El zoo de cristal. Una producción frágil que se ha roto

Tennessee Williams, el gran dramaturgo estadounidense (nació en 1911 y falleció en 1983 a punto de cumplir 72 años), fue el autor de obras tan inolvidables como Un tranvía llamado deseoLa gata sobre el tejado de zincDulce pájaro de juventud o La noche de la iguana. Manuel Galiana, un gran actor español y empresario de teatro (Premio Nacional de Teatro 1998 y Premio de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2014), ha cumplido 77 años, y su compañía de teatro Madrid Teatro ya tiene una andadura de casi tres lustros.

Resultado de imagen de imágenes de El Zoo de Cristal en estudio2En Teatro Estudio2-Manuel Galiana hemos podido disfrutar de buen teatro a lo largo de estos años. Sin embargo, El zoo de cristal (The Glass Menagerie) nos ha decepcionado. Dirigida por Óscar Olmeda, un veterano de la compañía (también forma parte del reparto), esta producción de El zoo de cristal está algo coja. La historia de una mujer sureña (Amanda Wingfield) abandonada por su marido hace años y que intenta recuperar la ilusión de vivir a través de la imposición de su voluntad a sus hijos -busca desesperadamente un pretendiente para su introvertida hija Laura (un pretendiente que sea abstemio, todo lo contrario del marido fugado) y presiona a su soñador y ambicioso hijo Tom para que se contente con su anodino, pero estable, trabajo- requiere de una cálida sensibilidad por parte de los actores. El papel de Amanda es fundamental a la obra. La actriz debería transmitir tanto fragilidad como obstinación, amor maternal y egoísmo a la vez. Ahora es coqueta, ahora es calculadora. Pero la interpretación de Amanda en esta producción es demasiado estridente. Falla la interpretación de la madre; la de los hijos (y de Jim O’Connor, el ansiado pretendiente) es discreta, pero aceptable.

Pero lo que para mi ha sido totalmente inaceptable ha sido la selección de la música que acompaña a esta obra. Se trata de una historia que tiene lugar en el sur de los Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado, y el público está obligado a escuchar a Amy Winehouse, entre otros, cada cual más disparatado y nada apto para El zoo de cristal.

Dicho esto, el texto de Tennessee Williams puede con todo; con maestría evoca una época decadente y retrata una familia rota. Williams nació en el sur de los Estados Unidos y -según dicen- se inspiró en su propia hermana para crear el personaje de Laura. Y no hay objección alguna a la escenografía. La larga e íntima escena entre Laura y el supuesto pretendiente Jim O’Connor, al frente del escenario junto a un candelabro, está muy lograda. Es una bella escena que ha quedado empañada por la repetición de algunos vocablos en los diálogos. Una pena.

Que el amante del buen teatro no se apure. Teatro Estudio2 tiene mucho que ofrecernos, incluyendo al mismísimo Manuel Galiana sobre el escenario en algunas ocasiones. La programación completa de Teatro Estudio2-Manuel Galiana la encontramos en la página web del teatro:

http://www.estudio2-manuelgaliana.com/#/

Diana Shoffstall

Anuncios

Infiltrado en el KKKlan. Un siglo de historia y una historia aún sin fin encapsulados en 135 minutos

En BlackKkKlansman, Spike Lee (Atlanta, Georgia 1957) ha trazado un camino para lograr su objetivo pero no es el camino más corto. Con una calma deliberación y gran astucia, zigzaguea entre la comedia y el drama, entre el pasado y el presente, entre una mirada soslayada e incrédula y un tiro al blanco, acertado y feroz.

Resultado de imagen de imágenes de Infiltrado en el KKklanEl film está basado en Black Klansman, el libro autobiográfico de Ron Stallworth, el primer policía afroamericano admitido al departamento de policía de Colorado Springs, Colorado (USA). Estamos en los primeros y convulsivos años 70. Black Power y el Ku Klux Klanla guerra de Vietnam y el tándem de Richard Nixon y Spiro Agnew en la presidencia y vicepresidencia del país. El joven policía Ron Stallworth, después de tomar contacto con la Black Student Union de la universidad de Colorado en Colorado Springs y darse cuenta de su vehemente defensa de los derechos de los afroamericanos frente a aún sociedad todavía represora, está convencido de que la extrema derecha tomará represalias. En una operación de alto riesgo, Ron y un detective blanco, Flip Zimmerman, infiltran la “Organización”, el Ku Klux Klan. Ron es la voz que, por teléfono, persuade al Klan de sus credenciales e impresiona al mismísimo David Duke, uno de los líderes de los movimientos de supremacía de la raza blanca (que no incluía a los judíos, tan vilipendiados como los negros). Flip deberá personificar el engaño.

