Las criadas. Cuando la desigualdad y la desesperanza desembocan en locura

Las criadas es una de las obras tempranas del novelista, dramaturgo y poeta francés Jean Genet (1910-1986). Se estrenó en París en 1947 y fue escrita por Genet estando él en la cárcel, pues la primera mitad de la vida de Genet no fue fácil. Hijo de una joven prostituta y de padre desconocido, su infancia y su primera juventud la pasó en instituciones y casas de acogida. Pronto el joven Genet se entregó a la delincuencia, e incluso a la prostitución, y encadenaba estancias en prisión que podrían finalmente haber terminado en una cadena perpetua si no hubiera sido por la intervención de personas como Sartre, Picasso, Cocteau y otras que hicieron presión para obtener el indulto. Y es que Genet utilizaba sus períodos de reclusión para escribir sus primeras poemas, novelas y ésta, Las criadas, su primera obra de teatro que toca los temas que son cercanos a Genet: la lucha de clases y la desigualdad, los privilegios de las clases pudientes y el desamparo de los pobres.

No photo description available.En Las criadas conocemos a las hermanas Clara y Solange, las criadas domésticas de una gran señora a quien odian y envidian por partes iguales. Estando la señora fuera de casa, Clara y Solange toman posesión de la alcoba y posesiones fastuosas de la dama y planean cómo pueden terminar con la vida de ésta y liberarse de esa tiranía y desidia que rigen sus días. La vida de las hermanas ha transcurrido en la pobreza y el desprecio y ellas están sumergidas en el fango de un submundo. Sus fantasías pronto se apoderarán de ellas. La razón irá poco a poco desapareciendo de su discurso y será sustituida por una locura creciente.

Las criadas en esta ocasión es una producción de Kallisté Teatro para la sala El Corral de Lope en Madrid. Kallisté Teatro se anuncia como una “compañía libre, experimental e independiente de teatro”. Su montaje de Las criadas es espléndido para este espacio reducido. Y los tres actores sobre el escenario (dos mujeres y un hombre aquí; los personajes de la obra son interpretados indistintamente por mujeres y hombres) no son menos espléndidos. Isolina Cerdá es Clara, Eva Pego encarna a Solange y Francisco Montejano asume el papel de la señora. Las tres interpretaciones son soberbias, si bien yo destacaría sobre todo la de Isolina Cerdá como Clara. Desgarradora. En definitiva, una obra que hipnotiza al público. El espectador queda atrapado en el torrente de palabras y emociones de Clara y Solange y de su señora y respira con alivio cuando finalmente cae simbólicamente el telón.

La sala El Corral de Lope la encontraremos al fondo del local madrileño de Modus Operandi , que se define como “una empresa de gestión cultural que aúna … la actividad creativa” y que incluye una galería de arte, un editorial y un espacio para las artes escénicas. Ese espacio -El Corral de Lope- es una acogedora sala -el aforo es limitado- idónea para obras íntimas.

Las criadas la podemos ver los sábados, por lo menos hasta finales del mes de febrero. Consultad la página web de Modus Operandi para toda la información sobre la programación de El Corral de Lope.

http://www.artemodusoperandi.com/elcorraldelope.php

Diana Shoffstall

Parque Lezama. Un enorme talento desplegado en un pedacito de un parque en un rinconcito de Buenos Aires trasladado a Madrid

Dos ancianos sentados en un banco de un parque urbano conversan, se reprochan, discuten, acuerdan una tregua. Y así una y otra vez, cimentando una amistad y compartiendo las horas del día y sus vidas con los espectadores que abren sus corazones a estos entrañables personajes.

Herb Gardner (1934-2003), aparte de ser durante unos años el marido de la actriz y cantante Rita Gardner, era un cotizado y afamado guionista y dramaturgo neoyorquino. Su obra de teatro I’m Not Rappaport, sobre dos ancianos sentados en un banco en el conocidísimo Central Park de la metrópoli que le vio nacer, llegó a Broadway en el año 1985 y fue aclamada tanto por el público como por la crítica (tres premios Tony, incluyendo el premio a la mejor obra).

El no menos cotizado y afamado guionista y director de cine y de teatro, Juan José Campanella, nacido en Buenos Aires en 1959 y conocido sobre todo por sus películas, tales como El hijo de la novia  (2001), El secreto de sus ojos (2010 y ganadora de un Óscar y un Goya, como mejor película de habla no inglesa y mejor película iberoamericana), o la más reciente El cuento de las comadrejas de este mismo año, adaptó la obra de Gardner y la estrenó en el Teatro Liceo de Buenos Aires en 2013 con el título Parque Lezama (un parque emblemático de Buenos Aires) y con dos grandes actores argentinos como lo son Luis Brandoni y Eduardo Blanco en los papeles protagonistas. La obra arrasó en Argentina y lo está haciendo también en Madrid.

