tentar al público a su visualización. Las mismas palabras que podríamos emplear para describir a Sidonie-Gabrielle Colette. Y otras como provocadora, revolucionaria, atrevida, … La figura de Colette constituye una materia prima de calidad superior. Y Westmoreland no ha desaprovechado su fuente de inspiración.

ColetteSidonie-Gabrielle Colette, a quien el mundo entero finalmente conocería simplemente como Colette, nació en un pueblo de la región francesa de Borgoña en el año 1873. Era amante de la naturaleza y de la vida en el campo. Henry Gauthier-Villars era 15 años mayor que Colette. Con el nom-de-plume de Willy, era un popular escritor fin-de-siècle de artículos y críticas musicales y teatrales y un vividor que frecuentaba la alta sociedad parisiense. El casamiento de Colette y Willy en el año 1893 produjo un cambio radical en la vida de la joven Sidonie-Gabrielle. La película se centra en los subsecuentes años de convivencia de Colette y Willy (llegó la separación en el año 1906), siguiendo los pasos de la joven y relatando su transformación en una mujer hecha y derecha. Una mujer que tuvo que remar contra corriente, derribar paredes y abrir puertas, que en aquella época estaban cerradas a las féminas, para liberarse y encontrar su voz y su identidad.

Un espléndido guión, co-escrito por Westmoreland, Richard Glatzer y Rebecca Lenkiewicz. Glatzer era colaborador de Westmoreland en lo profesional y en lo privado. Juntos escribieron y dirigieron Still Alice (2014), entre otros films, y se habían unido en matrimonio. Colette era su próximo proyecto, pero Glatzer no pudo ver su culminación (falleció en el año 2015). La fotografía de Giles Nuttgens, preciosa, y la música, de Thomas Adès, evocativa.

Y a estos aciertos de guión, dirección, fotografía y música (el equipo técnico en su conjunto es superlativo) hemos de añadir unas magníficas interpretaciones por parte de los actores. Los secundarios todos bien, por citar solo uno, Fiona Shaw, en el papel de Sido, la madre de Collete. En cuanto a los protagonistas, Keira Knightley -muchos espectadores la conocerán por la saga de los Piratas del Caribe, otros por su reconocida intervención en Pride & Prejudice, The Imitation GameAtonement– exprime con brillantez todas las facetas del carácter de Colette: su inteligencia, su curiosidad, y tanto su sensualidad como su sexualidad, …

Imagen relacionadaResultado de imagen de imágen de colette con mathilde de mornyDominic West (ha tenido mucho éxito en la televisión – The WireThe Affair– pero también le hemos visto en el largometraje The Square) es ideal en el papel de Willy, el marido libertino y déspota, el primer gran amor de Colette. Él encarna un espécimen prevalente en la sociedad parisiense antes de la Gran Guerra, la denominada Belle Époque. Willy, inconscientemente, tuvo mucho que ver con la transformación de Colette. Una metamorfosis que conduciría a la ruptura de su relación. Y finalmente una mención muy especial para la actriz irlandesa Denise Gough. Ella es Missy (en realidad Mathilde de Mornay, Marquesa de Belboeuf), que se viste de hombre y ama a las mujeres. La actriz ha logrado lo que es en mi opinión un perfecto equilibrio entre lo morboso y lo delicado y bello de este personaje clave en la vida de Colette.

Colette murió en el año 1954. Había sido novelista, periodista, guionista, libretista, y artista de revistas y cabaré. Entre otras obras suyas, la aclamada novela  Gigi fue llevada al cine por Vincente Minnelli con abrumante éxito en el año 1958. Colette se casó tres veces y tuvo una hija. Sus amantes eran mujeres y hombres e incluso chicos adolescentes. Su vida bien merece una película. Y quizás también las vidas de Willy y de Missy. Dicen que cuando murió Willy en el año 1931, tres mil personas siguieron a su ataúd al cementerio de Montparnasse. Missy era un hombre que había nacido mujer. Dada su condición de “noble”, no fue totalmente condenada al aislamiento, pero su vida terminó por su propia mano en el año 1944.

Colette, la persona, era un espíritu indomable y Colette, la película, lo celebra por todo lo alto. Vayan a verla.

Distribuida por DeAPlaneta, Colette llegó a las pantallas de España el 16 de noviembre.

Diana Shoffstall

El zoo de cristal. Una producción frágil que se ha roto

Tennessee Williams, el gran dramaturgo estadounidense (nació en 1911 y falleció en 1983 a punto de cumplir 72 años), fue el autor de obras tan inolvidables como Un tranvía llamado deseoLa gata sobre el tejado de zincDulce pájaro de juventud o La noche de la iguana. Manuel Galiana, un gran actor español y empresario de teatro (Premio Nacional de Teatro 1998 y Premio de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2014), ha cumplido 77 años, y su compañía de teatro Madrid Teatro ya tiene una andadura de casi tres lustros.

Resultado de imagen de imágenes de El Zoo de Cristal en estudio2En Teatro Estudio2-Manuel Galiana hemos podido disfrutar de buen teatro a lo largo de estos años. Sin embargo, El zoo de cristal (The Glass Menagerie) nos ha decepcionado. Dirigida por Óscar Olmeda, un veterano de la compañía (también forma parte del reparto), esta producción de El zoo de cristal está algo coja. La historia de una mujer sureña (Amanda Wingfield) abandonada por su marido hace años y que intenta recuperar la ilusión de vivir a través de la imposición de su voluntad a sus hijos -busca desesperadamente un pretendiente para su introvertida hija Laura (un pretendiente que sea abstemio, todo lo contrario del marido fugado) y presiona a su soñador y ambicioso hijo Tom para que se contente con su anodino, pero estable, trabajo- requiere de una cálida sensibilidad por parte de los actores. El papel de Amanda es fundamental a la obra. La actriz debería transmitir tanto fragilidad como obstinación, amor maternal y egoísmo a la vez. Ahora es coqueta, ahora es calculadora. Pero la interpretación de Amanda en esta producción es demasiado estridente. Falla la interpretación de la madre; la de los hijos (y de Jim O’Connor, el ansiado pretendiente) es discreta, pero aceptable.

