Ha nacido una estrella. El firmamento brilla con nuevos cuerpos celestiales

Bradley Charles Cooper (nacido en Filadelfia en enero del año 1975) y Stefani Joanne Angelina Germanotta (nacida en marzo del año 1986 en Nueva York), conocidos por nosotros como Bradley Cooper, un actor cuya carrera progresa incontestablemente en quinta marcha (nominado tres años seguidos -2013 al 2015- al premio Óscar como mejor actor por sus papeles en Silver Linings PlaybookAmerican Hustler y American Sniper), y Lady Gaga, una diva internacional de la música pop, son, en esta versión de Ha nacido una estrella, Jackson Maine, un músico y cantante country idolatrado por sus seguidores pero perseguido por una infancia y adolescencia de pesadilla y cuya trayectoria es descendente, y Ally, una joven cantante y compositora, llena de inseguridades, pero cuyo potencial es enorme. Sus vidas se entrelazarán para bien y para mal: amor incondicional, felicidad y éxito, y también decepción, sufrimiento y pérdida.

Resultado de imagen de cartel a star is bornYa se ha dicho en casi todos los medios que esto es un remake, que es la cuarta versión en celuloide de esta historia de ascenso y declive, de joven promesa y veterano célebre cuyo estrella se apaga. La historia se ha ido evolucionando. En la primera Ha nacido una estrella del año 1937, bajo la dirección de William A. Wellman y producida por David O. Selznick, Janet Gaynor y Fredric March interpretaron los papeles protagonistas de actriz aspirante y actor consagrado. En las siguientes versiones, las protagonistas femeninas eran cantantes y sus intérpretes fueron dos grandes voces, como lo son Judy Garland (año 1954, de George Cukor) y de Barbra Streisand (año 1976, de Frank Pierson). James Mason y Kris Kristofferson, respectivamente, les hicieron la réplica, Mason aún en el papel de veterano actor, Kristofferson ya como rockero.

Esta Ha nacido una estrella es, sin duda alguna, hija predilecta de Bradley Cooper. Con ella, debuta como director, es también co-guionista y uno de los productores. Ha hecho una incursión en la música, contribuyendo letras y melodías a la banda sonora. Y es Jackson Maine, su voz cantando, su cuerpo maltrecho a causa del alcohol y las drogas, su mente agonizante, en lucha permanente entre la esperanza y la desesperación. Una proeza formidable. Supo elegir a Lada Gaga como su co-protagonista. Ella aporta su voz, por descontado, pero su talento como actriz es lo que nos fascina. Ally, interpretada por Lady Gaga, es ingenua y tiene un sueño que cree no poder realizar nunca. Jackson Maine le muestra el camino y ella lo emprende pero nunca renuncia a sus raíces ni a su amor por él. Los trazos con los que nos dibuja Ally son delicados al principio pero más fuertes en cada escena, sin que en ningún momento dejamos de creer en la bondad de la figura de Ally.

Cooper y Lada Gaga son los protagonistas irrefutables de esta película. Aún así, la inclusión del veterano actor Sam Elliott, de 74 años, en el reparto, en el papel de Bobby, hermano mayor de Jackson, ha dado aún más credibilidad a esta, no por conocida menos bella, historia. Impecable su interpretación.

Y finalmente una mención para la banda sonora de la película. Cooper no escatimó ni esfuerzos ni recursos para su producción. Lukas Nelson, hijo del inolvidable Willie Nelson, ha sido un componente clave del equipo. La banda sonora resultante va escalando puestos en los rankings.

No un cúmulo de errores sino un cúmulo de aciertos, esta Ha nacido una estrella de Bradley Cooper tiene muchos méritos. Vayan a verla. A new star is born.

Diana Shoffstall

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The Rider. Un poema en imágenes para crear un conmovedor retrato

Brady Blackburn, su padre Tim y su hermana Lilly, sus amigos y vecinos, son los protagonistas del segundo largometraje de la joven directora, guionista y productora china-norteamericana, Chloé Zhao, de 36 años. En realidad, la familia Blackburn son Brady, Tim y Lilly Jandreau y esta bella película se nutre de sus propias vidas en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en Dakota del Sur. Espacios abiertos, limpios, prácticamente despoblados en los que sus residentes -muchos de ellos pertenecientes a las tribus nativas de esas tierras- perpetúan costumbres y un modus vivendi en peligro de extinción.