Parque Lezama/I’m Not Rapapport es una comedia, desde luego. Los diálogos son realmente hilarantes. Por un lado tenemos a León Schwarz (Luis Brandoni), que se resiste a conformarse con su realidad. Es un cuentista simpático que no duda enredar a los de su entorno en sus historias inventadas. Su compañero de banco es Antonio Cardoso (Eduardo Blanco), algo cascarrabias, que prefiere no salirse de la zona de confort de su cotidianidad. Pero la obra es mucho más que una comedia. Retrata a dos personas cuyos caracteres son opuestos y sin embargo comparten la vejez y su invisibilidad en la sociedad actual. Son presionados por los más jóvenes que les tratan como niños y se creen con el derecho de tomar decisiones por ellos. Están expuestos a la violencia y peligros de la ciudad. Aún así, son sobrevivientes llenos de experiencia y sabiduría y seguirán sobre su banco del parque haciéndose -y haciéndonos- compañía.

¿Qué decir del veteranísimo Luis Brandoni (79 años de edad) y el “joven” Eduardo Blanco (solamente tiene 61 años)? Pues simplemente que son dos actores excelsos. Ambos han trabajado con Campanella en el cine y es posible que Campanella versionó la obra original para el público de lengua española (no me atrevo decir lengua castellana ya que es un español “argentino” de lo más lindo y contagioso) pensando en ellos. Siendo como fuere, son magníficos los dos. Muy llamativas la “transformación” de Eduardo Blanco en el encorvado y cegato Antonio Cardoso y la agilidad física de Luis Brandoni en el papel de León Schwarz. Ambos secundados por otros cinco actores que completan el elenco sobre un escenario que evoca un rincón de un bonito parque a la perfección.

La ovación del público en pie lo dice todo. Aprovechen estos días del final del año 2019 y el comienzo del año 2020 para ver Parque Lezama. No se arrepentirán.

Parque Lezama estará sobre el escenario del Teatro Fígaro de Madrid hasta el 12 de enero de 2020. Para más información sobre las funciones de esta obra y la demás programación del Teatro Fígaro (Twitter: @clubsmedia), consulten la página web:  https://gruposmedia.com/teatro-figaro/

Diana Shoffstall

Esperando a Godot. Godot no vendrá pero disfrutará el espectador de una magnífica obra del teatro del absurdo

¿Quién no ha oído hablar de Esperando a Godot? Muchos de nosotros seguramente podremos dar pistas sobre esta obra, una de las más representativas del teatro del absurdo, escrita por Samuel Beckett (nacido en Dublín en 1906 y fallecido en 1989 en París), que fue reconocido por sus obras escritas (no solamente teatro, sino también novelas, cuentos, poesía, ensayos, …), siendo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1969. Beckett escribió esta obra a finales de los años 1940, después de la Segunda Guerra Mundial y al comienzo de la Guerra Fría que enfrentaba a los países del Occidente (léase los Estados Unidos y sus aliados) y los del Este (la Unión Soviética y los países de su zona de influencia). Un mundo en transición. Un mundo absurdo. Un mundo en el que muchas cosas no tenían sentido para la mayoría de las personas que vivían bajo un paraguas de fuerzas fuera de su control.

Es magnífica esta Esperando a Godot. Dirigida por Antonio Simón, el elenco es espléndido, y la puesta en escena evocativa. Unos raíles en desuso cerca de una estación de tren. Un solitario y raquítico árbol. Y dos amigos, dos amantes, dos sin techo, mayores ya (su relación dura unos 50 años) se encuentran. Vladimir y Estragon (o Didi y Gogo, como ellos se nombran afectuosamente). Y esperan. Esperan a un personaje que se llama Godot aunque no sabemos quién es Godot ni porque le esperan. Y mientras esperan, Didi y Gogo pasan el rato hablando de sus cosas (de los zapatos de Gogo que son demasiados pequeños, de los problemas de vejiga de Didi) y de la vida, sin ton ni son. La aparición de Pozzo, un hombre aparentemente de bien, junto con su criado-esclavo Lucky, con una cuerda atada a su cuello y llevado por Pozzo como si fuera un perro, romperá la monotonía de sus días y sus discursos. (Lucky, una palabra anglosajona, significa afortunado o suertudo; Beckett escogió este nombre absurdo con esmero). Pero Pozzo y Lucky se van y solamente queda esperar, hasta la aparición de un muchacho que dice tener un mensaje de Godot, que hoy no vendrá, que seguramente vendrá mañana.

