Miss Kiet’s Children. Creer y querer para construir el futuro

Petra Lataster-Czisch nació en Dessau, una ciudad de la antaña República Democrática Alemana (o Alemania del Este). Peter Lataster es holandés, nacido en Ámsterdam.  Después de que Petra se afincara en los Países Bajos en 1981, los caminos de Petra y Peter se cruzaron, y desde 1989 están juntos en lo personal y lo profesional. Su obra documental, de gran calidad y largamente premiada y reconocida, es del tipo marcadamente social.

Resultado de imagen de imágenes miss kiet's childrenMiss Kiet’s Children nos acerca a los niños emigrantes y refugiados que, llegados a Holanda, deberán integrarse en una sociedad y cultura ajenas a ellos. Un idioma nuevo, hábitos y costumbres diferentes y, en demasiadas ocasiones, recuerdos de un pasado reciente lleno de bombas y muertos y miedo, mucho miedo. Con paciencia, constancia, ecuanimidad y empatía, la maestra Kiet Engels guía a los niños, les arropa y alenta, les defiende y regaña, les reta y les premia.

A lo largo de un año escolar Petra Lataster-Czisch y Peter Lataster asistieron a la clase de Miss Kiet en este colegio de un pueblo holandés; acabaron con unas 200 horas de material filmado que redujeron a las casi dos horas que dura este documental. Es un testimonio sin añadiduras; no hay entrevistas ni voces en off. El espectador observa a maestra y alumnos; celebramos los momentos de superación y nos encogemos ante la angustia en la mirada de los niños. Contenemos la respiración cuando los niños se pelean o se rebelan. Nos alegramos con cada paso en firme que dan, sin retroceso. Y, como no puede ser de otra manera, a Kiet Engels y los niños (Haya, Leanne, Jorj, Branche, …) les llegamos a querer. Nos han mostrado que hay esperanza. Imagen relacionada

Las obras más recientes de Petra y Peter han tocado temas que repercuten en el tejido social. Awake in a bad dream (2013) aborda la cuestión del cáncer de mama y cómo las mujeres -y sus parejas- afrontan su presente y futuro. Jerome Jerome (2011) es una crónica de la vida de un adolescente autista y de su familia y entorno. Not without you (2010) se centra en un matrimonio de ancianos, de salud frágil, que deberán aprender a vivir uno de ellos ante la pérdida del otro. If we knew (2007) sigue los pasos de los equipos de pediatría en la unidad de cuidados intensivos de los neonatos.

La pareja de realizadores, en el coloquio que seguía a la proyección de Miss Kiet’s Children, confesaba su admiración y respeto por la labor de los maestros, de todos los maestros, pero particularmente de los maestros que han de ejercer su labor en un aula o en el patio de recreo poblado de niños tan diversos. Dedicación plena. Vocación inestimable. Llegaron a entrevistar a varios maestros que habían sido recomendados; Kiet Engels fue la elegida y representa a muchos otros de una profesión que no siempre recibe el reconocimiento ni el salario que merecen.

De hecho, nos contaron que actualmente los maestros de Holanda están en huelga, reivindicando una mayor retribución y apoyos adicionales a las escuelas. Una noticia que se repite en demasiados países con demasiada frecuencia. Apoyemos a los maestros, apoyemos a las escuela, apoyemos a los niños. Son nuestro futuro.

Miss Kiet’s Children la podemos ver en Cineteca (Twitter: @CinetecaMadrid) esta semana. Para toda la información sobre horarios de este documental y sobre la demás programación, consultad la página web:

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Diana Shoffstall

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Els Karamazoff: The SoHo Years. Una avalancha de imágenes y palabras para el recuerdo

Juan Gamero y Carmen Rodríguez se han empleado a fondo. Ambos son los productores, guionistas y directores de Els Karamazoff. Juan Gamero es también el director de la fotografía y el responsable del montaje, mientras Carmen Rodríguez se ha encargado del sonido. Una proeza profesional no desdeñable . El resultado: Els Karamazoff  que está cosechando elogios allá por donde se haya exhibido.

