Sauvage. La crudeza de una realidad social, sin tapujos ni apenas esperanza

Sauvage es una película que casi ha rebasado los límites de mi tolerancia. Dolor, sufrimiento, desesperación, abusos, agresiones, la inocencia perdida, el futuro más que incierto, … Buscaba ansiosamente algo positivo, esperanzador a que agarrarme. La proverbial luz al final del túnel. Pero no la hubo y salí del cine destrozada.

El francés Camille Vidal-Naquet (nacido en Nevers, Nièvre en 1972) con ésta, su primer largometraje (director y guionista), ha logrado poner caras a las personas que pueblan ese sub-mundo inmundo de la prostitución masculino en un entorno de todo lo contrario a un entorno privilegiado. Se documentó bien entre los jóvenes chaperos que frecuentan el Bois de Boulogne de París. Y de sus observaciones y sus conversaciones con ellos ha salido Léo.

Resultado de imagen de imágenes de Sauvage película Léo (interpretado por Félix Maritaud), un joven de 22 años, a quien nadie llama Léo en la película. Léo, un chico sin nombre que no sabemos de dónde viene ni cómo llegó a estar donde está. Si un cliente le pregunta su nombre, Léo contesta que le puede llamar como quiera. Si le quieren prestar un teléfono móvil para hacer llamadas, Léo contesta que no tiene a quien llamar. Cuando la doctora le pregunta por su familia, Léo contesta con un encogimiento de hombros. Léo, un joven sin casa que demasiados días despierta en un parque o sobre la acera. Deambula cuando no está en la carretera a la espera de su próxima cita. Sus “amigos” son otros prostitutos. Fuman, beben, se drogan. Léo apenas come, se lava poco, su ropa está gastada y sucia. Y es aún más vulnerable porque es ingenuo -aunque parezca inverosímil- . Si no fuera por Ahd (el actor parisino Eric Bernard), también prostituto pero no tan joven e ingenuo -sabedor que un futuro seguro pasa por encontrar un patrón de avanzada edad que le invitará a compartir su casa y vida hasta que la muerte les separe- , Léo se perdería aún más. Ahd le aconseja a Léo, le reconforta, le defiende, le da calor humano sin que cambie dinero de manos. Pero Ahd no puede salvar a Léo, ni tampoco Mihal (el actor rumano Nicolas Dibla) que entra en la vida de Léo cuando Ahd ya no está, ni tampoco Claude (Philippe Ohrel), que mima a Léo y quiere llevarle a Canadá, … Y es que Léo no es consciente que está perdido en un laberinto sin fin. Su ingenuidad y su vulnerabilidad, su falta de madurez y su inconsciencia hacen que crece sin parar la congoja del espectador.

Hay escenas durísimas en la película, sexo violento, vil e indigno. Escenas de abandono y de humillación. Y hay escenas también conmovedoras. Cuando la doctora está examinando a Léo y él, espontáneamente, la abraza y ella, bendita sea, se queda quieta y no se aparta. Porque Léo es como un chiquillo con recuerdos lejanos de otra vida, una vida amable que día a día se le va escapando.

Félix Maritaud también nació en Nevers, Nièvre como Camille Vidal-Naquet, pero en 1992, veinte años más tarde, y no le leído nada que diga que el actor y el director se conocieran en su ciudad natal. Pero felizmente los dos han coincidido en Sauvage. Por muy duro que sea para el espectador ver esta película, debe hacerlo. No podemos vivir a espaldas de esta realidad social.

Sauvage llegó a las pantallas de España el pasado día 14 de junio. Varios reconocimientos para la película, su director y el actor protagonista en distintos certámenes (Cannes, premios César, Festival de Sevilla, …) han precedido su estreno en España.

Diana Shoffstall

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Los días que vendrán. Nueve inolvidables y bellos meses de embarazo como preludio al resto de nuestros días

Carlos Marqués-Marcet (Barcelona, 1983) tiene una trayectoria envidiable. Con su primer largometraje 10.000 km. (2014), los méritos del director y guionista ya fueron reconocidos (Biznaga de Oro a la Mejor Película y de Plata al Mejor Director en el Festival de Málaga y el Goya al Mejor Director Novel, entre otros). Con su segundo largometraje Tierra Firme (2017) esos méritos fueron avalados en varios certámenes. Y ahora llega el tercer largometraje, Los días que vendrán, una bella película sobre el amor, y las parejas, las familias e hijos en el pasado, presente y futuro. El Festival de Cine de Málaga ya ha dado su dictamen: nuevamente Biznaga de Oro a la Mejor Película y de Plata al Mejor Director.