Fin del primer acto de los dos de la obra. Agradecemos a Beckett que se limitase a escribir su obra en solamente dos actos, pues el segundo es una repetición del primero. Didi y Gogo se encuentran, esperan, hablan de naderías, especulan. Nuevamente pasarán por el lugar Pozzo y Lucky y, como el día anterior, se irán dejando a Gogo y Didi solos, esperando, hasta que se repite la aparición de un muchacho para anunciar que tampoco vendrá Godot hoy, sin duda lo hará mañana. ¡Qué absurdo es todo!

Y, reitero, ¡qué magnífica es esta obra! Nos encariñamos con Gogo y Didi y quedamos tan perplejos como ellos ante los personajes de Pozzo y Lucky. Beckett ideó su obra como una tragicomedia de la condición humana en ese período histórico de la posguerra. Tanto la tragedia como la comedia son aparentes para el público. La tragedia de vidas que transcurren en un bucle de monotonía y falta de voluntad para cambiar de rumbo. La comicidad de las situaciones y los diálogos absurdos que provocan nuestra risa, algo nerviosa. Quizás deberíamos llorar.

Todos los actores son formidables: Pepe Viyuela (Estragon), Alberto Jiménez (Vladimir), Juan Díaz (Lucky), Fernando Albizú (Pozzo) y Jesús Lavi (el Muchacho). Los primeros cuatro son veteranos del teatro, cine y televisión y Jesús Lavi es un nuevo valor que abre camino con seguridad y talento. Viyuela y Jiménez son los grandes protagonistas y su complicidad es total. Se complementan a la perfección. Uno más alto, otro más bajo. Diferentes pero unidos en sus destinos y su afecto, el uno por el otro. Fernando Albizú es un hombre grande, fuerte. Ignoro si para la caracterización de Pozzo el equipo de vestuario han añadido relleno a su abdomen. En todo caso, su físico (el suyo propio o el aumentado) también juega un papel importante en la obra. En el segundo acto Pozzo es, inexplicablemente, ciego y su caída sobre los raíles y sus retorcimientos para levantarse son épicos. Y, finalmente, Juan Díaz nos ofrece una clase magistral sobre cómo estar en escena sin hablar (con la excepción de unos minutos de verborrea incoherente -absurda- que son aplaudidos por el público).

No pierdan esta Esperando a Godot. Godot seguramente no hará presencia pero disfruten con la de los actores que sí están sobre el escenario y se dan lo mejor de sí para el espectador.

Esperando a Godot se estrenó en el Teatro Bellas Artes de Madrid (Twitter: @TeatroBellasArt) el día 21 de noviembre y estará en cartel hasta el próximo 5 de enero de 2010. Para más información sobre esta obra, así como con respecto de la demás programación de Teatro Bellas Artes, consulten la página web:

https://www.teatrobellasartes.es/

Diana Shoffstall

Tardes con Colombine. La pasión y visión de una gran mujer

He de confesar, con bastante pudor, que desconocía quién era Carmen de Burgos -conocida popularmente con el seudónimo de Colombine- hasta hace un par de meses. Una joven amiga mía -Isabel Albertos Johnston- fue la encargada de ilustrar el libro “Cócteles de Colombine y otras bebidas modernas” de Descrito Ediciones que homenajeaba la figura de Carmen de Burgos (https://descritoediciones.com/product/cocteles-de-colombine-y-otras-bebidas-modernas-carmen-de-burgos-colombine/). Yo me preguntaba entonces: ¿Quién era Carmen de Burgos? y descubrí un personaje fascinante. Una mujer polivalente y valiente: periodista, escritora, traductora, conferenciante, maestra, activista en pro de los derechos de la mujer y hasta corresponsal de guerra (estuvo en Melilla durante la llamada Guerra del Rif). También amante de la buena cocina. Una mujer que vivió apasionadamente y que defendió sus principios hasta el final. (Almeriense de nacimiento, murió en Madrid en 1932 a los 64 años). Luchó toda su vida por la igualdad de la mujer en la sociedad española y fue castigada por ello. Al término de la Guerra Civil española, el nuevo régimen censuró sus libros y su nombre fue incluido en la lista negra de autores prohibidos. Sus libros fueron retirados de las librerías.