Durante al menos una hora y media, la película, que tiene una duración de 135 minutos, es puro entretenimiento. La chulería de Stallworth, su exagerado peinado afro (que distingue a la mayoría de los afroamericanos -mujeres y hombres- que aparecen en la peli), los diálogos entre Stallworth y sus compañeros del departamento que son de guasa pero con una gravedad subyacente, las retóricas que provienen tanto de los militantes afroamericanos como de los extremistas blancos. Todo ello para situarnos, para prepararnos para esas escenas posteriores, cuando la amenaza se hace realidad, cuando Spike Lee yuxtapone una conferencia sombría organizada por la Black Student Union, en la que un afroamericano anciano relata el linchamiento en el año 1916 del joven negro Jessie Washington, con una reunión distendida y bulliciosa del KKK, en la que gritan “America first” y se  tronchan de la risa viendo la película muda The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación, de D.W. Griffith del año 1915; película originalmente titulada The Clansman). Y llegamos al final. La operación policial ha sido un éxito, pero es sólo una batalla ganada y Spike Lee se asegura de que no lo olvidemos, proyectando imágenes recientes del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y sus cohortes, gritando “America first” y “Make America Great Again” y también de incidentes recientes de enfrentamientos entre la extrema derecha racista (David Duke, una vez más) y los defensores de la igualdad de las razas.

Lee eligió a John David Washington (hijo de Denzel Washington, un actor que ha aparecido en varias películas de Lee) para interpretar a Ron Stallworth. Adam Driver encarna a Flip Zimmerman. Ellos y los demás actores, bien en sus papeles. Los mejores: Alec Baldwin, en un cameo al principio de la película como un supremacista blanco escupiendo una diatriba contra los afroamericanos y los judíos; Corey Hawkins, como el orador y líder afroamericano Stokely Carmichael (cambió su nombre a Kwame Ture), dando un discurso en la Black Student Union; y Harry Belafonte, el memorable cantante, actor y activista de 91 años, rememorando a Jessie Washington.

Pero en Infiltrado en el KKKlan lo realmente importante, sin quitar mérito a los demás aspectos de la película, es el mensaje de un Spike Lee, siempre fiel a su gente y a sus principios. La lucha sigue, señores. Power to the people.

Ganadora del Grand Prix 2018 en Cannes, Infiltrado en el KKKlan la podemos ver en la actualidad en los cines de España, de la mano de la distribuidora Universal Pictures España.

Diana Shoffstall

Mata a tu alumno. La irreflexión y sus funestas secuelas

Un texto lúcido, agudo y corrosivo. Tres actores admirables, sobradamente preparados y que llenan el escenario con sus perspicaces interpretaciones. Una dirección sabia que conduce al espectador con mano segura por los diferentes hilos de esta historia, logrando una impecable fluidez en las transiciones. Todo esto es Mata a su alumno, una obra de cerca de 90 minutos cuya incontestable inteligencia en su concepción y gran profesionalidad en su ejecución atrapan al público.

Un escritor de novelas, egocéntrico y arrogante. Se burla de su esposa, gorda e hiperactiva (ausente en todo momento), incluso frente a su hijo de 18 años, estudiante de bacherillato, a quien no escucha. Una mujer y su hijo, también un estudiante de 18 años, cuyo esposo y padre, un profesor de literatura, está en la cárcel por matar brutalmente a un alumno con una raqueta de tenis. Por matar a un alumno de la misma manera que lo hace el protagonista de la última novela del escritor. La mujer del profesor se enfrenta al novelista. Quiere respuestas. ¿Porqué lo que acontece en la novela ha servido de patrón para la actuación de su marido?

Lo que sigue es una dramática incursión en las oscuras y patéticas motivaciones de las personas que finalmente iluminará sus debilidades y sus errores. La incomunicación, la presunción, la falsa inocencia y la soledad. Y en última instancia la realización, quizás demasiado tardía, de las consecuencias trágicas de sus actos.