Resultado de imagen de cartel los días que vendrán Vir (María Rodríguez Soto nacida en Barcelona, 1986) y Lluís (David Verdaguer, gerundense del año 1983) son una pareja de treintañeros que llevan juntos apenas un año cuando ella queda embarazada. Durante los próximos 90 minutos viviremos los 9 meses del embarazo con ellos. Compartiremos su intimidad. Seremos testigos de sus dudas y enfados, de sus miedos e ilusiones. Les escucharemos y sufriremos mientras intentan tomar las decisiones adecuadas. Y día a día, semana a semana, mes a mes irá creciendo ese pequeño ser en el vientre de Vir, ese ser que prosperará a pesar de las crisis en la relación de pareja y cuyo nacimiento es también un renacimiento.

Esta historia cobra fuerza para el espectador al saber que María Rodríguez Soto y David Verdaguer son pareja en la vida real y que el embarazo de Vir y de Lluís ha sido también su embarazo. Y es que Carlos Marqués-Marcet es amigo personal de esta pareja de actores. Además, David Verdaguer es colaborador habitual del cineasta. David Verdaguer protagonizó tanto 10.000 km. como Tierra Firme (en cuanto a la primera, fue nominado en los Goya al premio de Mejor Actor Revelación; dos años más tarde ganó el premio de Mejor Actor de Reparto por su trabajo en otra bella película, Verano de 1993, de Carla Simón). Para María Rodríguez Soto Los días que vendrán es su primer protagonismo en el celuloide. Y no será su último. También un Biznaga de Plata ha sido para ella, merecedísimo el premio. Como Vir, es vulnerable y fuerte, pero sobre todo radiante. Está claro que Vir y Lluís no son María y David (esto no es un reality show) pero sin duda María y David han aportado a la película una sensibilidad especial y única como padres en ciernes y novatos, como han sido ellos mismos durante el rodaje de la película.

Pero la realidad -la vida real- sí que hace una incursión en esta película: los padres de María Rodríguez Soto habían grabado en vídeo el desarrollo de sus vidas durante la gestión de María, el parto mismo y las primeras imágenes de la pequeña María, y este vídeo de familia, amateur -pero amable, tierno y real- se ha incorporado a Los días que vendrán como un elemento muy importante. La alegría de Vir cada vez que lo visiona -la gestión de Vir, el parto, ella de bebé- también es la alegría de María. Y aún más: también los padres de María aparecen brevemente en la película como los padres de Vir.

Supongo que algunos podrían pensar que ha sido un atrevimiento esta película, eso de mezclar realidad y ficción. Pero, ¿qué es la vida sino una ficción hecha realidad? ¿Y qué es una película sino la realidad hecha ficción?

Preciosa la película. Emocionante. Tensa a veces y cómica otras. La pequeña que finalmente ve la luz del día ahora también tiene un “vídeo” del que puede ser orgullosa. Papá y mamá lo han dado todo por ella.

Los días que vendrán (Els dies que vindran) llegó a las pantallas de España el pasado día 28 de junio.

Diana Shoffstall

Un atardecer en la Toscana. El derrumbamiento de Europa trazado con brocha gorda

Cuando la revista Variety afirma en su crítica de Un atardecer en la Toscana que Jacek Borcuch (el director y guionista) podría llegar a ser tan importante como su compatriota polaco Pawel Pawlikowski (Cold War), una servidora toma nota y se apresura a acudir al cine para no perder la oportunidad de ver el film. ¡Vaya desilusión!

La película no es mala, desde luego que no, pero peca de querer decir “cosas importantes” sobre el pasado, presente y futuro de Europa, los prejuicios, los refugiados y la libertad y no logra, en mi opinión, sus pretensiones, porque proliferan los trazos hechos con brocha gorda y escasean las pinceladas finas.

Resultado de imagen de cartel Un atardecer en La ToscanaMaría Linde (Krystyna Janda, Premio Especial del Jurado en Sundance 2019) es una polaca que vive desde hace años en Volterra, un pueblo de no más de 12.000 habitantes ubicado en la Toscana. Se casó con un italiano Anonio (Antonio Catania), tuvo una hija Anna (Kasia Smutniak) que le ha dado una nieta y un nieto y mantiene una relación sentimental con Nazeer (Lorenzo de Moor), un inmigrante egipcio establecido en la comunidad que regenta un bar-restaurante. María es escritura -poetisa- y ganadora del Premio Nobel. Las autoridades locales quieren honrar a su vecina ilustre. Después de que un atentado terrorista deja un reguero de sangre en Roma, incitando a una parte de la población local a manifestaciones racistas, María rechaza públicamente el reconocimiento de Volterra con un discurso que ahondará aún más las divisiones entre los habitantes y dejará su propia vida en el limbo.