Resultado de imagen de imágenes de els karamazoff¿Y quiénes son los “Karamazoff”, los protagonistas de esta película? Antoni Miralda, Mireia Sentís, Robert Llimós, Antoni Muntadas, Marta Sentís, Jaume Ollé, Evru (Zush), Xavier Medina-Campeny. Ocho catalanes, ocho creadores, ocho constructores de cultura que coincidieron en el tiempo (las décadas de los 60 y 70) en el SoHo de Nueva York, el otro protagonista omnipresente de este film. SoHo (“South of Houston Street”), un barrio de Nueva York que en sus inicios fue conocido como “los cien acres del infierno”. Imagínense. Aunque en los años 60 y 70 se había convertido el SoHo en la meca mundial de los impulsores de la experimentación artística, sus habitantes seguían compartiendo los lofts con las cucarachas mientras la basura invadía las calles.

Los “Karamazoff” (así llegaron ellos a autodenominarse, aunque bien pudieran haber elegido el nombre de los “Mosqueteros”, como nos comentaba Mireia Sentís en el coloquio que seguía a la proyección y que contaba también con la presencia de Juan Gamero y Carmen Rodríguez) llegaron escalonadamente y por diversos motivos a Nueva York. Uno dice que “huía” de Barcelona (el franquismo pesaba en los ánimos de todos ellos), otra que había ido para “ser ella misma”. Sea como fuere, se conocieron, compartieron viviendas y proyectos artísticos (y también parejas; uno de nuestros protagonistas apunta -casi con alivio- que aún no había hecho su aparición el SIDA). Conocieron a otros moradores de la ciudad de la Gran Manzana cuyos nombres estaban en boca de todos en los comienzos de la erupción creativa que envolvía ese barrio de Nueva York en aquellos momentos (Andy Warhol, Yoko Ono, Laurie Anderson, Charlotte Moorman o Jaime Davidovich, entre otros).

La sucesión de imágenes, en blanco y negro, en color, estáticos y en movimiento, casi todos originales de la época y cedidos por las personas que los grabaron, coetáneos o colaboradores de los Karamazoff, es una verdadera fiesta para los ojos del espectador.  Se intercalan esas imágenes (con voces en off) con las entrevistas con los Karamazoff en la actualidad y con otras personas afines a ellos. Algunos de ellos hablan en castellano, otros en inglés, pero la mayoría (como los Karamazoff) hablan en catalán. Tantas cosas se han dicho -y tan importantes- y yo, como espectadora que desconoce el catalán, sentía cierta frustración, porque estaba obligada a leer los subtítulos en castellano y sin duda me he perdido algún detalle de las imágenes. Hay tanto por ver y escuchar; el primer visionado de Els Karamazoff es solo un aperitivo. Habrá que verlo una segunda vez y también una tercera vez para poder apreciar en todas sus dimensiones lo que significaba el SoHo en aquel entonces para nuestros Karamazoff y su proceso creativo.

Creo que ha sido Mireia Sentís (¿o quizás fue Marta Sentís?) quien ha descrito el SoHo de entonces como un pueblo dentro de una ciudad. Y fue Marta (¿o quizás Mireia) quien dijo en otro momento que era como estar en un jardín de infancia. Que todo era un aprendizaje, un despertar al conocimiento y a la vida, una experimentación con el lenguaje creativo, … De todo ello hablan los ocho Karamazoff y nosotros escuchamos encantados.

¿Un posdata? Els Karamazoff no olvida a Bibi Estradas, la novena integrante del grupo, que murió poco antes del inicio de este proyecto.

¿Un pero? El título en inglés (“A walk on the SoHo years“), muy incómodo. “Walk on” se traduciría como “caminar sobre” o “pisar”. Mejor hubiera sido dejarlo simplemente en “the SoHo years“.