Raquel Pérez es la esposa del profesor de literatura encarcelado y madre de un hijo quien, a falta de su padre y destrozado por el crimen, se erige en protector de su madre. Javier Albalá es el escritor y, en unas pocas escenas de flashback, también el profesor asesino. Jorge Clemente encarna a los dos hijos. La primera (Raquel Pérez) busca respuestas a lo acontecido ajena a su propia relación con su marido. El segundo (Javier Albalá), anclado en su vanidad, es incapaz de reconocer su lado violento, su frivolidad y el enorme vacío que ha creado alrededor de su hijo. Y ambos hijos (Jorge Clemente) son abandonados a su suerte. Escenas y diálogos salpicados de humor negro que calan a lo hondo.

Reitero lo dicho. Una conjunción magnífica de texto (escrito por Carles Mallol y que fue ganador en el año 2013 del Premio Born de Teatro), de interpretaciones y de dirección (a cargo de Gorka Lasasosa, uno de los fundadores de Sala Intemperie). Mata a tu alumno estará en cartel en Sala Intemperie hasta el 11 de noviembre. El aforo de la sala es limitado. Apúrense, no vayan a  quedarse sin entrada.

Para más información sobre esta obra y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

http://intemperieteatro.com/

Diana Shoffstall

Factor Limitante. La crudeza de la realidad

La escena es casi apocalíptica. Preside el espacio un asiento de construcción precaria de más de un metro de altura. Bolsas de plástico, negras y abultadas, amontonadas al pie de la construcción. A la izquierda un rudo banco de madera. El Hombre (Chema Abellón), la Mujer (Vanessa Moor) y la Sociedad (Eliana Santander) vestidos con prendas que podrían haberse provenido de la saga de Mad Max.

Factor Limitante es una provocación. Nos obliga a cuestionar los roles del Hombre y de la Mujer en la continuidad de nuestra raza, en la reproducción de la especie. Tanto el Hombre -la fuerza, el poder, el que riega con su esperma la semilla- , como la Mujer -la receptora, la diosa madre- quieren rebelarse pero ahí está la Sociedad, el statu quo, para recordarles su papel, asegurando que no se aparten de su misión.

Si bien a veces el texto es algo denso, la obra poco a poco va penetrando en nuestras cabezas y allí se queda, palpitando, revoloteando, creando imágenes, cavando en nuestra memoria. La labor de los tres actores es encomiable. Junto a ellos, José Ramón Arredondo -actor, músico, cantante- salpicando la obra con sus cancioncillas y su musiquilla- , introduciendo un tono burlón, un contrapeso necesario para contrarrestar la seriedad de la obra. Ochenta minutos. Solo ochenta minutos dura Factor Limitante. Pero no hay límites a lo que se puede conseguir en 80 minutos.

Yolanda Vega es la responsable de la dramaturgia y dirección de esta obra y es también la fundadora de Meister Studio Madrid que la ha producido. Sanford Meisner (estadounidense, 1905-1997) había compartido estudios con Stella Adler y Lee Strasberg, pero fue el maestro ruso Constantin Stanislavski quien ejerció mayor influencia sobre Meisner. Su propio método interpretativo, hoy conocido como la Técnica Meisner, lo enseñó durante más de 50 años en el Neighborhood Playhouse of the Theatre en Nueva York, del cual era co-fundador. Entre los alumni, una plétora de nombres conocidos: James Caan, Robert Duvall, Mary Steenburgen, Diane Keaton y otros muchos, incluyendo jóvenes valores como lo es Mackenzie Davis.

En la página web de Meisner Studio, Yolanda Vega incluye una frase de Sanford Meisner: “Toda buena actuación viene del corazón y no hay nada mental en ella”. En Factor Limitante hay muestras de sobra de buen oficio, sin duda ejercido con mucho corazón.

Factor Limitante está en cartel los miércoles del mes de octubre. Ojalá se prorrogue.

Para más información sobre esta obra y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

http://intemperieteatro.com/

Diana Shoffstall

Ha nacido una estrella. El firmamento brilla con nuevos cuerpos celestiales

Bradley Charles Cooper (nacido en Filadelfia en enero del año 1975) y Stefani Joanne Angelina Germanotta (nacida en marzo del año 1986 en Nueva York), conocidos por nosotros como Bradley Cooper, un actor cuya carrera progresa incontestablemente en quinta marcha (nominado tres años seguidos -2013 al 2015- al premio Óscar como mejor actor por sus papeles en Silver Linings PlaybookAmerican Hustler y American Sniper), y Lady Gaga, una diva internacional de la música pop, son, en esta versión de Ha nacido una estrella, Jackson Maine, un músico y cantante country idolatrado por sus seguidores pero perseguido por una infancia y adolescencia de pesadilla y cuya trayectoria es descendente, y Ally, una joven cantante y compositora, llena de inseguridades, pero cuyo potencial es enorme. Sus vidas se entrelazarán para bien y para mal: amor incondicional, felicidad y éxito, y también decepción, sufrimiento y pérdida.