Después de esta introducción -algo larga- los lectores comprenderán que yo tendría mucho interés en ver Tardes con Colombine, de La Culebra Producciones, dirigida por Juan Carlos Talavera. Sobre el escenario dos mujeres: las actrices Carmen Sánchez Molina, como Carmen de Burgos (y también la responsable de la dramaturgia de la obra), y Luz Juanes, como la portera Dolores (y en alguna escena encarnando a María, la hija de Carmen de Burgos, o a la hermana de la escritora, o incluso a cualquier mujer anónima que asistía a una de sus conferencias). Carmen de Burgos (“la Sra. Carmen”) y Dolores son mujeres opuestas, por lo menos eso parece al principio. Carmen es una mujer independiente, progresista, feroz en su lucha por los derechos de la mujer y en su crítica de la sociedad que le rodea, dominada por los hombres y la iglesia católica. Dolores es una mujer analfabeta que se escandaliza ante los pronunciamientos de la Sra. Carmen. Dolores representa a la mayoría de las mujeres de la época: sumisas a sus maridos y a las instituciones, sin ambiciones y sin educación. Pero Dolores quiere poder leer las cartas que le envía su hijo mayor y le pide a la Sra. Carmen que le enseñe a leer y a escribir. Entre estas dos mujeres se creará un vínculo que les permitirá compartir sus historias, sus penas y sus esperanzas.

Y así, pasando de escena a escena, no siempre en orden estrictamente cronológico, llegaremos a conocer cada vez un poco más quién era Carmen de Burgos. Un matrimonio cuando ella tenía sólo 16 años, un marido infiel y desconsiderado, tres partos y tres bebés que fallecieron, el abandono de su hogar por parte de Carmen, su traslado a Madrid con su pequeña hija María, sus comienzos y su consagración como escritora, las tertulias en su casa (Carmen de Burgos se relacionó con Galdós, Blasco Ibañez, Juan Ramón Jiménez, Sorolla, Gregorio Marañón, entre otros), su idilio de muchos años con el mucho más joven periodista y escritor Ramón Gómez de la Serna (y la dolorosísima ruptura, cuando su hija María y Ramón se convirtieron en amantes), … Todo ello regado con la pasión con la que vivió Carmen de Burgos. A pesar de los obstáculos y de las críticas que recibía de algunos sectores de la sociedad, ella no desfallecía en su empeño de conseguir la emancipación real de la mujer.

La interpretación de las actrices nos cautiva, la utilización de la iluminación y los fondos con fotografías en blanco y negro es efectiva. Tardes con Colombine es una pequeña obra de gran calidad sobre una mujer que nunca debería caer en el olvido.

Podemos ver Tardes con Colombine en el Teatro Nueve Norte de Madrid (Twitter: @9NorteTeatro) los sábados a las 19:30 horas. Para toda la información sobre esta obra y demás programación de la sala, consulten la página web:

http://www.nuevenorte.com/

Diana Shoffstall

Locos de contento. Euforia y desolación. Una comedia grotesca para tiempos de crisis.

Locos de contento salimos los espectadores del Teatro de Las Aguas al término de esta obra del uruguayo Jacobo Langsner, puesta en escena por el español Diego Molero y protagonizada por los argentinos Camila Bertone y Gabriel Tortarolo. Contentos por haber pasado algo más de una hora en compañía de dos actores que nos han hipnotizado. Y es que Jacobo Langsner creó dos personajes allá por los comienzos de la década de los años 90 del siglo pasado con quienes podemos identificarnos casi treinta años después.

Jacobo Langsner tiene nada menos de 92 años. Aunque nació en Rumanía, llegó con solo 3 años a Uruguay con su familia. Desde hace años reside en Buenos Aires. Se considera “rioplatense” y que su obra también es “rioplatense”. En Locos de contento posa su mirada sobre el matrimonio formado por Claudia y Román cuya economía familiar está en las últimas y cuyas esperanzas se han avivado ante la inminente visita a su casa de un Senador de la Nación. Claudia intentará alentar a su marido e infundirle ánimos mientras Román no está para la labor. No tiene trabajo, están a punto de perder su casa y, si eso no fuera suficiente para hundirle, su hombría está en cuestión. Los primeros minutos de la obra están dedicados a la lastimosa situación a la que ha llegado el matrimonio ante la imposibilidad de Román de mantener relaciones carnales con su mujer. Por muy gracioso e ingenioso que ha sido el diálogo en estas primeras escenas, yo esperaba que hubiera algo más que contar, y así fue. Porque Claudia y Román finalmente se revelarán frágiles, aterrados y desesperados, no ya porque Román no pueda consumir el “acto”, sino porque se quedan sin recursos, la esperanza es efímera, el Senador de la Nación les abandona y ellos permanecen solos – Claudia y Román, una con el otro, al tiempo que aislados entre si, cada uno consigo mismo, ante un futuro sin duda incierto, quizás peligroso y sobretodo angustioso.

Al término de la obra, los actores han agradecido la presencia del público y han caracterizado la obra como una comedia “grotesca”, un género muy propio del teatro rioplatense y del que Jacobo Langsner ha sido un maestro. Su obra de teatro Esperando la carroza fue llevada al cine en 1985 por Alejandro Doria con el mismo título y se ha convertido en una película de culto en Argentina.