La Cineteca (Twitter: @CinetecaMadrid) ha programado varias sesiones de Els Karamazoff hasta finales del presente mes de mayo. Para toda la información sobre la programación, horarios y precios, consulten la página web:

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Diana Shoffstall

Tarrafal. Recordando lo bueno y lo malo de un pasado no recuperable

TARRAFALDespojados de sus viviendas, trasladados a otros barrios, los protagonistas de Tarrafal indagan en su memoria y excavan entre las ruinas para evocar un pasado que, aún estando plagado de penurias, privaciones y penas, es suyo. Son sus recuerdos, los únicos que tienen, y que siempre serán ligados al barrio de Tarrafal, en Oporto.

El nombre de este barrio era, en realidad, São João de Deus, pero debido a la conflictividad y pobreza de su población de gitanos, negros y blancos marginados que se hacinaban en chabolas y pisos baratos -tráfico y utilización de drogas, ajustes de cuentas, alcoholismo y malos tratos, desempleo y desesperación- se le conocía como Tarrafal, cuyo nombre tiene su origen en la planta taraje o taray (tarrafe en portugués) que proliferaba en el archipiélago de Cabo Verde y que a su vez dio nombre a un “campo de concentración” que la dictadura de Salazar había construido allí para el confinamiento y destierro de los “indeseables”. El centro de represión de Tarrafal de Cabo Verde desapareció con la revolución de los claveles del año 1974, pero el barrio de Oporto, tan antiguo como el campo de confinamiento de Cabo Verde, perduró en el tiempo hasta que las autoridades decidieron arrasarlo (allá por el año 2008).

Pedro Neves vive en Oporto y conocía algo sobre Tarrafal (un barrio donde mejor no pisar) y fue por casualidad que conocía a una de las personas que había vivido allí toda su vida hasta la desaparición del barrio. Así se engendró este film sobre la memoria y la nostalgia, mucha nostalgia.

Algunos residentes han vuelto -malviven algunos, otros sobreviven con una dignidad silenciosa-, otros pasean por las calles rotas y los edificios destruidos cuyos restos, cubiertos de una vegetación exuberante, son prácticamente invisibles. Pero ellos aún ven las casas, aún recuerdan. Un policía jubilado que durante años estaba destinado en Tarrafal, una mujer y sus hijos que excavan en busca de chatarra para vender, un negro con su pequeño huerto y sus gallinas, …

La película es muy sobria y con los relatos de sus otrora habitantes ahora se nos encoge el corazón ahora nos admiramos de su valentía y resiliencia. Frases que se me han quedado grabadas: “el estrés era un constante” (refiriéndose a la vida diaria en el barrio), hacía falta “que le limpiaran el alma [al barrio]”, las personas “éramos víctimas” (de los prejuicios y de la marginación), “sólo comíamos por la mañana y por la noche, pero comíamos bien”, … Y otros recuerdos: de la escuela, de las fiestas, de los caballos, de la solidaridad entre vecinos y familias, …

Quizás de todas las personas que escuchamos, me quedaría con un joven gitano que regresa “de visita” con su mujer y sus dos niñas. Reconoce que la vida era mala, muy mala, en Tarrafal, pero allí habían vivido sus abuelos, sus padres y sus tíos, él y sus hermanos. Allí es donde fue a la escuela, allí es donde tenía sus amigos. Era su hogar y sufrieron cuando derribaron sus casas y tuvieron que marcharse. Aún con toda la nostalgia del mundo por el pasado perdido, este joven mira adelante. Como él dice, sus abuelos querían que sus hijos tuvieran una vida mejor y sus padres querían lo mismo para él y sus hermanos. Le toca ahora a él hacer lo que esté en sus manos para que sus hijas tengan las oportunidades que a él le fueron negadas. Tarrafal, pasado está.

Tarrafal se exhibe dentro del ciclo Doc Portugués: fugas y variaciones. Hasta el próximo 7 de junio se proyectarán diversos films que reflejan la reciente producción documental más innovador del país luso. La última proyección de Tarrafal tendrá lugar el próximo miércoles 23 de mayo.