Resultado de imagen de cartel a star is bornYa se ha dicho en casi todos los medios que esto es un remake, que es la cuarta versión en celuloide de esta historia de ascenso y declive, de joven promesa y veterano célebre cuyo estrella se apaga. La historia se ha ido evolucionando. En la primera Ha nacido una estrella del año 1937, bajo la dirección de William A. Wellman y producida por David O. Selznick, Janet Gaynor y Fredric March interpretaron los papeles protagonistas de actriz aspirante y actor consagrado. En las siguientes versiones, las protagonistas femeninas eran cantantes y sus intérpretes fueron dos grandes voces, como lo son Judy Garland (año 1954, de George Cukor) y de Barbra Streisand (año 1976, de Frank Pierson). James Mason y Kris Kristofferson, respectivamente, les hicieron la réplica, Mason aún en el papel de veterano actor, Kristofferson ya como rockero.

Esta Ha nacido una estrella es, sin duda alguna, hija predilecta de Bradley Cooper. Con ella, debuta como director, es también co-guionista y uno de los productores. Ha hecho una incursión en la música, contribuyendo letras y melodías a la banda sonora. Y es Jackson Maine, su voz cantando, su cuerpo maltrecho a causa del alcohol y las drogas, su mente agonizante, en lucha permanente entre la esperanza y la desesperación. Una proeza formidable. Supo elegir a Lada Gaga como su co-protagonista. Ella aporta su voz, por descontado, pero su talento como actriz es lo que nos fascina. Ally, interpretada por Lady Gaga, es ingenua y tiene un sueño que cree no poder realizar nunca. Jackson Maine le muestra el camino y ella lo emprende pero nunca renuncia a sus raíces ni a su amor por él. Los trazos con los que nos dibuja Ally son delicados al principio pero más fuertes en cada escena, sin que en ningún momento dejamos de creer en la bondad de la figura de Ally.

Cooper y Lada Gaga son los protagonistas irrefutables de esta película. Aún así, la inclusión del veterano actor Sam Elliott, de 74 años, en el reparto, en el papel de Bobby, hermano mayor de Jackson, ha dado aún más credibilidad a esta, no por conocida menos bella, historia. Impecable su interpretación.

Y finalmente una mención para la banda sonora de la película. Cooper no escatimó ni esfuerzos ni recursos para su producción. Lukas Nelson, hijo del inolvidable Willie Nelson, ha sido un componente clave del equipo. La banda sonora resultante va escalando puestos en los rankings.

No un cúmulo de errores sino un cúmulo de aciertos, esta Ha nacido una estrella de Bradley Cooper tiene muchos méritos. Vayan a verla. A new star is born.

Diana Shoffstall

7 años. Una condena de siete años y una penitencia para toda la vida

Las obras dirigidas por Daniel Veronese (Buenos Aires, 1955) suelen llevar el sello de éxito garantizado y si el veterano Miguel Rellán, muy querido por el público, es uno de los protagonistas, el triunfo es casi asegurado.

La trama de 7 años fue idea de José Cabeza y, como co-guionista, su idea fue llevada al cine por Netflix. Para los Premios Goya del año 2017, presentó candidaturas en 16 categorías aunque finalmente no fue nominada en ninguna. Ahora, Daniel Veronese se ha encargado de la versión teatral y la dirección sobre el escenario, contando con un elenco de actores de reconocida solvencia. Además del ya mencionado Miguel Rellán, Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada, Eloy Azorín y Carmen Ruiz.

7 AÑOS en los Teatros del CanalCuatro socios de una empresa de diseño de aplicaciones tecnológicas, Marcel (Juan Carlos Vellido), Verónica (Carmen Ruiz), Carlos (Daniel Pérez Prada) y Luis (Eloy Azorín) están reunidos para llegar a un acuerdo decisivo para su futuro. Han desviado fondos al extranjero y pesa sobre ellos una posible condena de cárcel de hasta 7 años. Pueden ser condenados los cuatro y la empresa desaparecería. O uno de ellos puede asumir toda la responsabilidad y ser condenado, salvando a los otros tres socios y la empresa. O dicho de otro modo, uno de ellos será sacrificado por los demás o se sacrificará él mismo. Reconocen su cobardía para tomar una decisión de tal envergadura y por ello reciben a José (Miguel Rellán) quien actuará como mediador.