Comedia negra, tragicomedia o comedia grotesca, Locos de contento es una obra que merece la pena. Nos hemos reído y mucho y también nos hemos refugiado en las butacas de la sala ante la creciente tensión.

No sé si Camila Bertone y Gabriel Tortarolo son pareja o matrimonio de verdad, pero sobre el escenario y como Claudia y Ramón, son un tándem con un engranaje bien engrasado, una pareja en crisis en una sociedad en crisis. Y 10 puntos para la puesta en escena. Todo en blanco y negro, casi de modo simbólico, incluido el vestuario. Blanco y negro, dos extremos que capturan perfectamente los extremos de euforia y desolación de Locos de contento.

El Teatro de Las Aguas (Twitter: @teatrodlasaguas) ha sido todo un descubrimiento. Nos dijeron que hace ya unos cuatro años que el local se reformó y se presentó de nuevo a su público en el barrio de La Latina de Madrid. Su programación es variada y para todos los públicos e incluye espectáculos de pequeño formato (como son los monólogos) en la “cueva”.

Para toda la información sobre la programación del Teatro de Las Aguas, consulten su página web:

http://www.teatrodelasaguas.com

Diana Shoffstall

Usher. Un espectáculo de voluntades y mentes trastornadas en clave casi lúdica.

Teatro Karpas cambia de registro con Usher, una producción de la compañía invitada Studios Mirror. Dani Lardón es el cerebro detrás de esta producción (firma la dramaturgia y la dirección de la obra) y cuenta con la inestimable apoyo de la sala y de tres de los actores de la compañía de Karpas: Charo Bergón, Nacho Sirell y Javier del Arco.

Venta de entradas - Usher“La Caída de la Casa Usher” es un cuento de terror de Edgar Allan Poe. Los espectadores familiarizados con este cuento sospecharán que el título de esta obra –Usher– no es baladí. Efectivamente, en esta obra -mezcla de ilusionismo, terror y suspense, y utilización de prácticas dudosas de tratamiento de los psicóticos- la psiquiatra española Diana Lázaro ha “rescatado” un paciente (conocido como Usher) del londinense Hospital Real de Bethlam que data del siglo XIII. Más conocido como Bedlam (una palabra inglesa que significa manicomio), este hospital psiquiátrico arrastraba una reputación infame por el trato a los pacientes hasta los tiempos modernos. La Dra. Lázaro se propone a adentrarse en la mente de Usher para desentrañar la verdad sobre el asesinato de su familia que supuestamente él cometió y para ello involucrará al público para demostrar los secretos del subconsciente de Usher.

Charo Bergón es la Dra. Lázaro y conduce sus sesiones de “terapia” con una voz melosa, tranquilizando al público con palabras cargadas de su autoridad. Quiere llegar más y más lejos en sus “experimentos” y no duda en llamar al callado pero brutalmente eficaz enfermero (Javier del Arco) para someter al paciente a su voluntad. Usher es magníficamente interpretado por Nacho Sirell, ahora sumiso ahora astuto. ¿Quién es el psicópata? ¿Quién es el más avezado? ¿Quién ganará la apuesta?

En última instancia el público ganará. Solamente tiene que dejarse llevar y jugar este juego que entretiene, sorprende y, a veces, nos hace pegar un sobresalto.

Usher se está representando en Teatro Karpas los jueves a las 20,30 horas. Para más información sobre la programación de esta sala, cuya trayectoria data del año 1969, visiten su página web.

https://www.karpasteatro.com

Diana Shoffstall

Fedra. La incurable enfermedad del amor

El Teatro Karpas ha colocado una placa sobre la escalera que nos conduce al escenario y butacas. En ella, bajo el título de Fedra, leemos:

El Romanticismo que bebe en las fértiles aguas emocionales y estéticas del Medievalismo, recoge y transforma el salvaje trío que de la Grecia clásica le ha llegado. El triángulo pasional, Fedra, Hipólito, Marcelo, cobra tintes insospechados cuando se despoja de la intervención de los dioses.

Estas palabras son firmadas por Manuel Carcedo Sama, responsable de la dirección y dramaturgia de la versión romántica de Fedra que se ha estrenado hace unos pocos días en la sala madrileña.

Resultado de imagen de teatro karpasEn esta Fedra, Teseo, el esposo maduro de la joven Fedra, es un hombre de negocios que no se va a la guerra sino de viaje por asuntos profesionales. Hipólito, el hijo casi adolescente de Teseo de su anterior matrimonio y, por tanto, hijastro de Fedra, es aficionado a la caza pero también es un estudiante de los románticos. Su instructor es Marcelo, tan enamorado de la enseñanza como lo es de su alumno, que es objeto a la vez del deseo irrefrenable de Fedra. Y está también la omnipresente Ama: testigo de las mentiras, conocedora de los secretos, protectora de los inocentes y apaciguadora de las turbulencias. Pero el Ama finalmente es tan solo una persona al servicio de los demás. Ellos la quieren, pero no le escucharán y no podrá evitar el trágico desenlace.