Y ya que estamos en la Cineteca, una mención cariñosa para la película documental La Grieta de Irene Yagüe y Alberto García que hace unos días se alzó con dos importantes premios en DocumentaMadrid 2018: el del mejor largometraje nacional y el del público. Tuvimos el placer de visionar este film el pasado 29 de octubre de 2017. También se está proyectando esta semana (hasta el jueves 24 de mayo) en la Cineteca.

https://stageandscreenole.wordpress.com/2017/10/29/la-grieta-el-quebrantamiento-del-tejido-social-y-familiar/

Consultad la página web de Cineteca (Twitter: @CinetecaMadrid) para todos los detalles de su programación, horarios y precios:

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Diana Shoffstall

Los Niños. Crecer con cadenas.

Los niñosMaite Alberdi quiere que nos fijemos en las personas con Síndrome de Down, quiere que las vemos de verdad -en tres dimensiones-, quiere que las tengamos en cuenta y que les admitimos en la sociedad de todos sin menoscabo de sus derechos. Con Los Niños la joven cineasta chilena de 35 años ha colocado las personas con Síndrome de Down en primera plana. En sus propias palabras, con sus propias acciones conocemos las esperanzas y decepciones, las reivindicaciones y logros, los avances y retrocesos de estas personas en su día a día.

Curiosamente el título en inglés elegido para este documental para su pase por las pantallas de diversos países es The Grown-Ups. Se podría traducir grown-up como “adulto”, pero literalmente significa “crecido”. De eso se trata Los Niños/The Grown-Ups: de personas “crecidas” con Síndrome de Down, pero cuyos derechos no son los de los adultos sino que los que corresponden a los niños, bajo la tutela de los padres u otros familiares o de las autoridades sociales. Anita, Andrés, Ricardo y Rita son algunas de las personas de más de 40 años que han sido compañeros prácticamente toda su vida. Desde niños han asistido al colegio especial donde los profesores y los educadores sociales se han esforzado para que sus alumnos aprendan: un aprendizaje que les permitirá -o no- integrarse en un mundo poblado de una enorme mayoría de personas sin Síndrome de Down.

Maite Alberdi ha dicho que en parte una tía suya la motivó para filmar Los Niños. No que la tía se lo hubiera propuesto claramente. La tía tenía Síndrome de Down y era una de esas personas “crecidas”, un colectivo cada vez más a tomar en cuenta debido al hecho de que hoy en día muchas personas con Síndrome de Down vivirán pasados los 60 años.

Entre los “niños” del film de Maite Alberdi está Ricardo. Sus compañeros le han elegido “presidente” de su grupo. Es una persona resuelta, ambiciosa, algo mandona y consciente de las limitaciones que le son impuestas. Vive con su familia y tiene dos trabajos. Trabaja en el taller de gastronomía del colegio donde preparan dulces para la venta, y también ayuda en un centro de mayores. La escena en la que vemos a Ricardo amorosamente prestando cuidados a los mayores es conmovedor. Pero dos trabajos no son suficientes. Los sueldos son míseros Así no podrá cumplirse el sueño de Ricardo, el sueño de vivir en su propia casa, el sueño de ser independiente.

Tampoco podrá cumplirse el sueño de Anita y Andrés. Se aman, se quieren casar, pero no tienen medios, la legislación pone trabas y la posibilidad de su unión no cuadra con los planes de sus respectivas familias. Maite Alberdi aborda con contundencia la cuestión de la plena integración. Sí, ciertamente es fácil ver a nuestros protagonistas como “niños grandes”. Como lo somos todos nosotros en realidad. Las riñas y quejas de Rita con sus compañeros son equivalentes a las situaciones que se dan diariamente en cualquier lugar de trabajo. Su alegría durante su fiesta de cumpleaños, rodeada de sus amigos, es la misma alegría que cualquiera de nosotros sentiríamos.Los niños

Se nos dijo antes de la proyección que Los Niños había colado en la conciencia de Chile y que a raíz de las discusiones e interés popular que seguía a su estreno, se lograron algunos cambios en la legislación laboral en beneficio de la integración de personas con Síndrome de Down. Bienvenidos los cambios. Brindemos por ello.