El público aplaudió con ganas al término de la obra, pero para esta espectadora 7 años no es más que una nueva aproximación (de las muchas que ha habido y habrá) a la condición humana. Los socios irán descubriéndose, pasando de una cierta cordialidad y complicidad a escupir revelaciones mejor no pronunciadas, secretos a voces e intimidades. Cada uno defenderá su postura con ferocidad y fiereza. Sí, enseñarán dientes y sacarán garras. Por debajo de la pátina de personas civilizadas y civiles se asomarán el egoísmo, el miedo, la envidia,  el “sálvese quien pueda”. Ciertamente, hay momentos de tensión que resultan hasta graciosos. En particular, el personaje de José, el mediador, nos hará sonreír alguna vez. De hecho, José le saca de quicio a Carlos, uno de los socios. No se fía de su sonrisa. Pero en último término, lo que vemos sobre el escenario lo hemos visto antes, más de una vez, y esta versión no aporta nada nuevo. Es predecible; no creo que yo he sido la única espectadora que haya presentido el final. Finalmente, para mi, la puesta en escena no ha sido la más eficaz. A la izquierda, muy a la izquierda, una mesa de trabajo donde gran parte de la acción discurre con los personajes alrededor de ella, con lo que ni oímos nítidamente todos los diálogos al estar los actores de espalda ni los vemos de frente, algo imprescindible en el teatro. Todos sabemos que el lenguaje corporal y gestual es de enorme importancia.

Habiendo dicho todo esto, y a pesar de los “peros”, también diré que pasé un rato agradable en el teatro. La obra se deja ver y me han gustado especialmente las interpretaciones, muy logradas, de Juan Carlos Vellido y de Daniel Pérez Prada. Aunque 7 años no tendrá un recorrido de 7 años ni de 7 meses sobre el escenario, es entretenida y sin duda llenará la sala estas próximas semanas.

7 años estará en cartel hasta el próximo día 4 de noviembre. Consulten la página web de Teatros del Canal (Twitter: @TeatrosCanal) para conocer todos los detalles de esta obra y de la demás programación que nos ofrecen (entradas, horarios, …).

http://www.teatroscanal.com/

Diana Shoffstall

Ni con tres vidas que tuviera. Humanidad a raudales.

Resignación y esperanza. Rabia y empatía. Calma y vehemencia. Condena y perdón. Arrepentimiento, rechazo, … Podríamos seguir eligiendo, una tras otra, palabras llenas de intención, contrapuestas. Pero seguramente no lograríamos describir adecuadamente todo lo que observamos, vivimos, sentimos durante los 80 minutos que dura esta obra de José Pascual Abellán.

Ni con tres vidas que tuviera se inspira en personas reales y en algo que sucedió de verdad: un episodio del programa de televisión Salvados de La Sexta. El periodista Jordi Évole frente al ex-terrorista repentido Iñaki Rekarte. En esta obra, ejemplar y sobriamente representada en Sala Intemperie, los personajes no tienen nombres. Son simplemente el ex-terrorista, el periodista y la víctima. Sí, la víctima, hija de un matrimonio muerto en el atentado perpetrado por el entrevistado. A un lado del escenario, una mesa, dos sillas, una jarra con agua. Con su grabador y su cuaderno, el periodista, ora dubitativo, ora sobrecogido. El entrevistado, ora parco de palabras y gestos, ora -repentinamente- profuso en sus respuestas. Y al otro lado del escenario una mujer. Había dejado atrás el episodio que cambió su vida hace 20 años. Hasta que la entrevista publicada en la prensa hizo aflorar en ella nuevamente el sufrimiento y la atroz pérdida.

Las cuestiones que se plantean son universales y relativas a cualquier crimen cometido por un humano contra otro. El que comete el crimen, ¿puede sentir un arrepentimiento verdadero? La que es víctima, ¿puede otorgar su perdón de todo corazón?  ¿Existe la rehabilitación? El arrepentimiento, el perdón, la rehabilitación, ¿son duraderos? Aunque no lo fueran, hemos de creer que lo son. Porque hemos de seguir viviendo, hemos de construir un mundo mejor, hemos de legar a nuestros hijos la seguridad de que la superación -en todos sus sentidos- es posible.