En definitiva, es que yo no me lo creo. Que una escritora polaca haya recalado en un pueblo de la Toscana y creado su familia allí, ¿porqué no? Es una bella y acogedora región y los italianos son encantadores. ¿Pero quién es realmente María? No sabemos hasta el momento del inoportuno discurso de que es judía y que sus padres eran supervivientes del Holocausto. Nos gustaría saber qué es lo que piensa de ella su marido Antonio, que es retratado en la película como un buenazo, tolerante de las extravagancias ideológicas de su mujer y de su affaire con Nazeer. Aunque en ningún momento es patente que él conozca la realidad de la relación de María con Nazeer, son varias las escenas donde vemos a María y Nazeer juntos, en público, y en los pueblos todo se sabe. No estamos seguros de cómo Anna percibe a su madre. Ella sí parece ser consciente de los riesgos que corre su madre pero tampoco se manifiesta claramente. El único personaje de la película que es totalmente convincente es Lodovici (Vincent Riotta), el comisario local, un reaccionario y feroz racista, características que intenta enmascarar debido a su cargo público. Por un lado teme y odia el pensamiento y estilo de vida de María y lo que ella representa. Por otro lado la adula y siente atracción hacía ella, María mujer.

Jacek Borcuch no es un recién llegado al cine. Y hasta Pawel Pawlikowski le ha apoyado en esta ocasión (leyó una primera versión del guión). Borcuch ha dicho en una entrevista para Cineuropa que él “quería que [María] fuese una metáfora de una Europa que se derrumba poco a poco”. Una intención loable desde luego, pero finalmente la que se derrumba poco a poco es la película cuyos múltiples frentes están cogidas con pinzas. La metáfora que funciona pero que es realmente transparente y no requiere ninguna reflexión, es la de la jaula instalada en la plaza del pueblo (una instalación “artística” con referencias al poeta estadounidense Ezra Pound, un ferviente fascista y admirador de Mussolini), una jaula que cerrará la película en su última escena, en un larguísimo y aburridísimo plano final. Ni Frank Sinitra con su canción “It was a very good year” puede salvar lo agrio que es esta Dolce Fine Giornata (dulce final del día).

Un atardecer en la Toscana llegó a las pantallas de España el pasado 21 de junio de 2019.

Diana Shoffstall

Elisa y Marcela. Isabel Coixet hace un flaco favor a la memoria de dos valientes y trágicas mujeres

La penúltima película de Isabel Coixet de 2017, The Bookshop, fue galardonada con tres Goya: mejor película, mejor dirección y mejor guión adaptado. Y otros títulos de su amplia filmografía han sido recibidos con aplausos del público y reconocimientos de la crítica y los certámenes (Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mi, La vida secreta de las palabrasNadie quiere la noche, …). Sin embargo, esta Elisa y Marcela, la última película de Coixet, es una pobre muestra de su calidad como cineasta.

Resultado de imagen de netflix elisa y marcelaFilmada en blanco y negro (quizás para estar en consonancia con la época cuando las fotografías aún estaban en blanco y negro y era costumbre que los novios se vistieran de negro para la foto de las nupcias), Coixet parte de un hecho histórico: el matrimonio entre dos mujeres que tuvo lugar en Galicia en el año 1901 (si bien una de las mujeres se hacía pasar por hombre), el descubrimiento de su engaño, el rechazo de la sociedad y su persecución y encarcelamiento por las autoridades y su puesta en libertad en Portugal. Si bien la prensa española de la época vendió muchos ejemplares pregonando la noticia escandalosa bajo el título “matrimonio sin hombre”, es cierto que la historia real de Elisa Sánchez Loriga y de Marcela Gracia Ibeas, que se conocieron cuando se preparaban para ser maestras en A Coruña, está llena de lagunas. Es el investigador y profesor de la Universidade da Coruña, Narciso de Gabriel, quien seguramente más sabe sobre Elisa y Marcela. Hace unos años escribió el libro Elisa y Marcela: más allá de los hombres. Coixet quedó prendada de la historia. De hecho, Coixet escribe el prólogo a la más reciente actualización del libro de Narcisco de Gabriel, Elisa y Marcela: amigas y amantes y Narciso de Gabriel colaboró con Coixet en la escritura del guión.

Resultado de imagen de foto elisa y marcelaSea como fuere la historia real, Coixet ha utilizado a Elisa y Marcela para llamar la atención sobre el matrimonio homosexual que hoy en día es ilegal, cuando no activamente perseguido, en demasiados países del mundo. Los datos nos son proporcionados al término de la película cuando también podemos conocer a Elisa y Marcela en la foto entrañable de su boda, seguido de un sinfín de otras fotos de parejas de mujeres que no aportan nada en mi opinión.

Pero aparte de este evidente afán social o sociológico de Coixot o de sus pretensiones más allá de su profesión de cineasta, Elsa y Marcela carece de una buena narrativa, sembrando confusión y dudas desde el principio hasta el final. Coixet se recrea en las fantasías y juegos sexuales de Elsa y Marcela pero descuida su entorno y los personajes que lo pueblan. Los padres de Marcela desaparecen de la historia sin más, no conocemos ningún pariente de Elisa, sus vecinos son fantasmales y estereotipos. Coixet deja a Elsa y a Marcela en un vacío y no es suficiente. Huyen a Portugal donde finalmente están encarcelados y Marcela da a luz a una hija (de un “matrimonio sin hombre”; bueno, había un hombre pero Coixet deja al espectador imaginar cómo, cuándo y porqué ha habido concepción) y son salvados por las autoridades de Portugal que desprecian a España (¿en serio?). Tanta bondad y generosidad de los portugueses y especialmente del alcaide y de su mujer, que casualmente es la enfermera en la cárcel que asistió al parto de la pequeña Ana, no es creíble (y es producto de la imaginación de Coixet).