Vayan a ver Los Niños. Pero no vayan a verlo por sus muchos premios y reconocimientos (y los ha habido como, por ejemplo, Premio a la Mejor Dirección Femenina en el International Documentary Film Festival de Ámsterdam 2016, Premio Mejor Película Docs Barcelona 2017 o Mejor Documental Premios Platino 2018).

Vayan a ver Los Niños por Anita y por Andrés, por Ricardo y por Rita, y por sus otros compañeros. Vayan para compartir sus alegrías y sus tristezas. Vayan para conocerles y para asumir el reto de su futuro.

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Diana Shoffstall

Donkeyote. Caminar, cabalgar, cavilar … recorriendo mundo

DonkeyoteDonkeyote es un juego de palabras. Donkey, en inglés, significa burro. Y, pronunciando Donkeyote, nos aproximamos mucho a “donquijote”. Nuestro protagonista Manuel no es Don Quijote y su burro Gorrión no es Rocinante. Pero sí que es un bonito guiño a Cervantes y su universal Don Quijote de la Mancha.

Manuel, de 73 años, es andaluz. Jubilado, lo que más le gusta es pasear por el campo y los bosques, en llano o subiendo y bajando las colinas, con su fiel burro Gorrión y uno o más de sus perros. Muchas noches acampan al aire libre. Su hija Paquita y los médicos son vigilantes; Manuel se cuida y tiene buena figura, pero su corazón no es el que era y una de sus rodillas le da guerra. Cuando Manuel comienza a hablar de su deseo de viajar a América (los EE.UU.) para caminar, junto a Gorrión, el Sendero de las Lágrimas que hace referencia a la expulsión de los indios Cherokees y su traslado forzoso del este al oeste del país -1.500 kilómetros- en el año 1838), las alarmas se disparan.Resultado de imagen de poster de donkeyote

Para Chico Pereira (Almadén, Ciudad Real, 1979), el director de esta cinta, Donkeyote no es solamente un importante logro profesional -y lo es, desde luego-, sino también un proyecto algo más personal. En un coloquio que siguió a la proyección, Chico nos reveló que Manuel es su tío y padrino. Que después de bastantes años de alejamiento, Chico (junto a algunos primos -y coguionistas de Donkeyote- ) volvió al pueblo y, durante ese reencuentro con el pasado, se gestó la idea de retratar a su tío. Manuel es inteligente, algo excéntrico y muy seguro de si mismo. Sus andanzas, junto a sus acompañantes de cuatro patas, y sus pensamientos, compartidos en voz alta con sus fieles amigos de viaje, confirman la existencia de la genialidad y la singularidad.

Donkeyote está dejando huella, nunca mejor dicho cuando pensamos en las huellas que han ido dejando Manuel, Gorrión y la perra Zafrana en los senderos y carreteras del sur de España. Los reconocimientos se van acumulando desde el año pasado, entre otros: nominación como mejor largometraje BAFTA Escocia y premios como mejor largometraje documental Festival Internacional de Cine de Edimburgo , mejor película sección “Estampas” Festival Internacional de Cine Documental de México, mejor director español Festival Internacional Documenta Madrid, premio Luna mejor documental Festival l’Europe autor de l’Europe París, premio del Público Festival de Cine Española Málaga, …

Vayan con Manuel, con Gorrión y con Zafrana hasta la costa andaluza. Recorran los caminos y duerman al cielo raso con ellos . Escuchen a Manuel recitar versos de los poetas. Disfruten de los paisajes y de las palabras y compartan los sueños de nuestro querido Manuel.

Donkeyote llega ahora a la Cineteca (Matadero Madrid), con sesiones programadas para esta tarde y también para los días 21, 22, 24, 25, 26 y 27 de abril. Ojalá veamos este título en otras carteleras en el próximo futuro.