Resultado de imagen de cartel de The Rider película Chloé ZhaoBrady, una estrella naciente en el circuito de los rodeos, sufre un grave accidente, cayendo del caballo y recibiendo un pisotón del animal. Su lesión cerebral, aunque no incapacitante, le impedirá retornar a los rodeos y a montar a caballo y este joven sensible deberá adaptar su vida a su nueva situación. Deberá encontrar razones para seguir viviendo con la pérdida de lo único que ha conocido hasta el momento y que lleva en lo más hondo de su ser.

El primer largometraje de Chloé Zhao (Songs my brother taught me, 2015) fue filmado en la reserva de la tribu Lakota-Sioux de Pine Ridge en Dakota del Sur y en los parajes aledaños. Fue entonces cuando Zhao conoció a Brady Jandreau, antes de su accidente. Le atrajo a Zhao esa vida de los hombres y mujeres, familias enteras, que giraba en torno a los caballos, en los ranchos y en los rodeos. Brady y Chloé habían hecho buenas migas entonces y siguieron en contacto. El terrible accidente que sufrió Brady y su lucha por salir adelante impulsó a Zhao a proponer a Brady y a su familia que contasen sus vidas en una película que es medio ficción, medio realidad. Distintas fuentes dan distintos porcentajes (80%-30%, 50%-50, 60%-40%). Da igual en última instancia. Porque los personajes representados en The Rider habitan esos parajes (su apellido puede ser Jandreau como cualquier otro) y lo que les acontece en esta película sucede a esas personas de carne y hueso, les marca la vida, les define el futuro. The Rider es una gran película, auténtica como pocas. Chloé Zhao ha mimado a sus actores debutantes, dejándoles hablar y hacer, como solamente ellos pueden saber. No solamente los Jandreau se inician como intérpretes, -de si mismo- , en esta película; también lo hacen Cat Clifford, Lane Scott y Tanner Langdeau. -amigos de Brady- , y Terry Dawn Pourier – que ahora es la esposa de Brady Jandreau. En el guión de Zhao, los diálogos mimetizan perfectamente el hablar de las gentes de los pueblos de las llanuras; son escuetos, directos, sin complicaciones. No sobran palabras, pero cada palabra, cada frase, -al igual que los silencios- es un eslabón más en nuestro viaje de descubrimiento y de admiración de estas gentes y su entorno.

La película es un pelín larga. Zhao es una enamorada de los paisajes de esta región tosca y amplia y a veces se detiene un poco demasiado en ellos. Es el único “pero” que esta espectadora encuentra a este conmovedor retrato. La crítica es prácticamente unánime al respecto y su paso por Cannes, Valladolid, Toronto, Sundance y otros la revalidan.

The Rider la podemos ver actualmente en los cines de España. No dejen de ir.

Diana Shoffstall

Todos lo saben. Eso creen, pero la verdad se oculta para irrumper en sus vidas y hacer añicos sus ilusiones

Sucesos aciagos, luctuosos ocurridos en pueblos y pedanías de España son titulares en los periódicos y telediarios nacionales con demasiada frecuencia. Lo sucedido cuando Laura (Penélope Cruz) y sus hijos, la adolescente Irene y su hermano pequeño llegan, desde Buenos Aires, a España para asistir a la boda de Ana (Inma Cruz), hermana de Laura, es, reminiscente de tantos actos violentos, riñas vecinales, rivalidades ancestrales, pugnas primitivas por las propiedades, envidias y sospechas que, desgraciadamente, salpican la geografía de este país (y también de otros, hay que decirlo).

Que el director y guionista Asghar Farhadi (dos veces premiado con el Óscar por la mejor película de habla no inglesa –El viajante en 2017, y Nadir y Simin, una separación en 2012) Asghar Farhadi haya logrado captar la esencia del carácter de múltiples personajes en un entorno cien por cien español es una muestra de su gran talento. La recreación de la fiesta de boda de Ana es soberbia. Todos los excesos son presentes: alegría, música, baile, comida y bebida, varias generaciones (abuelos, hijos y nietos) de las familias juntas, los nuevos parientes políticos recibidos con los brazos abiertos (aunque en este caso el otrora novio y ahora marido de Ana, Juan, es catalán (interpretado por el actor Roger Casamajor) y son mirados con algo de reojo por los lugareños) y los vecinos unidos (olvidadas por un momento sus diferencias). ¡Quién no haya asistido a una fiesta así!