Pero lo que para mi ha sido totalmente inaceptable ha sido la selección de la música que acompaña a esta obra. Se trata de una historia que tiene lugar en el sur de los Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado, y el público está obligado a escuchar a Amy Winehouse, entre otros, cada cual más disparatado y nada apto para El zoo de cristal.

Dicho esto, el texto de Tennessee Williams puede con todo; con maestría evoca una época decadente y retrata una familia rota. Williams nació en el sur de los Estados Unidos y -según dicen- se inspiró en su propia hermana para crear el personaje de Laura. Y no hay objección alguna a la escenografía. La larga e íntima escena entre Laura y el supuesto pretendiente Jim O’Connor, al frente del escenario junto a un candelabro, está muy lograda. Es una bella escena que ha quedado empañada por la repetición de algunos vocablos en los diálogos. Una pena.

Que el amante del buen teatro no se apure. Teatro Estudio2 tiene mucho que ofrecernos, incluyendo al mismísimo Manuel Galiana sobre el escenario en algunas ocasiones. La programación completa de Teatro Estudio2-Manuel Galiana la encontramos en la página web del teatro:

http://www.estudio2-manuelgaliana.com/#/

Diana Shoffstall

Infiltrado en el KKKlan. Un siglo de historia y una historia aún sin fin encapsulados en 135 minutos

En BlackKkKlansman, Spike Lee (Atlanta, Georgia 1957) ha trazado un camino para lograr su objetivo pero no es el camino más corto. Con una calma deliberación y gran astucia, zigzaguea entre la comedia y el drama, entre el pasado y el presente, entre una mirada soslayada e incrédula y un tiro al blanco, acertado y feroz.

Resultado de imagen de imágenes de Infiltrado en el KKklanEl film está basado en Black Klansman, el libro autobiográfico de Ron Stallworth, el primer policía afroamericano admitido al departamento de policía de Colorado Springs, Colorado (USA). Estamos en los primeros y convulsivos años 70. Black Power y el Ku Klux Klanla guerra de Vietnam y el tándem de Richard Nixon y Spiro Agnew en la presidencia y vicepresidencia del país. El joven policía Ron Stallworth, después de tomar contacto con la Black Student Union de la universidad de Colorado en Colorado Springs y darse cuenta de su vehemente defensa de los derechos de los afroamericanos frente a aún sociedad todavía represora, está convencido de que la extrema derecha tomará represalias. En una operación de alto riesgo, Ron y un detective blanco, Flip Zimmerman, infiltran la “Organización”, el Ku Klux Klan. Ron es la voz que, por teléfono, persuade al Klan de sus credenciales e impresiona al mismísimo David Duke, uno de los líderes de los movimientos de supremacía de la raza blanca (que no incluía a los judíos, tan vilipendiados como los negros). Flip deberá personificar el engaño.

Durante al menos una hora y media, la película, que tiene una duración de 135 minutos, es puro entretenimiento. La chulería de Stallworth, su exagerado peinado afro (que distingue a la mayoría de los afroamericanos -mujeres y hombres- que aparecen en la peli), los diálogos entre Stallworth y sus compañeros del departamento que son de guasa pero con una gravedad subyacente, las retóricas que provienen tanto de los militantes afroamericanos como de los extremistas blancos. Todo ello para situarnos, para prepararnos para esas escenas posteriores, cuando la amenaza se hace realidad, cuando Spike Lee yuxtapone una conferencia sombría organizada por la Black Student Union, en la que un afroamericano anciano relata el linchamiento en el año 1916 del joven negro Jessie Washington, con una reunión distendida y bulliciosa del KKK, en la que gritan “America first” y se  tronchan de la risa viendo la película muda The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación, de D.W. Griffith del año 1915; película originalmente titulada The Clansman). Y llegamos al final. La operación policial ha sido un éxito, pero es sólo una batalla ganada y Spike Lee se asegura de que no lo olvidemos, proyectando imágenes recientes del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y sus cohortes, gritando “America first” y “Make America Great Again” y también de incidentes recientes de enfrentamientos entre la extrema derecha racista (David Duke, una vez más) y los defensores de la igualdad de las razas.

Lee eligió a John David Washington (hijo de Denzel Washington, un actor que ha aparecido en varias películas de Lee) para interpretar a Ron Stallworth. Adam Driver encarna a Flip Zimmerman. Ellos y los demás actores, bien en sus papeles. Los mejores: Alec Baldwin, en un cameo al principio de la película como un supremacista blanco escupiendo una diatriba contra los afroamericanos y los judíos; Corey Hawkins, como el orador y líder afroamericano Stokely Carmichael (cambió su nombre a Kwame Ture), dando un discurso en la Black Student Union; y Harry Belafonte, el memorable cantante, actor y activista de 91 años, rememorando a Jessie Washington.

Pero en Infiltrado en el KKKlan lo realmente importante, sin quitar mérito a los demás aspectos de la película, es el mensaje de un Spike Lee, siempre fiel a su gente y a sus principios. La lucha sigue, señores. Power to the people.

Ganadora del Grand Prix 2018 en Cannes, Infiltrado en el KKKlan la podemos ver en la actualidad en los cines de España, de la mano de la distribuidora Universal Pictures España.

Diana Shoffstall