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Diana Shoffstall

Donna Haraway: Story Telling for Earthly Survival. El pensamiento acompañado y transformado en sonidos, colores e imágenes

Resultado de imagen de imágenes de Donna Haraway: storytelling for earthly survivalFabrizio Terranova (Italia, 1971) es cineasta, activista, dramaturgo y profesor en la École de Recherche Graphique de Bruselas. Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944) es profesora emérita distinguida de los departamentos de Historia de la Conciencia y Estudios Feministas en la Universidad de California (Santa Cruz) y autora de los libros El Manifiesto Cyborg (1985) o Ciencia, Cyborgs y Mujeres: La Reinvención de la Naturaleza (1995), entre otros. Esta mujer vitalista y provocativa es una gran pensadora y narradora centrada en el feminismo, el futuro del mundo, así como la relación entre especies y la relación de las especies con las máquinas. (Donna estudió zoología, filosofía y literatura en la Universidad de Colorado y se doctoró en biología en la Universidad de Yale).

¡Que apto es el apellido de Fabrizio Terranova! Terra nova, el mundo nuevo de Donna Haraway plasmado en este fascinante documental en el que el espectador ve a Donna sentada en su casa explayándose sobre su adolescencia católica y su familia alrededor de la mesa contando cuentos, sobre la importancia de las mujeres escritoras de ciencia ficción (un nombre: Joanna Russ) y la importancia de escuchar a las mujeres, sobre la imperante necesidad de cambiar el relato para salvar el planeta , sobre la afinidad de las especies y las críticas al capitalismo, … Para el espectador que no conoce la obra de Donna Haraway (yo misma y me aventuro decir que será el caso de la mayoría de los espectadores), sus palabras sorprenden, pero uno acaba convencido por la pasión y la lógica que las sustentan.

Estos soliloquios se alternan con vídeos, grabaciones y dibujos y también secuencias que captan el entorno natural, dando al documental un aire lúdico y familiar, a menudo aderezado con música estimulante cuando no envuelto en un silencio calmante.

Acabada la proyección del documental, tuve el privilegio de asistir al coloquio posterior con Fabrizio Terranova. Nos contó que el documental se gestó largamente entre él y Donna Haraway. Es el bellísimo lenguaje de sonidos, colores e imágenes de Fabrizio que nos transportan más allá de las meras palabras de Donna. Para él el pensamiento de Donna rompe con las tendencias actuales – el mundo ha dado un giro a la derecha- ; es una inyección de aire fresco.

Una colaboración exquisita la de Fabrizio Terranova y Donna Hathaway. Si pueden, vayan a ver este mágico y cautivador film. Conozcan a las personas y otros seres vivos que importan o han importado mucho a Donna (sus maridos, amantes y amigos; su fiel acompañante canino Cayenne o el gorila Koko). Disfruten escuchando a los Gypsy Kings y su canción No Volveré. Rían con el vídeo de Cows with Guns. Sueñen con las medusas. Y presten atención al cuento final contado por Donna y a los créditos finales de Fabrizio; se sorprenderán.

Donna Haraway: Story Telling for Earthly Survival está programado aún hoy por la tarde en la Cineteca. Este documental merece un recorrido más largo por las pantallas de España. Esperamos poder verlo en las carteleras en el próximo futuro.

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Diana Shoffstall

Muchos hijos, un mono y un castillo. La incombustible Dña. Julita

Entrañable, tierna, sentimental, afectuosa y rebosante de autenticidad pero también un poco triste esta película documental de Gustavo Salmerón que se alzó con el premio Goya en esa categoría hace unos días. (El segundo Goya para Gustavo; ganó el premio Goya en el año 2002 por su cortometraje Desaliñada).

Resultado de imagen de cartel muchos hijos, un mono y un castilloY es que Julita Salmerón, de 82 años, la madre de Gustavo, es única. Durante años Gustavo grababa vídeos de la vida familiar para el disfrute de sus padres y sus hermanos. Pero fue hace 14 años cuando decidió realizar una película documental con su madre como alta mater, nunca mejor dicho. Cuatrocientas horas grabadas para producir una cinta que dura 90 minutos. ¡Una gozada los 90 minutos! Y cuantas escenas y anécdotas magníficas se habrán desechado.