Soberbios los actores. Nacho Hevia, como el periodista, transmite la dicotomía de su misión. Es un profesional de la información, debe ser imparcial, objetivo. Pero es un hombre y se esfuerza por mantener la ecuanimidad y no mostrar repugnancia ante las confesiones de su interlocutor. Jorge Cabrera es el ex-terrorista. Es estremecedor ver y oírlo. Ha cumplido su condena. Se arrepiente pero es culpable, culpable, culpable, … Él vivirá con ello el resto de su vida. Quiere tener una segunda oportunidad pero él mismo duda de que lo merece. Lucía Esteso es la víctima y su interpretación es desgarradora. Era una niña, una criatura, cuando el atentado que la dejó huérfana. No olvidará nunca, pero el asesino tiene hijos. ¿Será capaz ella de perdonarle por el bien de sus hijos?

Ni con tres vidas que tuviera es una obra necesaria. Nunca debemos de olvidar las cosas que han pasado, pero tampoco debemos dejar de reflexionar sobre su significado. El ex-terrorista verdadero, Iñaki Rekarte, escribió un libro sobre su vida. Su título: Lo difícil es perdonarse a uno mismo. Y yo añadiría: Ni con tres vidas que tuviera.

Para más información sobre esta obra (que está en cartel hasta el próximo día 14 de octubre), y sobre la demás programación de Sala Intemperie (Twitter: @intemperieteatr), consultad la página web del teatro:

http://intemperieteatro.com/

Diana Shoffstall

The Rider. Un poema en imágenes para crear un conmovedor retrato

Brady Blackburn, su padre Tim y su hermana Lilly, sus amigos y vecinos, son los protagonistas del segundo largometraje de la joven directora, guionista y productora china-norteamericana, Chloé Zhao, de 36 años. En realidad, la familia Blackburn son Brady, Tim y Lilly Jandreau y esta bella película se nutre de sus propias vidas en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en Dakota del Sur. Espacios abiertos, limpios, prácticamente despoblados en los que sus residentes -muchos de ellos pertenecientes a las tribus nativas de esas tierras- perpetúan costumbres y un modus vivendi en peligro de extinción.

Resultado de imagen de cartel de The Rider película Chloé ZhaoBrady, una estrella naciente en el circuito de los rodeos, sufre un grave accidente, cayendo del caballo y recibiendo un pisotón del animal. Su lesión cerebral, aunque no incapacitante, le impedirá retornar a los rodeos y a montar a caballo y este joven sensible deberá adaptar su vida a su nueva situación. Deberá encontrar razones para seguir viviendo con la pérdida de lo único que ha conocido hasta el momento y que lleva en lo más hondo de su ser.

El primer largometraje de Chloé Zhao (Songs my brother taught me, 2015) fue filmado en la reserva de la tribu Lakota-Sioux de Pine Ridge en Dakota del Sur y en los parajes aledaños. Fue entonces cuando Zhao conoció a Brady Jandreau, antes de su accidente. Le atrajo a Zhao esa vida de los hombres y mujeres, familias enteras, que giraba en torno a los caballos, en los ranchos y en los rodeos. Brady y Chloé habían hecho buenas migas entonces y siguieron en contacto. El terrible accidente que sufrió Brady y su lucha por salir adelante impulsó a Zhao a proponer a Brady y a su familia que contasen sus vidas en una película que es medio ficción, medio realidad. Distintas fuentes dan distintos porcentajes (80%-30%, 50%-50, 60%-40%). Da igual en última instancia. Porque los personajes representados en The Rider habitan esos parajes (su apellido puede ser Jandreau como cualquier otro) y lo que les acontece en esta película sucede a esas personas de carne y hueso, les marca la vida, les define el futuro. The Rider es una gran película, auténtica como pocas. Chloé Zhao ha mimado a sus actores debutantes, dejándoles hablar y hacer, como solamente ellos pueden saber. No solamente los Jandreau se inician como intérpretes, -de si mismo- , en esta película; también lo hacen Cat Clifford, Lane Scott y Tanner Langdeau. -amigos de Brady- , y Terry Dawn Pourier – que ahora es la esposa de Brady Jandreau. En el guión de Zhao, los diálogos mimetizan perfectamente el hablar de las gentes de los pueblos de las llanuras; son escuetos, directos, sin complicaciones. No sobran palabras, pero cada palabra, cada frase, -al igual que los silencios- es un eslabón más en nuestro viaje de descubrimiento y de admiración de estas gentes y su entorno.

La película es un pelín larga. Zhao es una enamorada de los paisajes de esta región tosca y amplia y a veces se detiene un poco demasiado en ellos. Es el único “pero” que esta espectadora encuentra a este conmovedor retrato. La crítica es prácticamente unánime al respecto y su paso por Cannes, Valladolid, Toronto, Sundance y otros la revalidan.