Pero la fiesta termina demasiado pronto y la alegría se disipa y se torna en miedo. La desaparición o secuestro de la joven Irene irrumpe en la familia de Laura. Volará a España desde la Argentina, Alejandro (Ricardo Darín), esposo de Laura y el padre de Irene. Paco (Javier Bardem) y su pareja actual Bea (Bárbara Lennie) prestarán ayuda a la familia. No sin recelos entre ambas familias. Planea sobre sus cabezas el conocimiento de la relación anterior que Laura y Paco mantuvieron; habían sido inseparables hasta hace 16 años cuando rompieron y Laura se casó con Alejandro y fijó su residencia en Buenos Aires. Se desliza en las casas el recuerdo de tierras vendidas y reclamadas. Porque en Todos lo saben muchos de los personajes se creen en posesión de ciertas verdades que se suponían secretas pero que no lo son. Y tampoco son verdades.

La reputación y el prestigio de Asghan Farhadi le preceden y no es ninguna sorpresa que haya podido reunir a tantos buenos actores. Aparte de los mencionados, también intervienen en la película Elvira Mínguez (como Mariana, la hermana mayor de Laura), Eduard Fernández (es Fernando, el marido de Mariana), Sara Sálamo (Roció, hija de Mariana y Fernando) y Ramón Barea (como Antonio, el padre y abuelo). Todos ellos, desde Penélope y Javier hasta los jóvenes Carla Campra (interpretando a Irene) o Sergio Castellanos (como Felipe, un chico del pueblo que se hace amiga de Irene), logran que el espectador viva cada momento de la película con una atención y tensión absolutas. Y no nos dejará ir en paz porque cuando cierra una puerta, abre otra. Todo, todo, no lo sabemos.

Sí, señor, una película española de pe a pa que arrasará. Una película sobre España, sobre los españoles y sus pueblos. Una película impregnada del carácter y costumbres de España, de las virtudes e imperfecciones de sus gentes. Una película made in Spain por un iraní universal.

Finalmente, no dejen de prestar atención a la banda sonora de Javier Limón, este músico, productor, compositor y guitarrista español largamente premiado internacionalmente por su trabajo. La banda sonora incluye cinco canciones originales de Limon, cuatro de ellas cantadas por la pujante venezolana Nella (a quien vemos en la película como la cantante Marianella Rojas que ameniza la fiesta de la boda) y la quinta interpretada bellamente por Inma Cuesta.

Todos lo saben se estrenó en los cines de España el pasado día 14 de septiembre.

Diana Shoffstall

El viaje de Nisha. Liberarse del amor hiriente de los padres

Secuestrar a tu propia hija. No por el bien de ella sino por lo de “el que dirán”. Por  salvaguardar el honor y la dignidad de la familia, por muy deshonroso e indigno que sea el castigo impuesto. Un castigo cruel y humillante, uno diría anacrónico si no fuera porque El Viaje de Nisha guarda similitud con la propia vida de la directora y guionista de este film, Iram Haq, de 42 años, noruega e hija de pakistaníes.

Resultado de imagen de poster del viaje de nishaNisha es una joven noruega de 16 años cuyos padres pakistaníes sufrieron muchas privaciones y tribulaciones a lo largo del camino que finalmente les llevó a Noruega donde viven modestamente arropada por una comunidad de otros inmigrantes pakistaníes. Los padres son orgullosos de sus hijos. Anhelan un futuro para ellos mejor que el pasado de su generación. Nisha, dentro de su círculo familiar y comunitario, se conforma a las tradiciones culturales y religiosas de sus padres. Pero, fuera de su casa, se comporta como los jóvenes de su generación. Está integrada y se siente cómoda con las costumbres del único país que ha conocido. Y comete un error, una indiscreción (propia de una adolescente que actúa sin medir las consecuencias) cuando permite entrar en su casa a escondidas de sus padres un chico noruego con quien ha trabado amistad y quizás algo más. Su descubrimiento por el padre, Mirza, detonará un frenesí de emociones violentas que acabará en el destierro de Nisha. Mirza la lleva a su pueblo de Pakistán, dejándola a carga de sus tíos para que “aprenda” cómo debe comportarse. Nisha, abandonada por su familia inmediata (y no hay ninguna duda que quiere mucho a sus padres, a su hermano mayor y a su hermana pequeña), intenta integrarse pero nuevamente la simpatía de un joven paquistaní (su primo), provocará un nuevo incidente y ella será rechazada por sus tíos. Devuelta a Noruega, Nisha está sometida a una férrea vigilancia hasta que sus padres toman la decisión definitiva de distanciarla de la sociedad noruega. Esta vez, Nisha deberá cruzar el océano y perder, quizás para siempre, su libertad. O deberá ser valiente y emprender  su propio viaje.