El reparto consiste en gran parte de buenos actores en papeles pequeños: María Pujalte y Francesc Orella como los padres de Marcela, Manolo Solo como el alcaide, Lluis Homar como el gobernador de Oporto, Sara Casasnovas como la Ana adulta. Pero las protagonistas absolutas son Natalia de Molina (Elisa) y Greta Fernández (Marcela). Si bien el currículo de Natalia es el que más impresiona (premios Goya en 2014 como actriz revelación Vivir es fácil con los ojos cerrados y en 2016 como actriz protagonista Techo y comida, nominada actriz de reparto 2019 Quién te cantará), es Greta (hija de Eduard Fernández; antes del final del año les veremos juntos en La hija de un ladrón) quien ilumina la pantalla. No podía quitar mis ojos de ella. Irradia amor y ternura y sufre con estoicismo hasta el último momento.

Una Marcela inolvidable para una historia de amor imposible en su época. Léan sobre Elisa y Marcela. Mírenlas y admírenlas. Las de verdad y no las del celuloide.

Elisa y Marcela es una producción de Netflix y su distribución para la gran pantalla es limitada. Actualmente está en la cartelera de Madrid.

Diana Shoffstall

La corresponsal. El coraje de una periodista y el miedo de una mujer

La película La corresponsal, dirigida por el reconocido documentalista estadounidense Matthew Heineman (con guión de Arash Amel), está dedicada en cuerpo y alma a Marie Colvin, esa periodista que fuera consagrada en Gran Bretaña por su trabajo para The Sunday Times y que murió en un ataque en Homs, Siria, en 2012 (junto al fotógrafo francés Rémi Ochlik) a los 56 años de edad. Quizás Marie debiera haberse retirado antes de su peligrosa profesión pero si hay algo que nos queda claro es que esta mujer estaba más que obsesionada con las trágicas consecuencias de las guerras para la ciudadanía y el deber, que ella asumía como su misión en vida, de hacer llegar la verdad de las guerras al resto del mundo.

Resultado de imagen de cartel de la película la corresponsalEn La corresponsal seguimos sus pasos en algunos de los escenarios bélicos de los últimos años (ella estuvo en Sierra León, en Kosovo, en Chechenia, …). Mientras cubría la guerra civil en Sri Lanka, perdió el ojo izquierda y desde entonces llevaba un parche para tapar las huellas del destrozo. La Primavera Árabe le llevó a Libia, donde entrevistó a Gadafi, y a Palestina, donde conoció a Arafat, y final y fatalmente llegó a Homs, Siria, de donde no regresaría viva.

Intercalados entre las escenas de bombas, huidas, calles y edificios reducidos a escombros, personas de todas las edades mutiladas y muertas o muriéndose, están los momentos que nos aproximan a la intimidad de Marie Colvin. Fumadora en exceso, bebedora sin mesura -quizás alcohólica- y sumamente triste. En la vida real se casó tres veces. En la película somos partícipes de su dolor ante la imposibilidad de ser madre y también de su fragilidad emocional. Arriesga su integridad física cada vez que va a las frentes de los conflictos, pero se inhibe -insegura- en sus relaciones afectivas. ¿Cuál es la verdadera Marie Colvin? ¿La que es todo coraje ejerciendo su profesión o la que se reniega de su debilidad en su intimidad?

Rosamunde Pike (Gone girl/Perdida, 2014) se transforma en Marie Colvin con todas sus fortalezas y flaquezas. (Su interpretación mereció una nominación en la última edición de los Globos de Oro). Es convincente, con esa voz gravísima, esos pelos rebeldes, con y sin el parche. En el reparto le acompañan Jamie Dornan (La trilogía de Grey, 2015-2017), también convincente en el papel de Paul Conroy, el fotógrafo que era un asiduo partner de los reportajes de Marie -y su amigo- y que se salvó en el ataque que quitó la vida de Marie en Homs. El siempre correcto Stanley Tucci es Tony Shaw, un empresario estadounidense del que Marie se enamora y que a su vez está enamorado de Marie. (Tony Shaw es ficticio, pero en realidad hubo un último enamoramiento en la vida de Marie).

A lo largo de la película el espectador sufre y alguno aparta la vista ante las escenas más violentas que representan la inhumana e indiscriminada crueldad de las guerras. También sentimos una punzada de dolor por Marie pero es un personaje que en última instancia nos es inaccesible. Y he aquí donde quizás falla la película porque casi siempre el drama de la guerra nos es más real que el drama personal de la corresponsal. Y sin embargo, el personaje de Marie Colvin, corresponsal de guerra, es tan víctima como las víctimas objeto de su obsesión y es merecedora de nuestra compasión y nuestra admiración.