Sobre todo Julita rebosa una vitalidad enorme. Entre grabación y grabación de Gustavo, se intercalan home movies de la familia, cuando los niños eran pequeños y adolescentes, y fotografías sacadas de los álbumes familiares. Y allí está Julita, sonriente, como una gallina con sus pollitos, feliz y orgullosa. Julita y Antonio García se enamoraron (y siguen enamorados; Antonio es una presencia omnipresente en la película aunque no siempre en primera plana) y tuvieron 6 hijos. El primer deseo de Julita se había cumplido: tener muchos hijos. Julita también siempre había deseado tener un mono (¿porqué no?) y ese sueño asimismo se cumplió (aunque finalmente hubo que regalar a Óscar porque era bastante agresivo). ¿Y el tercer deseo? Sería algo más difícil para una familia numerosa de clase media (Antonio era ingeniero industrial y propietario de una fábrica) comprar un castillo, pero una herencia inesperada pudo hacer realidad ese tercer deseo de Julita de vivir en un castillo.

Un castillo con hijos, nietos, animales y jardines. Y todo lo que debe tener un castillo (armaduras, grandes cuadros y retratos familiares, pesados muebles, vajillas para todos los gustos, …) más todo lo que rodeaba a Julita. Y es que Julita guardaba (¿guarda?) todo -incluso las cosas más inverosímiles-, porque todos esos objetos, prendas y cachivaches significan algo para ella. Cuando Julita menciona que había guardado unas vértebras que había sido de su abuela (la abuela era una de las víctimas sin sentido de la Guerra Civil española), Gustavo se empeña en que las encuentran para darles sepultura. La familia entera recorre el castillo, abriendo armarios y cajones, y con cada descubrimiento conocemos un poco más a Dña. Julita quien, con un desparpajo y naturalidad refrescante, se nos muestra con todas sus idiosincrasias y sin complejo alguno. Le encanta la Navidad; ergo, un gran Belén se monta sobre una mesa en el jardín y allí permanece. Julita se encarga de refrescar las figuras en los meses más calurosos con la manguera. Había pensado en ser monja cuando era joven, antes de casarse; ergo, Julita se vestirá de monja cuando muere e insta a la familia a hacer un simulacro para que todo vaya sobre ruedas en su momento.

Con cada nuevo descubrimiento, con cada reflexión ingeniosa (y totalmente sin artificio) de Julita, el espectador se va encariñando más y más con ella. La pérdida del castillo (la crisis y las deudas pudieron con la familia) nos entristece a nosotros y a Julita (y mucho también a Antonio a quién se ve en algún momento realmente desalentado). Ya no hay castillo, ya no hay mono, pero …

Queda la famiia: Julita, la matriarca; Antonio, el patriarca; sus hijos y sus nietos. Y quedan los recuerdos y las fotografías y esta maravillosa película de un hijo que honra a su querida madre.

Muchos hijos, un mono y un castillo está exhibiéndose en los cines de España en la actualidad. Lleva ya unas cuantas semanas en la cartelera. Si no la han visto ya, no la pierdan.

Diana Shoffstall

¡Lumière! Comienza la aventura. Gozosa aventura.

El 28 de diciembre de 1895, una fecha que muchos historiadores consideran el verdadero nacimiento del cine, los hermanos Lumière —ingenieros, inventores, empresarios, pero también artistas— mostraron al público una serie de pequeñas películas, previo pago de una entrada, en una sala del Boulevard des Capucines de París. Había comenzado un nuevo arte y aún estaba todo por hacer.

Resultado de imagen de imagenes de Lumiere comienza la aventuraDesde 1895 hasta 1905, Louis y Auguste Lumière, junto con una serie de operadores colaboradores suyos, rodaron —no solo en Francia, sino en prácticamente todo el planeta—casi 15.000 de esas pequeñas películas, de apenas 50 segundos de duración, pero capaces de contener una historia completa, “mostrando el mundo al mundo”. Ya nada sería igual: comenzaba una nueva era.