Según Iram Haq, lo que acontece en esta película es real, ha pasado, sigue pasando y pasará hasta que las denuncias acumuladas -como esta historia- pongan fin a estas situaciones. ¿Cómo cambiar la mentalidad de esa generación de inmigrantes, la generación de los padres de Nisha, anclados en sus creencias y tradiciones? Tienen miedo de lo que no conocen (las costumbres de las sociedades y culturas en las que se han asentado), tienen miedo de perder su identidad y de perder a sus hijos que aceptarán y abrazarán su entorno. Y las hijas especialmente están en peligro. Llama mucho la atención de que nadie cree a Nisha cuando dice una y otra vez que no ha hecho nada malo. Y es cierto. No ha hecho más que tímidamente explorar sus sentimientos y dejarse llevar con cautela por sus incipientes inquietudes, impulsada por las hormonas y la necesidad tan humana de conectarse con otros seres. Nisha es acusada de lo peor, tanto por sus padres, primero, como por sus tíos después. No conciben que su comportamiento puede ser otro que no sea inmoral e indecente. Es también llamativa la vehemencia de las mujeres -madre y tía de Nisha- en su condena y tratamiento de Nisha. Mirza, en Noruega, y el tío, en Pakistán, imponen su autoridad paternalista, tratando a Nisha como un ser menor, hablándole como si fuera una criatura carente de sentido comun, necesitada de la protección e instrucción de los hombres. Sin embargo, el desprecio de su madre y su tía es producto de la propia inseguridad de ellas que no han sabido o no se han atrevido ser personas libres, independientes, iguales a los hombres. Ellas están atrapadas y no pueden admitir que Nisha cambie su destino.

María Mozhdah, de solo 18 años, de origen afgano, hace su debut en este largometraje. Su Nisha es vulnerable y rebelde. Y también fuerte. Adil Hussain, nacido en la India, es Mirza. Le hemos visto hace poco en Hotel Salvación. Entonces era el hijo sometido a la voluntad y deseos de su anciano padre. Aquí es el padre que somete a su hija a su voluntad. Pero Mirza quiere a Nisha. Aunque parezca increíble. Un amor cuya manifestación es equivocada y dolorosa. Un difícil papel para Hussain, quien lo resuelve satisfactoriamente.

En definitiva, El viaje de Nisha es una durísima -y recomendable- película que aún podemos ver en algunos cines de España. Por cierto, su título en inglés, para su distribución en países de habla inglesa, es -muy apropiadamente- What will people say.

Diana Shoffstall

Buenos vecinos. Conocer pero no juzgar. Ellos somos nosotros

Buenos vecinos, un nuevo ejemplo del buen cine islandés, se anuncia como una comedia dramática. Una descripción que es acertada solo en parte. Más preciso, quizás, sería hablar de una comedia negra, de un drama familiar. Tanto el título en español como el cartel anunciador de la película nos inducen a pensar que vamos a pasar un rato agradable en el cine entre risas. Nada más lejos de la realidad. En este film somos testigos de cómo la locura (o sinrazón) se apodera de personas que podrían ser nuestros vecinos o nuestros familiares y les conduce a un estado de degradación, de desnudez racional.

Resultado de imagen de cartel película buenos vecinosHafsteinn Gunnar Sigurosson (nacido en Reikiavik en el año 1978) acentúa los contrastes en esta película. Brilla el sol en un cielo limpio; los interiores y exteriores son pulcros, las líneas y colores harmoniosos; los hombres y mujeres -nórdicos- , tienen casi todos ellos la tez, el cabello y los ojos claros. Eso es lo que vemos en principio. Gente “normal”, no sin sus conflictos. Atli es el hijo treintañero de Inga y Baldvin que regresa al hogar de sus padres cuando su pareja le echa de casa; Atli luchará por la custodia compartida de la hija que tienen en común. Eybjorg y Konrad, vecinos de Inga y Baldvin, se quejan del árbol del jardín de estos últimos que arroja demasiada sombra sobre su parcela. E Inga y Baldvin les advierten a su vez de que ellos no tolerarán que el perro de aquellos corretee por su jardín. Conflictos que sin duda podrán resolverse, siempre y cuando medie la cordura. Y es ahora cuando el director (junto a su co-guionista Huldar Breiofjöro) introduce el conflicto más poderoso y más determinante para el desenlace de la película. La reciente pérdida del segundo hijo de Inga y Baldvin planea sobre los ánimos de ellos y de Atli. Baldvin y Atli se esfuerzan por asumir esa pérdida pero a Inga le ha abandonado el juicio a causa de su dolor. Las palabras, acciones y actitudes de Inga, con una evidente enajenación, sacarían de sus cabales a cualquiera.