Marie Colvin (Nueva York, EEUU 1956 – Homs, Siria 2012). Descanse en paz.

La corresponsal (A private war) llegó a las pantallas de España el pasado día 31 de mayo.

Diana Shoffstall

La ceniza es el blanco más puro. Un título largo para una película larga de color pura ceniza

El cineasta chino de 49 años, Jia Zhang-ke, ha situado esta historia en la ciudad de Datong, de la provincia de Shanxi, la misma provincia en la que nació. Una historia que transcurre entre los años 2001 -cuando Jia Zhang-ke había cumplido 30 años- y 2018 -cuando él se aproximaba a los 50. Las edades que tendría Bin, el protagonista masculino de la película, al comienzo y al final de la película. Y hasta aquí llega el parecido de la vida del director y guionista con la del personaje. Pero sí que es un indicio de la autenticidad de esta película que sigue los pasos de Bin, un gánster de poca monta si se le compara con los de las grandes urbes, pero un líder venerado en su pequeño y mísero mundo, y de su novia Quiao, su seguidora más incondicional. Cuando el vehículo en que viajan es atacado por miembros de una banda rival, Quiao no dudará en coger la pistola de Bin, disparando al aire para detener la agresión. Tampoco dudará frente al tribunal al que es sometida -la sola posesión del arma es un delito- y Quiao afirmará que la pistola es suya. Es condenada a cinco años de prisión por no delatar a Bin y asume su castigo aferrándose en su ciega fe en el amor que le espera cuando es excarcelada.

Pero esta película no se tiñe de color rosa. Bin y Quiao son hijos de su entorno social, económico y político y también del jianghu, ese término que se refiere, en general, a una sub-sociedad paralela a la sociedad principal, y que, en concreto y en el contexto del film, a ese mundo de crimen organizado a pequeña escala que impera en Datong. Un mundillo y cultura jianghu presididos por el Señor Guan, representado por esa estatua que ocupa un lugar preferente en la sala donde se reúnen los secuaces que pululan alrededor de Bin y que simboliza la lealtad y la moralidad de su modo de vivir. Un modo de vivir condicionado por los cambios impuestos a la sociedad por los poderes absolutos del país.

Resultado de imagen de imágenes de la ceniza es el blanco más puroA lo largo de toda la película, esta espectadora no podía dejar de pensar en cómo es la República Popular de China (país al que no he conocido en persona): un país tan extenso, con una importante diversidad geográfica y climática, con una población de miles de millones de personas, decenas de culturas y lenguas y creencias nativas, … La enormidad de todo aquello sobrecoge. Datong, la ciudad de Bin y de Quiao, es provincial pero enorme. Muchos de sus habitantes se han desplazado del campo para trabajar en las minas de carbón y ahora se amenaza con el cierre de las minas y el traslado de los trabajadores a otra región del país. Los edificios, las calles, los interiores, todo es gris, deteriorado, sucio, contaminado, … Pero las gentes bailan en las discotecas al son de una música que ha perdido su vigencia en el occidente, las jóvenes como Quiao visten prendas de colores chillones que imiten la moda de otras latitudes, los hombres fuman y beben sin cesar creyéndose todos los reyes del mambo.

¿Cómo puede sobrevivir el amor en este entorno? Tanto la sociedad china como Bin y Quiao cambiarán entre 2001 y 2018. Los cinco años de separación mientras Quiao esté en la cárcel serán determinantes, pero no menos que los acontecimientos posteriores. Y aunque sobreviva el jianghu, finalmente Bin y Quiao lo interpretará cada uno a su manera. Sus experiencias vitales les han sentenciado.

Jiang Hu Er Nü, el título de la película en chino, quiere decir “hijos e hijas del jianghu“. El jianghu no es pureza y la ceniza es gris. Y esta película es dolorosa -y auténtica- al mostrarnos el lado oscuro de la vida de dos de los hijos e hijas de la China del siglo veintiuno.

La ceniza es el blanco más puro llegó a las pantallas de España el pasado día 31 de mayo.

Diana Shoffstall

 

Los hermanos Sisters. Cuatro hombres, cuatro destinos

¿Un wéstern dirigido por un francés, su debut en inglés? Un desafío afrontado con valentía, ingenio y un gran dominio del oficio de cineasta. Los espectadores somos los ganadores de esta prueba superada, protagonizada por cuatro actores perfectos en sus papeles.