Fedra ha fascinado a los poetas y dramaturgos a lo largo de los siglos: Eurípides, Séneca, Racine, Unamuno y muchos otros, desde antes de Cristo hasta nuestros días. Manuel Carcedo Sama ha trasladado esta historia de la incurable enfermedad del amor y de pasiones que pueden ser hasta delictivas hasta el período del Romanticismo, cuyos exponentes sobre todo dieron rienda suelta a los sentimientos en sus obras. Piensen si no en Bécquer, Víctor Hugo, Poe, Goethe, Schiller, Lord Byron, Mary Shelley, Keats, Jane Austen, Emily Bronté, Óscar Wilde … Este último fue juzgado por mantener relaciones íntimas con otro hombre y fue encarcelado por ello. Sin duda, este hecho histórico es el origen de la alusión del Ama; recela de Marcelo y de sus atenciones hacia Hipólito.

Pero es Fedra la figura central de la obra, una mujer consumida por el amor y la culpa. Marta Eguía, como Fedra, llena el escenario con su dolor desgarrador. Y está secundada por cuatro actores recurrentes de esta sala: Raúl Peñalba (Hipólito), Alberto Romo (Teseo), Jorge Peña Miranda (Marcelo) y Charo Bergón (Ama). Todos ellos, como es habitual, con sólidas interpretaciones de sus personajes.

Una vez más, con Fedra, Teatro Karpas cumple con su cometido de dar al público lo mejor de sí mismo, y el público responde, como no podría ser de otra manera, con sus aplausos.

Para más información sobre esta obra y la demás programación de Teatro Karpas, consulten su página web:

https://www.karpasteatro.com/

Diana Shoffstall

El amor médico. La ingeniosidad e inteligencia de la mujer que propone y dispone

¡Que nadie diga que el teatro clásico esté passé! La compañía de teatro Ensamble Bufo ha vuelto al escenario del Corral Cervantes este verano, nuevamente ofreciéndonos una versión de una obra de Tirso de Molina. (Los vimos el año pasado en el Corral Cervantes con una deliciosa versión de Don Gil de las Calzas Verdes). ¡Y que obra, damas y caballeros y queridos lectores! Nada más y nada menos El amor médico escrito por Tirso de Molina hace cuatrocientos años y escenificada por primera vez por esta compañía madrileña nacida en 2014 bajo la dirección de Hugo Nieto.

Resultado de imagen de cartel el amor médico corral cervantesEstamos en Sevilla, en casa de Jerónima, una joven estudiante de medicina. (Tirso de Molina, siendo un religioso de la Orden de la Merced, fue desde luego un adelantado de su época). Jerónima se ha quedado prendada del apuesto Gaspar, amigo de su hermano Gonzalo, pero Gaspar, que lleva un mes en la casa, no le presta atención. Gaspar, junto a su fiel criado Tello, finalmente deberá trasladarse a Portugal -por no decir huir- pues un asunto de amoríos en Toledo le persigue. Nuestra joven Jerónima, resolutiva y decidida, va detrás, acompañada de su también fiel criada Quiteria. Para el regocijo del público, la diversión continúa. Jerónima deberá idear estrategias cada vez más estrambóticas para lograr su objetivo, incluso se hace pasar por médico, el Doctor Barbosa, y también por una inventada Marta, hermano de éste. Gaspar -que es un enamoradizo por excelencia- recuerda el idilio de Toledo, se pregunta quien sería la misteriosa desconocida de Sevilla, se fija en la bella Estefanía, cuerpo presente en Portugal -la amada del tímido Rodrigo, amigo de Gaspar, quien sin embargo no osa profesarle su amor- . La bella Estefanía a su vez se siente cada vez más atraído por su médico el Doctor Barbosa. ¡Imagínense el enredo! Pero no desestimamos el ingenio de Jerónima y sus habilidades ¡hasta para hablar en portugués! Disfruten la final feliz y aplauden.

Disfruten toda la obra, una brillante adaptación cuya dramaturgia incluye versos de Tirso de Molina y versos nuevos de Alberto Gálvez. Un texto que enaltece la valía de la mujer y que cobra vida con las actuaciones de cinco grandes comediantes que también cantan, bailan y tocan instrumentos musicales, bajo la dirección musical de Miguel Magdalena, miembro fundador de la conocidísima compañía Ron LaLá. Nombremos a  los cinco: María Besant (Jerónima), Carlos Jiménez-Alfaro (Gaspar), Esther Isla (Quiteria/Estefanía), Dani Llull (Tello) y Jorge Muñoz (Gonzalo/Rodrigo). Ellos finalizan con una canción que recuerda y homenajea con mucho humor y respeto las muchas mujeres españolas que han sido pioneras, siguiendo la estela de nuestra ingeniosa e inteligente Jerónima.