Sin embargo, esta película no trata de buenos y malos, ni de locos y cuerdos. Somos nosotros mismos. Todos podemos perder la cordura en algún momento, algunos rápidamente, otros únicamente después de pasar por muchos infortunios. Y cuando se encadenan las situaciones propicias para ello, como hábilmente ocurre en Buenos vecinos, la autodestrucción nos espera.

Buenos vecinos se distribuye en algunos países con el título en inglés Under the Tree. Si tienen la oportunidad, no duden en juntarse “bajo el árbol” con estos vecinos, pero manténganse alertas y a cierta distancia, por si acaso.

Diana Shoffstall

Hotel Salvación. La inefabilidad de la vida

La India es un país de números astronómicos. Su población asciende a más de 1.364.378.000 de personas (casi 30 veces la de España, y el segundo país más poblado del mundo, detrás de China). Ocupa un área de más de 3,287 millones de kilómetros cuadrados (España apenas pasa del medio millón). Además, la industria cinematográfica de la India -popularmente conocida como Bollywood– es la más prolífica del mundo (los Estados Unidos ha caído al tercer lugar, detrás del cine de Nigeria que ha pasado a llamarse Nollywood) y los espectadores nacionales de los más ávidos y fieles.

Hotel Salvación (Mukti Bhawan, en hindi) es una de las más del millar largo de películas producidas en la India cada año, pero no contiene ninguna escena musical a gran escala, algo que muchos espectadores asociamos con las películas hechas en BollywoodHotel Salvación es una película tranquila sobre una familia tradicional de clase media cuyos miembros deberán afrontar el anuncio inesperado pronunciado por Daya. Daya es el abuelo de 77 años cuyos sueños le presagian su inminente fallecimiento. Comunica a su familia que viajará a Varanasi (Benarés), ciudad sagrada situada a orillas del río Ganges, para terminar sus días y preparar su muerte. Rajiv, su hijo, no tendrá más remedio que acompañar a su padre.

A continuación el espectador es invitado a observar el transcurso de la vida de los huéspedes y sus acompañantes -especialmente Daya y Rajiv- del hostal llamado Hotel Salvación, un establecimiento al que acuden las personas que buscan sosiego antes de su reposo definitivo. La relación de Daya y Rajiv -tensa cuando los conocemos, cargada de pequeños resentimientos y malentendidos no aireados- se relajará bajo la influencia del entorno. El espectador no ha de hacer otra cosa que observar  y aprender. Y si observa a conciencia, aprenderá mucho. Constataremos la devoción de los hindúes y asistiremos a sus rituales. Participaremos en costumbres y gustos culinarios. Contrastaremos el papel de hombres y mujeres en esta franja de la sociedad india. Viajaremos utilizando el transporte colectivo. Compartiremos con Rajiv las preocupaciones por su trabajo. Disfrutaremos de los colores y de los sonidos de esta cultura milenaria. Y asumiremos la muerte, recordando las sucesivas escenas, cada cual más entrañable y enriquecedora que la anterior.

El director de Hotel Salvación es el jovencísimo Shubhashish Bhutiani, un graduado del School of Visual Arts de Nueva York. Hotel Salvación es su primer largometraje. Tiene sólo 27 años. Un buen comienzo.

Hotel Salvación se estrenó en los cines de España el pasado día 24 de agosto.

Diana Shoffstall

Happy End. ¿Un final feliz para quién?

Del cine de Michael Haneke se han dicho muchas cosas. No deja imparcial a nadie, ni a críticos ni a espectadores. Las películas de este veterano y multipremiado director y guionista austriaco de 76 años (nacido en Alemania) son desafiantes e incómodas. Son un reto para el espectador. Nos azuzan. Véanse, a modo de ejemplo, La pianistaCaché (Escondido)Funny games (Juegos divertidos)La cinta blancaAmor.

En Happy End, Haneke posa su mirada sobre una familia de la alta burguesía de Calais. La actual responsable del negocio familiar de construcción y promoción inmobiliaria es Anne, hija de George, viudo y el patriarca de la familia. Anne quiere que su hijo Pierre siga sus pasos y sea el próximo gerente de la empresa. Completa la familia Thomas, hermano de Anne y su joven segunda mujer y su bebé. Comparten un enorme chalet de varias plantas y alas, atendidas -casa y familia- por un matrimonio de magrebíes. Y entonces llega la niña Eva, que está a punto de cumplir 13 años. Es hija de Thomas, fruto de su primer matrimonio y prácticamente una desconocida para la familia. La madre de Eva está en coma, moribunda, debido a una sobredosis.