The Rider la podemos ver actualmente en los cines de España. No dejen de ir.

Diana Shoffstall

Todos lo saben. Eso creen, pero la verdad se oculta para irrumper en sus vidas y hacer añicos sus ilusiones

Sucesos aciagos, luctuosos ocurridos en pueblos y pedanías de España son titulares en los periódicos y telediarios nacionales con demasiada frecuencia. Lo sucedido cuando Laura (Penélope Cruz) y sus hijos, la adolescente Irene y su hermano pequeño llegan, desde Buenos Aires, a España para asistir a la boda de Ana (Inma Cruz), hermana de Laura, es, reminiscente de tantos actos violentos, riñas vecinales, rivalidades ancestrales, pugnas primitivas por las propiedades, envidias y sospechas que, desgraciadamente, salpican la geografía de este país (y también de otros, hay que decirlo).

Que el director y guionista Asghar Farhadi (dos veces premiado con el Óscar por la mejor película de habla no inglesa –El viajante en 2017, y Nadir y Simin, una separación en 2012) Asghar Farhadi haya logrado captar la esencia del carácter de múltiples personajes en un entorno cien por cien español es una muestra de su gran talento. La recreación de la fiesta de boda de Ana es soberbia. Todos los excesos son presentes: alegría, música, baile, comida y bebida, varias generaciones (abuelos, hijos y nietos) de las familias juntas, los nuevos parientes políticos recibidos con los brazos abiertos (aunque en este caso el otrora novio y ahora marido de Ana, Juan, es catalán (interpretado por el actor Roger Casamajor) y son mirados con algo de reojo por los lugareños) y los vecinos unidos (olvidadas por un momento sus diferencias). ¡Quién no haya asistido a una fiesta así!

Pero la fiesta termina demasiado pronto y la alegría se disipa y se torna en miedo. La desaparición o secuestro de la joven Irene irrumpe en la familia de Laura. Volará a España desde la Argentina, Alejandro (Ricardo Darín), esposo de Laura y el padre de Irene. Paco (Javier Bardem) y su pareja actual Bea (Bárbara Lennie) prestarán ayuda a la familia. No sin recelos entre ambas familias. Planea sobre sus cabezas el conocimiento de la relación anterior que Laura y Paco mantuvieron; habían sido inseparables hasta hace 16 años cuando rompieron y Laura se casó con Alejandro y fijó su residencia en Buenos Aires. Se desliza en las casas el recuerdo de tierras vendidas y reclamadas. Porque en Todos lo saben muchos de los personajes se creen en posesión de ciertas verdades que se suponían secretas pero que no lo son. Y tampoco son verdades.

La reputación y el prestigio de Asghan Farhadi le preceden y no es ninguna sorpresa que haya podido reunir a tantos buenos actores. Aparte de los mencionados, también intervienen en la película Elvira Mínguez (como Mariana, la hermana mayor de Laura), Eduard Fernández (es Fernando, el marido de Mariana), Sara Sálamo (Roció, hija de Mariana y Fernando) y Ramón Barea (como Antonio, el padre y abuelo). Todos ellos, desde Penélope y Javier hasta los jóvenes Carla Campra (interpretando a Irene) o Sergio Castellanos (como Felipe, un chico del pueblo que se hace amiga de Irene), logran que el espectador viva cada momento de la película con una atención y tensión absolutas. Y no nos dejará ir en paz porque cuando cierra una puerta, abre otra. Todo, todo, no lo sabemos.

Sí, señor, una película española de pe a pa que arrasará. Una película sobre España, sobre los españoles y sus pueblos. Una película impregnada del carácter y costumbres de España, de las virtudes e imperfecciones de sus gentes. Una película made in Spain por un iraní universal.

Finalmente, no dejen de prestar atención a la banda sonora de Javier Limón, este músico, productor, compositor y guitarrista español largamente premiado internacionalmente por su trabajo. La banda sonora incluye cinco canciones originales de Limon, cuatro de ellas cantadas por la pujante venezolana Nella (a quien vemos en la película como la cantante Marianella Rojas que ameniza la fiesta de la boda) y la quinta interpretada bellamente por Inma Cuesta.

Todos lo saben se estrenó en los cines de España el pasado día 14 de septiembre.