Resultado de imagen de cartel los hermanos sisters en wordpress Jacques Audiard (De latir, mi corazón se ha parado, 2005, premios César y BAFTA; Un profeta, 2009, premios Cannes y César; Dheepan, 2015, premio Cannes), con Los hermanos Sisters, nos lleva al salvaje oeste de los Estados Unidos a mitad del siglo 19, cuando la fiebre del oro se había apoderado de pobres y ricos, de ilusos y avispados, de valientes y cobardes. Los hermanos del título del film (basado en la novela homónima de Patrick deWitt publicada en 2011 y con guión del propio Audiard y Thomas Bidegain) son Eli y Charlie, de apellido Sisters (John C. Reilly y Joaquín Phoenix), dos asesinos cuyas víctimas son por encargo o simplemente personas que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino en un momento inoportuno. El Comodoro, un personaje enigmático, poderoso y sin escrúpulos, a quien apenas vemos en la película (el veterano actor Rutger Hauer, de 75 años, es, físicamente, una sombra de lo que ha sido en su pasado glorioso en el cine) anda detrás de un hombre de nombre Hermann Kermit Warm (el actor británico Riz Ahmed), del que se rumorea ha descubierto una técnica infalible para descubrir el oro. La misión de encontrar a Warm la tiene John Morris (Jake Gyllenhaal), un hombre desencantado y descreído. La misión de sacar el secreto de su invención ha recaído en Eli y Charlie. Cuatro hombres, cuatro destinos.

Los hermanos Sisters es, sin duda, un wéstern: los hombres galopan sobre sus caballos de aquí para allá con sus pistolas siempre a mano y dispuestos a utilizarlas; los pueblos se levantan de un día para otro para proveer servicios y productos a los buscadores de oro y consisten fundamentalmente en el saloon (taberna, hospedaje y burdel), un general store (tienda/almacén y correos/telégrafo) y una parada del tren o del stagecoach (diligencia); la vida es dura y se corren riesgos a diario pero la posibilidad de ser recompensados con pingües beneficios ciega a muchos.

Todos estos elementos nos sitúan en el lugar y el período pero el gran atractivo de esta película son los cuatro hombres, Eli y Charlie, Hermann Warm y John Morris. Eli (el mayor) y Charlie son inseparables, lo que no quiere decir que su relación esté exenta de tiranteces. Charlie bebe demasiado y es el primero en solventar cualquier situación que no le plazca (con razón o sin ella) con su pistola. Su vida se disipa sin que él pueda ni siquiera contemplar que otra forma de ser existe. Sin embargo, Eli sueña, literalmente, con la posibilidad de cambio, con una mujer, con volver a su madre. Hermann Warm es un idealista, en busca de la utopía. Con el dinero procedente del anhelado oro, fantasea con la creación en Texas de un phalanstère, una comunidad harmoniosa. También John Morris es en el fondo un idealista, pero su idealismo está cubierto de una capa de cinismo. Presas y predadores, víctimas y asesinos se encontrarán. Se conocerán y sus destinos se unirán. ¿Final feliz para todos? No puedo desvelar nada más.

Fueron John C. Reilly y su esposa Alison Dickey (productora cinematográfica de profesión y una de las productoras de esta película) quienes abordaron a Audiard con este proyecto. Ese sí ha sido un encuentro con final feliz. El resultado es una película agridulce y a veces poética, con diálogos brillantes y salpicada de filosofías, tanto comunes como excéntricas, subyacentes. Los rufianes Eli y Charlie se lavan poco y disparan mucho pero al mismo tiempo utilizan la palabra touché y conocen el significado de phalanstère. Se conocen, se reconocen y se cuidan el uno al otro, su vínculo es absoluto y no se romperá. Hermann Warm es capaz de rescatar a John Morris de su abismo e infundirle con esperanza y John Morris ofrece su amistad a Hermann Warm, tan carente de amigos. Eli, Charlie, Hermann y John, juntos, separados, uno con otro y otro con el tercero y el cuarto con el primero y el segundo con el primero, … Cada uno de ellos inolvidables, como lo es esta película.

The Sisters Brothers llegó a los cines de España el pasado día 10 de mayo.

Diana Shoffstall

Gloria Bell. El remake: necesario u oportunista?

Con su premiadísima Una mujer fantástica (2017) el chileno nacido en Argentina, Sebastián Lelio, de 45 años, se aseguró un lugar en la cúpula de la industria cinematográfica. El éxito internacional de aquella película sin duda le impulsó a probar suerte -y a atraer más público aún- con una película rodada en inglés. Dirigió la bien recibida Disobedience a continuación y ahora ha elegido rodar un remake de Gloria, su película de 2013. La actriz chilena Paulina García era Gloria Cumplido en 2013. Ahora, en su versión estadounidense, Julianne Moore es Gloria Bell.

Resultado de imagen de cartel gloria bellAunque con algo de rubor admito que no he visto la película original, el sinopsis de aquella Gloria está calcado para el remake en inglés. Una mujer cerca de los 60 años se siente sola, le gusta bailar, conoce a un hombre y su relación con él parece florecer, pero la dependencia de la ex-mujer de él y de sus dos hijas contribuyen al fracaso de esa relación y Gloria se encuentra nuevamente sola aunque con una lección aprendida.