Lo mismo se podría decir de esta familia autodestructiva cuando se vuelven a encender las luces de la sala. La generación dominante es representada por Anne y Thomas; cada uno de ellos vive en una burbuja de autocomplacencia. Se creen invencibles y poseedores de la verdad. Son incapaces de reconocer que su soberbia y sus míseras muestras de afecto son la causa de la infelicidad de sus hijos y el alejamiento consciente y deliberado de su padre. Haneke invade estas vidas, las trocea y nos las sirve mediante escenas cortas y ambiguas, que no resuelven sino que multiplican las incógnitas.

Así es, una verdadera vivisección de los miembros de una familia, componentes a su vez de un estrato de la sociedad que, bajo la lupa de Haneke, exhibe sus entrañas a un público al que le repugnan y le seducen al mismo tiempo, quizás reconociendo, con alguna incomodidad, rasgos comunes en su entorno.

Los hermanos Anne y Thomas están atrapados en su mundo; proceden con paso firme, sin titubeos, ciegos a los daños colaterales que dejan en su estela. Por el contrario, su padre George aspira a abandonar esa existencia que ha dejado de tener sentido para él. Eva, la nieta desconocida, puede ser su aliada o no.

Jean-Louis Trintignant, con sus 87 años, es George, y es un placer ver a este veterano actor quien, con el dominio absoluto de su oficio, nos induce a sentir simpatía hacia el abuelo. Trintignant no lo vemos a menudo en el celuloide ahora; su última película era Amor también de Haneke. Entre una y otra película -2012 y 2017- Trintignant tuvo su aparición en el documental Michael H. Profesión director sobre, quien si no, Michael Haneke.

Los demás actores intervinientes en Happy End ejecutan sus papeles con acierto, entre otros: Isabelle Huppert como Anne, Franz Rogowski como su hijo Pierre, Mathieu Kassovitz como Thomas, y Fantine Harduin como la joven Eva. A Fantine Harduin, una actriz belga con solo 13 años de edad, le espera sin duda un brillante futuro en el cine. En Happy End, Eva-Fantine Harduin nos podría recordar a la hija de nuestro vecino, estudiante en el instituto y cuidadora de gatos ajenos cuando sus dueños están de vacaciones. Eso, si no fuera por la impasibilidad de su mirada. Y una última mención para Isabelle Huppert, una actriz que sobresale como pocas en el cine francés y europeo . Su mirada también es elocuente. Su mirada en la última escena de la película, una mirada fugaz, que en menos de un segundo transmite incredulidad y miedo, mucho miedo ante el futuro que espera.

Happy End aún la podemos ver en los cines de España. Su estreno fue el pasado día 20 de julio.

Diana Shoffstall

No te preocupes, no llegará lejos a pie. Pero llegará, paso a paso, peldaño a peldaño

La discapacidad sobrevenida puede llevar a la persona que la padece a sumirse en un mundo reducido, limitado y monocolor o puede que el afectado encuentre un camino a un nuevo cosmos luminiscente, expansivo y gratificante. En todos los casos, media el antes y el después.

Resultado de imagen de imagenes de No te preocupes, no llegará lejos a pieJohn Michael Callahan era alcohólico desde una edad temprana y con 21 años su coche se estrelló en una noche de juerga con un compañero de copas. Quedó tetrapléjico y, aunque después de muchas y durísimas sesiones de rehabilitación pudo recobrar movilidad en una silla de ruedas eléctrica, seguía bebiendo. Pero el más profundo de los abismos ha de acabarse. Dejó de beber y descubrió su talento para el dibujo. Quizás John Callahan también había descubierto ese nuevo cosmos.

La película de Gus Van Sant (El indomable Will Hunting, ElephantMilk) está basada en el libro autobiográfico  Don’t Worry, He Won’t Get Far On Foot que escribió John Callahan en 1989 (el título también de esta película, traducido al inglés). Van Sant retrata al joven Callahan en los meses previos al accidente -pendenciero, sin rumbo, bebedor- y su escalada posterior desde el infierno a la redención. John nunca perdió su causticidad pero pudo canalizarla a través del dibujo.