Diana Shoffstall

El curioso incidente del perro a medianoche. Un inolvidable Christopher Boone nos transporta al séptimo cielo

Christopher John Francis Boone tiene 15 años, 3 meses y 2 días y a lo largo de dos horas nos permite acompañarle en su viaje de descubrimiento. Terminamos rendidos a sus pies, emocionados, felices, agradecidos. Christopher Boone es la creación de Mark Haddon, un escritor británico que se ha dirigido primordialmente con sus obras al lector joven. The curious incident of the dog in the night-time (2003) fue su primera novela, que llegó a ser un best seller entre todos los públicos y cuya adaptación para el escenario (a cargo del dramaturgo británico Simon Stephens) ha cosechado numerosos premios tanto en Londres como en Broadway. Esta producción, que ahora ha aterrizado en Madrid (con traducción al castellano de José Luis Collado), es una maravilla, una experiencia teatral de primerísimo nivel, una categórica muestra del talento de los profesionales de las artes escénicas de España.

Resultado de imagen de cartel el incidente del perro a medianocheChristopher Boone es un joven afectado por el síndrome Ausperger (aunque Mark Haddon nunca lo definió así en su novela y ha preferido utilizar el término “diferente”). Su mundo lo vive en el sentido literal. Es incapaz de mentir y es un superdotado para las matemáticas. Asiste a un colegio para jóvenes con necesidades especiales donde su profesora y mentora Siobhan le anima a escribir el libro de su vida, un libro que Christopher lleva a cuestas en todo momento. Cuando Christopher encuentra a Wellington, el perro de una vecina, muerto, con una horca clavada en su cuerpo en el jardín de su bloque de viviendas, él decide investigar el incidente para descubrir el autor del crimen. El padre de Christopher se pone nervioso cuando lee los resultados de las pesquisas de su hijo y le castigará, quitando y escondiendo el libro. Christopher buscará y encontrará el libro y también las cartas, sin abrir, dirigidas a él por su madre a quien creía muerta. Ante la reacción violenta de su padre, Christopher se escapa de casa para emprender el viaje solo a Londres en busca de su madre. No es el lugar para develar el desenlace de esta historia. Es suficiente decir que Christopher encontrará no solo a su madre sino que propiciará el acercamiento de sus progenitores entre sí y de ellos con él y que él enriquecerá a las personas que le rodean con las experiencias vividas y sus descubrimientos al mismo tiempo que él mismo se enriquecerá.

Esta espectadora no había leído el libro de Haddon, ni falta me hace ahora. Me quedo con esta preciosa representación que es una obra dentro de una obra, unas pocas semanas en la vida de Christopher que conocemos por las palabras escritas por él en su libro y la recreación por él mismo de los acontecimientos y el reconocimiento de su propia valía. “Fui valiente”, dice Christopher, y nosotros lo celebramos.

Impecable la dirección y visión de José Luis Arellano García y magnífico el trabajo del equipo técnico liderado por Gerardo Vera (escenografía) y compuesto por Juanjo Llorens (iluminación) y Álvaro Luna (videoescena), entre otros. Sobre un escenario amplio, profundo, apenas unos soportes de madera en forma de cajas cerradas o media abiertas, y sobre el gran fondo los pensamientos y ensoñaciones de Christopher son transformados en “mapas” que nos guían. Tantos momentos mágicos que hemos visto que es difícil destacar ninguno por encima de los otros. A modo de ejemplo, la escena en la que Christopher sueña viajar por el espacio entre las estrellas es puro arte (la coreografía de Andoni Larrabeiti sublime, elegante).

Los actores, magistralmente dirigidos por Arellano son magníficos. Marcial Álvarez como Ed, el padre; Mabel del Pozo en el papel de Judy, la madre; Lara Grube, encarnando a Siobhan, la mentora; y Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido haciendo de múltiples personajes. Y por encima de todos Álex Villazán, como Christopher. Despliega todo su enorme talento, nos cautiva y nos asombra con sus dotes de interpretación de un personaje que no abandona el escenario en ningún momento. Álex Villazán, madrileño de apenas 25 años, y miembro de La Joven Compañía, cuyo director artístico es José Luis Arellano García. Ovaciones sostenidas a la finalización de la obra. Ovaciones merecidísimas para una producción que aúna la veteranía y la juventud y que no olvidaremos.

Para más información sobre El curioso incidente del perro a medianoche, horarios y precios, consulten la página web del espectáculo o la del Teatro Marquina (Twitter: @TeatroMarquina). Esta obra estará en la cartelera del teatro hasta el próximo día 14 de octubre de 2018.

https://www.elcuriosoincidente.es/teatro

https://www.grupomarquina.es/

Diana Shoffstall