Julianne Moore es una de mis actrices favoritas. Tiene ahora 58 años y a lo largo de su carrera ha intervenido en películas de todos los géneros: comedia romántica, comedia dramática, de acción y de fantasía, ciencia ficción y terror, drama policíaca y de misterio, … y se le ha reconocido su talento en muchas ocasiones (ganó un Óscar por su papel en Still Alice del año 2014). En esta ocasión, no solamente es la protagonista de la película sino también una de sus productores ejecutivos. Yo diría que la película -y el papel de Gloria Bell- están hechos a la medida de Julianne Moore. Ninguna objeción. Ella lo hace muy bien. También lo hace fenomenal el actor John Turturro interpretando a Arnold, el otro protagonista. Turturro con sus 62 años es asimismo un respetado veterano (comenzó con un papel pequeño en Toro Salvaje en el año 1980).

O sea, un buen director, un buen guión (escrito por Lelio y Alice Johnson Boher), buenos actores (incluyendo los secundarios), una historia que es muy actual (mujeres que aprenden a ser fuertes, libres e independientes). Sin embargo, para esta espectadora no hay elementos novedosos en la película que la hagan destacar. He seguido, escena a escena, la vida de Gloria con interés pero sin emoción. Porque no me ha emocionado la película, ni me ha sorprendido ni me ha enseñado nada nuevo. Como ya he confesado que no he visto el film original, no puedo comparar los dos. Pero sí me pregunto porqué Lelio quería hacer un remake de su propia película solamente cuatro años después de la realización de la primera. Más aún cuando la primera tuvo una acogida estupenda. ¿Será simplemente una cuestión de prestigio falsamente interpretado? ¿Una película en inglés ambientada en los Estados Unidos tiene más cachet? Ojalá los motivos de Lelio hayan sido otros.

Gloria Bell  llegó a las carteleras de los cines de España el pasado día 26 de abril.

Diana Shoffstall

Leto. Rock and roll en Rusia. Una fiesta para los ojos y los oídos

Leto para esta espectadora ha significado el feliz encuentro con una película rusa que emite destellos, que está envuelta en un halo de música rock and roll de hace cuatro décadas, que lanza gritos enloquecidos propios de la desinhibición de la juventud, que irradia alegría con un toque de cinismo.

Dirigida por Kirill Serebrennikov (también es uno de los guionistas), Leto nos lleva a la década de 1980 a Leningrado donde tuvo sus comienzos el cantante y compositor Viktor Tsoï, fundador del grupo Kino, una de las más destacadas bandas de rock en los albores del cambio político aperturista -conocido como la Perestroika- de la antigua Unión Sovietica. El ídolo del momento en Leningrado es Mike Naumenko con su banda Zoopark. Las puertas a la fama abrirán para Viktor cuando entabla amistad con Mike y su mujer Natalia. Todo comienza ese verano cuando Viktor conoce a Mike. (Leto significa verano, en castellano, summer, en inglés).

Leto es visualmente una fiesta. Aunque filmada en blanco y negro, fiel a la existencia cotidiana gris del pueblo soviético de aquel entonces, Serebrennikov ha intercalado episodios llenos de color y fantasía para ilustrar el entusiasmo y lucha de estos jóvenes de Leningrado por hacerse visibles y abrirse camino. Blanco y negro y color. Y música a raudales, en ruso principalmente pero también en un inglés poco comprensible. El idioma es lo de menos. La ardiente pasión de los músicos y la fuerza de su música traspasan barreras culturales y lingüisticas. Leto nos introduce al underground cultural de Leningrad con Viktor y Mike en su centro. Es una celebración de su talento, su perseverancia y su fe en un mundo mejor.

En la realidad y después de convertirse en un icono para los jóvenes soviéticos, Victor Tsoï murió prematuramente a los 28 años en un accidente de tráfico. Mike Naumenko tenía tan solo 36 años cuando falleció de una hemorragia cerebral en circunstancias no aclaradas. Podría haber sido por una caída accidental en su casa o por una agresión callejera.

Pero en Leto Viktor y Mike están muy vivos. Me sorprende un poco que en el sinopsis de la película el énfasis está puesto en la figura de Viktor. Tal vez sea porque Viktor Tsoï alcanzó una fama increíble en la URSS. (Se dijo que 65 adolescentes se suicidaron al conocer su muerte). Para la que suscribe la figura clave de la película es Mike Naumenko. Sin Mike, quizás Viktor no hubiese salido adelante. En todo caso, sin duda no todo lo que transcurre en la película es un reflejo de la realidad. Pero su esencia es muy real y sumamente atractiva.

