Parque Lezama. Un enorme talento desplegado en un pedacito de un parque en un rinconcito de Buenos Aires trasladado a Madrid

Dos ancianos sentados en un banco de un parque urbano conversan, se reprochan, discuten, acuerdan una tregua. Y así una y otra vez, cimentando una amistad y compartiendo las horas del día y sus vidas con los espectadores que abren sus corazones a estos entrañables personajes.

Herb Gardner (1934-2003), aparte de ser durante unos años el marido de la actriz y cantante Rita Gardner, era un cotizado y afamado guionista y dramaturgo neoyorquino. Su obra de teatro I’m Not Rappaport, sobre dos ancianos sentados en un banco en el conocidísimo Central Park de la metrópoli que le vio nacer, llegó a Broadway en el año 1985 y fue aclamada tanto por el público como por la crítica (tres premios Tony, incluyendo el premio a la mejor obra).

El no menos cotizado y afamado guionista y director de cine y de teatro, Juan José Campanella, nacido en Buenos Aires en 1959 y conocido sobre todo por sus películas, tales como El hijo de la novia  (2001), El secreto de sus ojos (2010 y ganadora de un Óscar y un Goya, como mejor película de habla no inglesa y mejor película iberoamericana), o la más reciente El cuento de las comadrejas de este mismo año, adaptó la obra de Gardner y la estrenó en el Teatro Liceo de Buenos Aires en 2013 con el título Parque Lezama (un parque emblemático de Buenos Aires) y con dos grandes actores argentinos como lo son Luis Brandoni y Eduardo Blanco en los papeles protagonistas. La obra arrasó en Argentina y lo está haciendo también en Madrid.

Parque Lezama/I’m Not Rapapport es una comedia, desde luego. Los diálogos son realmente hilarantes. Por un lado tenemos a León Schwarz (Luis Brandoni), que se resiste a conformarse con su realidad. Es un cuentista simpático que no duda enredar a los de su entorno en sus historias inventadas. Su compañero de banco es Antonio Cardoso (Eduardo Blanco), algo cascarrabias, que prefiere no salirse de la zona de confort de su cotidianidad. Pero la obra es mucho más que una comedia. Retrata a dos personas cuyos caracteres son opuestos y sin embargo comparten la vejez y su invisibilidad en la sociedad actual. Son presionados por los más jóvenes que les tratan como niños y se creen con el derecho de tomar decisiones por ellos. Están expuestos a la violencia y peligros de la ciudad. Aún así, son sobrevivientes llenos de experiencia y sabiduría y seguirán sobre su banco del parque haciéndose -y haciéndonos- compañía.

¿Qué decir del veteranísimo Luis Brandoni (79 años de edad) y el “joven” Eduardo Blanco (solamente tiene 61 años)? Pues simplemente que son dos actores excelsos. Ambos han trabajado con Campanella en el cine y es posible que Campanella versionó la obra original para el público de lengua española (no me atrevo decir lengua castellana ya que es un español “argentino” de lo más lindo y contagioso) pensando en ellos. Siendo como fuere, son magníficos los dos. Muy llamativas la “transformación” de Eduardo Blanco en el encorvado y cegato Antonio Cardoso y la agilidad física de Luis Brandoni en el papel de León Schwarz. Ambos secundados por otros cinco actores que completan el elenco sobre un escenario que evoca un rincón de un bonito parque a la perfección.

La ovación del público en pie lo dice todo. Aprovechen estos días del final del año 2019 y el comienzo del año 2020 para ver Parque Lezama. No se arrepentirán.

Parque Lezama estará sobre el escenario del Teatro Fígaro de Madrid hasta el 12 de enero de 2020. Para más información sobre las funciones de esta obra y la demás programación del Teatro Fígaro (Twitter: @clubsmedia), consulten la página web:  https://gruposmedia.com/teatro-figaro/

Diana Shoffstall

La odisea de los giles. Un drama real contado en clave de humor.

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, gilí (con tilde) significa “tonto, lelo” en el lenguaje coloquial de España. Y una definición casi idéntica tiene la palabra gil o giles en la jerga de Argentina; significa “tonto, poco astuto”.

Y de esa manera, hablando de personas que suponemos algo tontas o poco astutas, llegamos a La odisea de los giles, la última película del argentino Sebastián Borensztein (Un cuento chino, 2011; Capìtán Kóblic, 2016) protagonizada por Luis Brandoni y Ricardo Darín, entre otros, incluyendo a Chino Darín, hijo de Ricardo. Basada en la novela La noche de la Usina (premio Alfaguara 2016) de Eduardo Sacheri, La odisea de los giles sigue los pasos de un grupo de vecinos afectados por el llamado “corralito” financiero., de triste recuerdo para muchos argentinos, decretado por el gobierno de la nación en el año 2001 y que restringía la libre disposición de dinero en efectivo para evitar la salida en masa del país de depósitos bancarios.

Cartel Cartel final 'La odisea de los Giles' de 'La Odisea de los Giles'Nuestros vecinos de una población de la provincia de Buenos Aires habían aportado sus ahorros para poner en marcha una cooperativa agrícola para dar una nueva vida a su comunidad y crear empleo, y esos ahorros, como era lógico, se habían depositado en el banco. La incredulidad, estupor y frustración de nuestros protagonistas ante el decretazo pronto se tornan en ira cuando averiguan que el banquero y un abogado local, conocedores de la inminencia del decreto, se habían confabulado para estafarles y sustraer sus ahorros. Quizás el banquero y el abogado creyesen que nuestros vecinos eran solamente unos giles provinciales. Se equivocaron. Nuestros giles urden un plan ingenioso para recuperar su dinero.

La odisea de los giles es una película simpática porque nuestros protagonistas, a pesar de su falta de experiencia y su ingenuidad, logran su objetivo. La película está realizada en clave de humor para que el espectador lo pase bien y anime a los vecinos damnificados y aplaude sus acciones. Sin embargo, el “corralito” y sus consecuencias fueron muy graves para una gran parte de la población argentina, especialmente la clase media. La medida fue seguida de marchas y manifestaciones y finalmente de huelga general, disturbios y el estado de sitio. Varias decenas de personas murieron durante la revuelta en los días previos a la Navidad del año 2001.

Realmente de esto no hace tanto, apenas una generación, y sin duda para muchos argentinos el recuerdo del “corralito” es muy amargo. La odisea de los giles deja poco margen para la amargura, únicamente un atisbo de tristeza. Es una oda a la resiliencia de los ciudadanos de un país que, casi 20 años después, aún padecen una importante inestabilidad política y económica.

La odisea de los giles llegó a las pantallas de España el pasado día 29 de noviembre.

Diana Shoffstall