El gran Joaquín Phoenix es la cara y cuerpo de John Callahan, y durante la mayor parte de la película deberá proyectar su poderío como actor desde una silla de ruedas. Una nueva manifestación del talento de este actor en toda su plenitud a los 43 años. Y lo que le queda. Rooney Mara (The Girl with the Dragon TattooCarol) es Annu, la joven sueca que trabaja en una línea aérea y es voluntaria en el centro de rehabilitación al que acude John. La constancia y el cariño de Annu constituyen los primeros peldaños de la escalada. (Desde hace unos años Joaquín Phoenix y Rooney Mara son pareja en la vida real). Pero es Donnie (Johan Hall), un joven millonario, gay, superviviente él mismo de adicciones, un hombre también dañado pero conductor de sesiones de terapia alternativa (que quizás sean para él lo que el dibujo será para John), y que consisten básicamente en que Donnie dice las cosas como son y no admite excusas, quien le empujará a John a superar los últimos escalones. La interpretación de Jonah Hill (nominado al Óscar como mejor actor de reparto por sus papeles en MoneyballEl lobo de Wall Street) es simplemente magistral.

Los dibujos de John Callahan aparecieron en el Willamette Weekly de Portland, Oregón durante 27 años hasta la muerte de John en julio de 2010. El Willamette Weekly publicó entonces que John Callahan había dicho en alguna ocasión que “La comedia es el arma principal que tenemos para luchar contra ‘El Horror’. Con la comedia podemos dar un golpe incluso a la muerte”.

Sin exageraciones ni histerismos, con un poco de humor y mucha humanidad, Gus Van Sant nos cuenta esta historia, nos relata esta vida y salimos contentos del cine porque también en esta película hay algo de un nuevo cosmos luminiscente, expansivo y gratificante.

No te preocupes, no llegará lejos a pie llegó a las pantallas de España al principio de julio; aún esté en la cartelera de diversos cines.

Diana Shoffstall

Hereditary. Mirando la vida desde ambos lados

Hereditary es un buen título para esta película. Una de las acepciones de la palabra hereditaria, según el Diccionario de la Lengua Española, reza como sigue: Dicho de una inclinación, de una costumbre, de una virtud, de un vicio o de una enfermedad: Que pasa de padres a hijos.

Resultado de imagen de imágenes de hereditary la películaSí, señor, muy apropiado el título aunque no es, digamos, muy original. Como tampoco es muy original la trama de Hereditary, película escrita y dirigida por el estadounidense Ari Aster. Hereditary es la ópera prima de este joven cineasta de poco más de 30 años de edad. Tiempo ha para que perfeccione su técnica. Aunque ciertamente este film se ha anunciado con titulares bastante llamativos: “la película del terror del año”, “lo más terrorífico que verás este año”, “pesadillas garantizadas”, “el último grito en cine del terror”, …

Son opiniones, claro está. Esta espectadora personalmente no es fan del género del terror. Un buen thriller psicológico me causa mucho más desasosiego que monstruos, apariciones sobrenaturales o gore. Y Hereditary hace gala de estos elementos. Nos encontramos con la familia Graham que asiste al funeral por la defunción de la abuela, la madre de Annie (Toni Collette). Las palabras de Annie ante los asistentes al funeral no dejan lugar a dudas. Su madre sufría de serios trastornos mentales. El padre de Annie murió joven de inanición. Y el hermano de Annie se suicidó. Una herencia atroz. Enfermedad que pasa de padres a hijos. O de madres a hijas. Porque Annie muestra claros signos de desequilibrio también (es miniaturista, una creadora de escenas cotidianas en miniatura, recreando la vida al detalle, su propia vida, incluyendo la muerte de su madre, …). Y su hija adolescente Charlie (Milly Shapiro) es, cuando menos, un personaje inquietante. Su marido Steve (Gabriel Byrne) parece un buen hombre, esposo y padre, pero su “normalidad” es ineficaz frente al legado siniestro que impregna su hogar. Y finalmente tenemos a Peter (Alex Wolff), con edad suficiente para conducir pero aún un adolescente que no puede olvidar el incidente de sonambulismo (según Annie) que casi terminó con su vida hace años.

