Monos. Una estremecedora zambullida en un mar de depravación que engulle la inocencia

Tremenda, tremebunda, truculenta, … Y más adjetivos del mismo estilo podríamos utilizar para describir esta película apocalíptica, violenta y sobrecogedora.

Hasta el título elegido por el colombiano/ecuatoriano Alejandro Landes en este su tercer largometraje es revelador: Monos, un primate que no es humano pero que comparte ancestros comunes con los humanos. Los monos son los ocho jóvenes guerrilleros, seis chicos y dos chicas -adolescentes todos ellos – cuyos noms de guerre son también descriptivos: Rambo, Lobo, Leidi, Sueca, Pitufo, Perro, Boom Boom, Patagrande, … Custodian una rehén, una americana, y están solos con excepción de la visita esporádica de un guerrillero adulto bajito pero forzudo, el “mensajero”, parco de palabras pero intimidor. Un hombrecillo al que otros han lavado el cerebro y cuya misión ahora es lavar el cerebro a sus jóvenes acólitos. Pero los aprendices a veces superan a los maestros. La película comienza con los ocho jugando a fútbol con los ojos tapados en su campamento de verano en la cima de una montaña. Un juego algo arriesgado pero un juego de niños al fin y al cabo. Y la película termina con el grupo roto, huidos y escondidos en la jungla. Ya no es un juego sino una lucha salvaje y despiadado por el poder. Los chicos -casi todos ellos- ahora son todo menos que humanos.

La primera película de Landes, Cocolero (2007), fue un documental sobre los cultivadores de coca en los tiempos de la elección de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. En Porfirio (2011), Landes, basándose en hechos reales, contó la vida de un colombiano y su lucha por sobrevivir. En Monos, Landes se inspira en las guerrillas reales que existen o subsisten en varios países sudamericanos y sus secuestros y niños-soldados. Pero también sus fuentes son literarias. Recordaremos con escalofríos El señor de las moscas, la novela de William Golding de 1954; la cabeza sangrante de un cerdo es una referencia explícita a la citada obra. Asimismo Monos nos hace rememorar la película de Coppola de 1979 Apocalypse Now cuya fuente directa es la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, que nos remonta al año 1899.

O sea, la premisa de Monos quizás no sea original, pero ello no nos importa. La película es impactante, asfixiante, durísima. La banda sonora (a cargo de Mica Levi) es poderosa e insinuante. El guión (de Landes junto con Alexis Dos Santos) retuerce por aquí y por allá en el lenguaje del submundo que habitan los monos.

Y sobretodo los actores hacen una grandísima labor. Con la excepción de Moisés Arias (Patagrande) que es un actor experimentado, los demás monos son actores debutantes en esta película. Y de todos ellos hemos de dar un sobresaliente a la joven gender-fluid Sofía Buenaventura (en el papel del chico Rambo). Tanto su presencia y su interpretación como la de Moisés Arias hacen que esta película -no recomendada para menores de 16 años- se nos quede en la retina durante mucho, mucho tiempo.

Monos se estrenó en las salas de cine de España el 21 de febrero de 2020 y apenas la encontramos en alguna sala a fecha de hoy. Una pena.

Diana Shoffstall