El hoyo. La barbarie de que somos capaces todos si no reflexionamos sin mayores dilaciones en el futuro que nos espera

Esta espectadora, no siendo fan del género de ciencia ficción, no puede sino aplaudir esta película de Galder Gaztelu-Urrutia, su primer largometraje que, desde su presentación en sociedad, está recibiendo kudos tanto de la crítica como del público, llenando las salas de proyección. (Véase: Premio del Público, sección Locura de Medianoche en el Toronto International Film Festival; Premios Mejor Película, Dirección Novel y del Público en el Festival de Sitges).

Estamos en el presente -la comida es la misma que comemos nosotros, las personas se visten como nosotros, sus experiencias  -vividas tanto por error como con acierto- no difieren de las nuestras, pero no es nuestro mundo. La “Asociación” rige los destinos de las personas y es la máxima ley en un centro de reclusión. Un centro de reclusión que es la alternativa a la cárcel para algunos -los que han cometido delitos- y una terapia, para dejar de fumar por ejemplo, en el caso de otros que entran voluntariamente en el centro. Una torre gigante y hermética cuya luz y temperatura son controladas por la “Asociación”, dos personas por nivel y una especie de montacargas que se origina en el nivel 0 y que todos los días está repleto de comida exquisita preparada con esmero por el cohorte de cocineros y ayudantes. Un banquete de exquisiteces que irá bajando, nivel a nivel, y parando solo unos pocos minutos para que coman los ocupantes de cada nivel. ¿Pero es lo mismo estar en el nivel 6, como en el nivel 48, o  -dios quiera que no- en el nivel 172? ¿Podrán comer todos? ¿Podrán sobrevivir todos?

Nuestro protagonista Goreng (Iván Massagué) quería dejar de fumar y en el centro no se puede fumar. Aceptó una “terapia” de 6 meses. A su compañero de nivel (por no decir de celda), el viejo Trimagasi (Zorión Egileor), le faltan solamente un par de meses para cumplir su condena, porqué en su caso sí que es una condena por un delito cometido. Empiezan a transcurrir los días, que pronto son semanas y después meses, y Goreng se verá arrastrado a un infierno de barbarismo a su alrededor que resiste con todas sus fuerzas al principio y que después utilizará él mismo, impulsado por la mínima posibilidad de cambiar el futuro. Luchará hasta el fin, sin que por ello, y a pesar de que se vislumbra un atisbo de esperanza de que pueda haber un futuro mejor en el que la “Asociación” haya perdido el poder y las personas hayan retomado las riendas de sus destinos, la desolación del espectador -o al menos de esta espectadora- es abrumadora cuando los 94 minutos de la película han llegado a su término.

El hoyo (The Platform, título de la película en inglés, que se refiere al montacargas que significa vivir un día más o morir) es una distopía en toda regla (“una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, según el Diccionario de la Real Academia Española). La visión de Galder Gaztelu-Urrutia y de los guionistas David Desola y Pedro Rivera no es bonita. Es despiadada e implacable. No es nuestro mundo actual, no, pero nuestro mundo está sufriendo. Hay sobrepoblación -o casi- y los recursos para sostener a tanta gente disminuyen y se destruyen. ¿Y si el futuro es ese? Matar o morir. La supervivencia de uno mismo sobre todo y que los demás se vayan al infierno. Yo no lo veré -y deseo con todo mi ser que nadie llegue a verlo- pero El hoyo nos obliga a contemplar ese otro mundo y preguntarnos “Qué haría yo?”.

Antes de terminar, mi enhorabuena a Aránzazu Calleja por la música que nos acompaña a lo largo de la película, un Boom! Boom! de fondo que rima con el Doom! Doom! que reverberaba en mi interior (doom es muerte, perdición y destrucción en castellano). Una enhorabuena que extiendo a todo el equipo técnico y artístico detrás de esta película que yo no tenía mucho interés en ver y que me alegro de haber visto.

El hoyo se está exhibiendo en las salas de España desde el pasado día 8 de noviembre de 2019.

Diana Shoffstall

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