No, las cosas no están bien en el seno de la familia Graham y empeoran hasta la extinción total de todos ellos en esta vida. Aunque en otra vida … ¿Quién sabe? Y todo lo malo pasa sin que esta espectadora se inmuta. Es que este género me deja fría, por lo general. Los actores Toni Collette y Gabriel Byrne siempre me han gustado. Estos veteranos habrán tenido sus razones para unirse a esta película. Se podría entender más a los jóvenes Alex Wolff y Milly Shapiro. Es el debut cinematográfico de Milly Shapiro quien, con tan solo 16 años, ya ha forjado una reputación en el teatro como actriz y cantante. Alex Wolff ha trabajado tanto en cine como en televisión con su hermano con quién también formó una banda, pero Hereditary es quizás su proyecto más ambicioso hasta la fecha. Y lo cierto es que el físico de ambos jóvenes es llamativo y Hereditary es un buen escaparate para ellos.

Eso sí, deben esperar los créditos al final de la película para escuchar lo mejor: la canción Both Sides Now de Joni Mitchell, cantada por Judy Collins.

I’ve looked at life from both sides now 
From up and down, and still somehow 
It’s life’s illusions I recall 
I really don’t know life at all

En definitiva, para gustos, colores. Hereditary no me ha gustado. No es de mi color favorito.

Hereditary se está proyectando en la actualidad en los cines de España.

Diana Shoffstall

Nadie nos mira. Ser o no ser

La película argentina Nadie nos mira dirigida por Julia Solomonoff y co-producida por, entre otras, la compañía Miss Wasabi que lidera Isabel Coixet, quizás pase inadvertida por muchos espectadores. Sería una pena, pues este largometraje posa la mirada, realista que a la vez compasiva, sobre las personas que anhelan el reconocimiento profesional y la felicidad personal y que los buscan activamente, incluso más allá de su entorno familiar y las fronteras de su país de origen, y que se abocan al fracaso hasta que consigan reconciliarse consigo mismo.

Resultado de imagen de imágenes película nadie nos miraNico Lenke (interpretado por Guillermo Pfening) es un actor argentino famoso en su país que no puede pasar por la calle sin que la gente le aborde. Se traslada a la ciudad de Nueva York, donde es un don nadie -él afirma a todos que está en tratos con una productora para una película importante con un elenco internacional- , e intenta salir adelante. Vive en casa de una joven -el sofá se convierte en cama y cualquier mueble sirve para colgar su ropa-, y es testigo forzoso de las relaciones de su casera y su novia.  Una amiga suya, una argentina casada y afincada en la ciudad, le pide que cuide a su bebé Theo mientras ella y su marido trabajan. Nico dice en principio que no, pero finalmente aceptará los dólares que le ofrecen por su ayuda. Se gana un poco de dinero por aquí y por allá, camarero y vendedor de arboles de Navidad, mientras espera su oportunidad. También hurta productos del supermercado, escondiendo los artículos entre los bártulos que lleva consigo cuando está al cuidado de Theo. Se presenta a los castings para latinos y le rechazan porque es rubio. Cuando no puede más, cuando la frustración puede con él, Nico acudirá a los ámbitos gays para desfogarse.

Porque Nico es gay, porque es un latino rubio, porque es una estrella en su país y nadie en Nueva York, porque él dice que prueba fortuna en la Gran Manzana pero en realidad él huye de la Argentina y del productor que le hizo famoso -un hombre casado y con familia- y que también es su amante y verdugo.

Nico está encaminado al fracaso porque no reconoce su propio ser. No vamos a desvelar el final de la película -vayan a verla por favor-, pero sí podemos decir que el éxito y la felicidad sólo se pueden conseguir cuando uno está en paz consigo mismo.

Julia Solomonoff sabe de lo que escribe (es co-guionista de este film). Estudió cinematografía en la Universidad de Columbia en Nueva York y actualmente es profesora en la misma institución. Su trayectoria en EE.UU. no es exactamente equiparable a la de Nico en Nadie nos mira, pero sin duda conoce la ciudad y sus habitantes, tanto los residentes de toda la vida como los inmigrantes. Su retrato de Nico nos emociona. Queremos que triunfe. La tarea es difícil si no imposible. El supermercado que frecuenta Nico con Theo está blindado con cámaras de seguridad. Pero, como él confiesa a su amiga, la madre de Theo: “Nadie nos mira”.

Nadie nos mira estuvo nominada como mejor película internacional (2017) en los festivales de cine de Tribeca y de Gijón. Los actores elegidos para este largometraje, no siendo especialmente conocidos, cumplen con creces y sus personajes se tornan todos auténticos y reales. Guillermo Pfening como Nico está espléndido. Su interpretación fue premiada en Tribeca.

Cuánto más pienso en Nadie nos mira, más me gusta. Repito, vayan a verla. Seguramente lo mismo les pasará a ustedes.

Nadie nos mira la podemos ver actualmente en los cines de España.

Diana Shoffstall