El amor médico estará sobre el escenario hasta el 21 de septiembre. Corran, corran para no quedarse sin sus entradas.

Para toda la información sobre ésta y otras obras que podemos ver aún en el Corral Cervantes (Twitter: @Corral Cervantes) ubicado en la Cuesta Moyano de Madrid, consulten la página web:

Fiesta Corral Cervantes 2019

https://stageandscreenole.wordpress.com/2018/08/06/don-gil-de-las-calzas-verdes-una-comedia-de-enredos-clasica-triunfa-cuatro-siglos-despues/

Diana Shoffstall

La dama boba. Cada oveja con su pareja

La Fiesta Corral de Cervantes, el logrado homenaje a la creatividad literaria del Siglo de Oro, entra en la recta final de ésta, su tercera edición. La dama boba, de Lope de Vega, es un ejemplar exponente del teatro del Siglo de Oro. Una comedia de enredos, en ella los versos de Lope de Vega hacen piruetas para atrapar al espectador que sigue la acción trepidante de la obra con -nunca mejor dicho- grandes expectativas.

Resultado de imagen de cartel de la dama boba corral de cervantesLas hermanas Finea y Nise son aparentemente opuestas. Finea es la niña boba cuyas palabras y modales desesperan a su padre mientras que Nise es inteligente y reservada y desprecia las tonterías de su hermana. Los pretendientes les rondan pero pronto descubriremos que el amor es inconstante y que las apariencias no son fiables. Octavio, padre de las hermanas, consigue que Liseo se compromete en matrimonio con Finea sin que él conozca aún a su prometida. La bobedad de Finea le espantará a Liseo quien se sentirá irremediablemente atraído por Nise. Laurencio, poeta pobre, es aceptado como la pretendiente de Nise quien se cree enamorada de él, pero el mayor dote de Finea hace que Laurencio se acerca a la hermana boba. Lo que sigue incluye peleas entre las hermanas, cruces de sables entre Liseo y Laurencio y también entre Nise y Liseo, quebraderos de cabeza de Octavio, y la complicidad activa y/o el regocijo pasivo de los variopintos criados y cortesanos del entorno de los protagonistas, mientras Finea y Nise descubren nuevas facetas hasta ahora desconocidas de sus personas. Finea se mostrará valiente y firme y Nise se revelará tierna y sentimental. El amor vencerá. Cada oveja con su pareja.

La dama boba representada en el Corral de Cervantes es la creación de la compañía Clásicos on the road, dirigido por Antonio Alcalde (y que también encarna a Laurencio en la obra). Los seis miembros del elenco -cuatro hombres y dos mujeres- interpretan sendos personajes con la excepción de los actores que se ponen en la piel de Octavio y Finea. (Beatriz Morandeira destaca sobre todo por su interpretación como Finea). Hay que decir que el ritmo de la obra es muy rápido y no todos los espectadores tenemos la facilidad de comprender los versos clásicos. Pero la dinámica de la obra y el buen hacer de los actores logran que el público finalmente disfruta con la comedia.

Ya han finalizado las representaciones de La dama boba en el Corral de Cervantes, aunque seguramente seguirá de gira en otras localidades. Pero aún hay obras muy esperadas que podemos ver en la Cuesta de Moyano de Madrid. Hoy mismo se estrena El amor médico, obra de Tirso de Molina hasta ahora nunca representada sobre un escenario. El lazarillo de Tormes, que estuvo también en la anterior edición del Corral de Cervantes, asimismo está en la programación desde hoy. (Ver abajo el enlace a la reseña que se publicó en este blog el 9 de septiembre del año pasado). Y, entre otros espectáculos, Las mujeres sabias de Molière llegará al Corral de Cervantes en los próximos días.

Pueden consultar toda la información sobre esta 3ª edición de la Fiesta Corral de Cervantes en su página web:

http://www.corralcervantes.com/

https://stageandscreenole.wordpress.com/2018/09/09/el-lazarillo-de-tormes-el-picaro-por-antonomasia-hechiza-al-publico-en-este-espectaculo-protagonizado-por-dos-grandes-talentos/

Diana Shoffstall

La importancia de llamarse Ernesto. Las genialidades de Oscar Wilde sobreviven más de 100 años después

El irlandés Oscar Wilde (1854-1900) fue un escritor prolífico a pesar de que muriese a la temprana edad de 46 años. Muchas son las obras que Wilde ha legado a sucesivas generaciones de escritores, a los estudiosos y a los lectores, entre otras el relato En Fantasma de Canterville, su única novela El Retrato de Dorian Gray, el poema Balada de la Cárcel de Reading, y un largo etcetera.