Thierry Frémaux, actual director del Festival de Cannes y del Instituto Lumière de Lyon, —y, sobre todas las cosas, amante del cine— ha seleccionado 108 de esas películas, las ha agrupado en un montaje didáctico pleno de sentido y nos las ofrece en un subyugante documental, narrado con pasión por él mismo, para goce y disfrute de todos. Goce y disfrute porque a la vista de estas pequeñas joyas atemporales el espectador recupera la mirada ingenua y sorprendida del niño ante la magia de la vida.

Asistimos asombrados a un despliegue de ingenio, innovación y arte. Estas pequeñas obras maestras nos sorprenden por su perfecta y exquisita composición (a pesar de estar rodadas con una cámara que carecía de visor), por la riqueza de detalles conseguidos en unas tomas de una extraordinaria profundidad de campo, por el ritmo asombroso y la precisión matemática con la que lograban encajar una historia en los 50 segundos de duración, por la audacia de las tomas, con los primeros travellings de la historia del cine, pero sobre todo por su vivacidad, por su calidad de documentos únicos e irrepetibles de una época.

Otro detalle muy destacable, importantísimo, de este documental es que nos permite disfrutar de los trabajos de los hermanos Lumière con una calidad nunca vista hasta ahora, gracias a la paciente y exhaustiva restauración de sus películas. Así, junto con las apasionadas y didácticas explicaciones de la voz en off del propio Frémaux y la deliciosa banda sonora de Camille Saint-Saëns, rememoramos las conocidas “La salida de los obreros de la fábrica”, “Llegada del tren a la estación de La Ciotat” o “El regador regado”, junto con otras menos conocidas y algunas casi inéditas, que nos permiten reconocer el talento de los hermanos Lumière no sólo como inventores sino como directores de cine.

Un consejo: no se la pierdan.

Carlos Sobrino

 

 

La Grieta. El quebrantamiento del tejido social y familiar.

Alberto García Ortiz e Irene Yagüe Herrero han parido.

La gestación ha sido larga. Se han dedicado durante los últimos 5 años a su proyecto “La Grieta”, un documental que ha visto la luz en España hace unos días en la sección Doc. España dentro de la Semana Internacional de Cine SEMINCI  de Valladolid.

Resultado de imagen de imagenes de la película la grieta 2017 de alberto garcía ortizCorre el año 2013. España aún está en crisis económico. Peligran los hogares de muchas familias en España, incluso los hogares más humildes como son las viviendas de protección oficial. Entran en escena los “fondos buitres” que ansían comprar los activos en riesgo. Y llegan hasta la puerta de dos familias de Villaverde (un barrio de Madrid), familias mercheras o quincalleras.

Alberto e Irene hacen sombra a dos mujeres y sus familias a lo largo de su calvario. La notificación de desahucio, los recursos, la solidaridad de los vecinos y de las asociaciones sociales, la resistencia pacífica, … Y cuando creemos que quizás hayan ganado, cae el hachazo. El golpe definitivo contra el que no cabe recurso alguno.

Resultado de imagen de imagenes de la película la grieta 2017 de alberto garcía ortiz“La Grieta” es un relato de la actualidad de España, especialmente de las grandes ciudades. Las personas son reales. Sus gritos y sus lágrimas son reales. Es evidente que la razón de ser de esta película documental es denunciar unas situaciones que han empeorado la calidad de vida de los afectados. Nos consta que Alberto García Ortiz e Irene Yagüe Herrero ya están trabajando en un segundo proyecto relacionado con este primero. “La Grieta” a veces adolece de falta de nitidez en el sonido o cambios quizás demasiado abruptos en la cronología del relato. Sin duda estos pequeños tropiezos serán abordados por los realizadores en su futuro rodaje.

Estad atentos a las carteleras futuras. Estemos o no de acuerdo con su planteamiento, vayamos a ver “La Grieta”. Vayamos a verla para no olvidar y para aprender. Aquí  os dejo un poquito para probar:

http://lagrieta.es

Diana Shoffstall