Que Leto finalmente llegase a las pantallas es casi un milagro. Kirill Serebrennikov estuvo bajo arresto domiciliario (sus problemas con el actual régimen de Rusia es otra historia) durante las últimas semanas del rodaje de la película. Finalmente el arresto ha sido levantado hace pocas semanas, al principio de abril. El hecho de que el director se hiciera con el premio Nika (los Goya de Rusia) al mejor director y su película recibiera otros reconocimientos, también en Cannes o en Venecia el año pasado, no parece que haya influido mucho. El arresto domiciliario se le había impuesto en agosto del año 2017.

Finalmente, un largo y cálido aplauso para todos los actores de esta cinta. Increíble el parecido del actor alemán-coreano Teo Yoo con Viktor Tsoï (cuyo padre tenía ascendencia coreana). Y hay un parecido también de Roman Bilyk (nombre artístico Roma Zver) con Mike Naumenko. Roman Bilyk ha debutado como actor en Leto. Como Roma Zver, es el cantante del grupo Zveri. Él y su grupo son los responsables de interpretar muchas de las canciones de la película. La actriz nacida en Moscú, la bella Irina Starshenbaum, es Natalia, fiel esposa de Mike y fiel amiga de Viktor. Y un largo etcétera de actores y actrices que, todos juntos, hacen una buena labor para que disfrutemos -y mucho- con Leto.

Leto  se estrenó en las pantallas de España el pasado día 26 de abril de 2019.

Diana Shoffstall

Mula. El ocaso de un vividor.

La más poderosa razón que impulsa el espectador a visionar la película Mula es -o tal vez deba ser- la oportunidad de ver a Clint Eastwood en la que puede ser su última aparición en la pantalla grande y también detrás de ella. ¿Qué decir de Clint Eastwood? Actor, director, productor, ganador de múltiples premios por su labor profesional, mujeriego (dos matrimonios/dos divorcios, hasta cuatro amantes y al menos ocho hijos reconocidos … y, aunque Clint Eastwood esté a punto de cumplir 89 años, por su trayectoria hasta la fecha, no se descarta que aumenten los números), activista político (está afiliado al partido Republicano y fue alcalde de la población de Carmel, California durante un par de años en la década de 1980) y uno de los últimos de su generación aún en activo. Ha sido el vaquero Rowdy Yates en la serie de televisión Rawhide (1959-1965), el “hombre sin nombre” de los spaghetti westerns de Sergio Leone en los años siguientes, y después el implacable policía Harry el Sucio, … Y eso solamente ha sido el comienzo de una carrera que dura ya 65 años.

Resultado de imagen de cartel  de la película mulaMula, protagonizada y dirigida por Eastwood (el guión es de Nick Schnek), está inspirada en un artículo escrito por Sam Dolnick y publicado en The New York Times Magazine en junio de 2014 sobre Leo Sharp, un hombre octogenario de un pueblo del estado de Indiana que cultiva flores con gran éxito y que, necesitado de dinero, pasa al otro lado de la ley, transportando droga para el cartel mexicano Sinaola a través de los Estados Unidos. Fue detenido, juzgado y encarcelado (falleció de causas naturales en diciembre de 2016 después de haber servido solamente un año de su sentencia judicial debido a su frágil estado de salud). Para los que quieren saber más sobre Leo Sharp, podéis leer el artículo de Sam Dolnick aquí: https://www.nytimes.com/2014/06/15/magazine/the-sinaloa-cartels-90-year-old-drug-mule.html?module=inline

En lo esencial la película de Clint Eastwood no difiere en demasía de la historial real de Leo Sharp, transformado en Earl Stone, nuestro protagonista de Mula, un hombre encantador y generoso con todo el mundo, con la notable excepción de su propia familia, a quien presta poca atención. ¿Sabe que está infringiendo la ley? Desde luego que sí, pero Earl pondera las consecuencias y finalmente se deja seducir por la más que sustanciosa  “paga” que le proporciona su nuevo “trabajo” y que le permite asumir nuevamente su papel de hombre de bien, amigo de sus amigos y hasta ser condescendiente con su familia.

La película se deja ver. Su protagonista Earl Stone no es un hombre que nos cae bien (Eastwood ya tiene abundante experiencia en este tipo de personajes). Pero la trama se desarrolla con corrección y los papeles secundarios están bien interpretados (el siempre atractivo Bradley Cooper como el agente de la DEA –Drug Enforcement Agency, la agencia federal estadounidense que lucha con el contrabando y consumo de drogas-, o Dianne Wiest como la sufrida esposa de Earl, entre otros). De hecho, la película es más bien light; hay algo de redención y reconciliación en su final.

Si Mula efectivamente resulta ser la última película de Clint Eastwood, hubiéramos deseado que fuera una película algo más potente. Pero Clint Eastwood es mayor. En este film -y en la realidad- es un hombre viejo físicamente pero lúcido mentalmente. Para el caso de que no vuelva a interpretar ningún papel en el cine, nos conformamos con ésta, ¿su última película?

Mula (The Mule) la podemos ver aún en algunas pantallas de España. Se estrenó en los cines de este país el pasado 8 de marzo.

Diana Shoffstall