Resultado de imagen de la importancia de llamarse ernesto teatro lara cartelUna de sus obras más queridas es, quizás, esta obra de teatro, La importancia de llamarse Ernesto, escrita a finales del siglo decimonoveno. Es una comedia de enredos: dobles vidas, un hermano ficticio, identidades erróneas, mujeres fantasiosas, una alta sociedad que premia sobre todo las “referencias”. La historia gira en torno a Jack Worthing, que reside en el campo. Aunque carente de “referencias”, es tutor de la joven y rica Cecily Cardew. Jack se inventa un hermano algo canalla, Ernesto, para justificar sus escapadas a Londres. “Ernesto” y su amigo Algernon Moncrieff son extravagantes y muy atractivos. Tanto que Gwendolen Fairfax, hija de la formidable Lady Bracknell, se enamora de “Ernesto” y él la corresponde. Lady Bracknell, por supuesto, se opone a un matrimonio con un joven sin “referencias” y Jack/”Ernesto” no tendrá más remedio que intentar desenredar el enredo. Todos terminan en la casa de campo de Jack Worthing. Gwendolyn se escapa de su casa en Londres para unirse con “Ernesto” (sin que él lo sepa), Lady Bracknell le sigue a su hija, Algernon quiere saber qué pasa en el campo y quién es esa joven Cecily. No se le ocurre a Algernon nada más oportuno que presentarse en la casa de campo, haciéndose pasar por “Ernesto”, el hermano de Jack. Pronto se descubrirá que Cecily está locamente enamorada de ese “Ernesto”, algo canalla, hermano de su tutor, y, como no, Algernon se queda prendado de Cecily. Y ahora sabemos porque es tan importante llamarse Ernesto. Las jóvenes Gwendolyn y Cecily identifican a sus amados como “Ernesto”, el honesto Ernesto, y nadie se llama Ernesto en realidad.

Como es de esperar, hay más vueltas de tuerca y descubrimientos sorprendentes hasta el final que es, por supuesto, satisfactorio para todos los personajes y también para los espectadores. No es fácil que la sutileza del lenguaje y juegos de palabras empleados por  Oscar Wilde traspasen la barrera de la traducción a otro idioma. Pero esta obra, versionada y dirigida por Ramón Paso, no está nada mal. Y ha acertado con una estética que combina trajes de finales del siglo 19 con deportivos de colores. El diario en el que Cecily vuelca sus imaginaciones románticas es un tablet. Si bien, antes de levantar el telón, la música de Gilbert & Sullivan nos acompañaba, durante la obra suenan temas pop. (Gilbert y Sullivan fueron afamados libretista y compositor de numerosas operetas durante la época Victoriana; una amiga británica tuvo la gentileza de llamar mi atención sobre estas melodías previas).

Un texto divertido, sí, y una dirección y escenografía más que aceptables. Es una pena que algunas de las interpretaciones son muy flojas. Lady Bracknell es un personaje fuerte, con carácter, sus declaraciones y pronunciamientos son contundentes. Esto sobre el papel. Desafortunadamente, la actriz que interpreta Lady Bracknell no transmite la esencia de su personaje. Los jóvenes actores que interpretan a Jack Worthing y a Algernon Moncrieff son algo mejores (mejor aún el actor que encarna al Reverendo Chasuble que aparece en las últimas escenas de la obra), pero son las chicas que brillan: Ana Azorín como Cecily Cardew, Inés Kerzan como Gwendolen Fairfax y una estupenda Ángela Peirat como la omnipresente y sagaz criada Señorita Lane.

Aún con este “pero”, ésta La importancia de llamarse Ernesto es una obra para pasarlo bien. El teatro estaba lleno, y eso que estamos en pleno período de vacaciones estivales.

Las obras de la compañía Pazoazorín Teatro, responsable de esta producción, son habituales en el Teatro Lara. Aparte de La importancia de llamarse Ernesto, actualmente podemos ver Lo que mamá nos ha dejadoBesARTE, mimART y follARTE. Esta espectadora vio esta última obra en Sala Intemperie hace unos meses:

https://stageandscreenole.wordpress.com/2019/01/27/besarte-mimarte-follarte-mejor-aun-dejarte/

La importancia de llamarse Ernesto estará en cartel hasta el 29 de septiembre. Consulten la página web del Teatro Lara (Twitter: @teatrolara) para toda la información sobre esta obra y la demás programación en sus dos salas.

http://www.teatrolara.com

Diana Shoffstall