Las criadas. Cuando la desigualdad y la desesperanza desembocan en locura

Las criadas es una de las obras tempranas del novelista, dramaturgo y poeta francés Jean Genet (1910-1986). Se estrenó en París en 1947 y fue escrita por Genet estando él en la cárcel, pues la primera mitad de la vida de Genet no fue fácil. Hijo de una joven prostituta y de padre desconocido, su infancia y su primera juventud la pasó en instituciones y casas de acogida. Pronto el joven Genet se entregó a la delincuencia, e incluso a la prostitución, y encadenaba estancias en prisión que podrían finalmente haber terminado en una cadena perpetua si no hubiera sido por la intervención de personas como Sartre, Picasso, Cocteau y otras que hicieron presión para obtener el indulto. Y es que Genet utilizaba sus períodos de reclusión para escribir sus primeras poemas, novelas y ésta, Las criadas, su primera obra de teatro que toca los temas que son cercanos a Genet: la lucha de clases y la desigualdad, los privilegios de las clases pudientes y el desamparo de los pobres.

No photo description available.En Las criadas conocemos a las hermanas Clara y Solange, las criadas domésticas de una gran señora a quien odian y envidian por partes iguales. Estando la señora fuera de casa, Clara y Solange toman posesión de la alcoba y posesiones fastuosas de la dama y planean cómo pueden terminar con la vida de ésta y liberarse de esa tiranía y desidia que rigen sus días. La vida de las hermanas ha transcurrido en la pobreza y el desprecio y ellas están sumergidas en el fango de un submundo. Sus fantasías pronto se apoderarán de ellas. La razón irá poco a poco desapareciendo de su discurso y será sustituida por una locura creciente.

Las criadas en esta ocasión es una producción de Kallisté Teatro para la sala El Corral de Lope en Madrid. Kallisté Teatro se anuncia como una “compañía libre, experimental e independiente de teatro”. Su montaje de Las criadas es espléndido para este espacio reducido. Y los tres actores sobre el escenario (dos mujeres y un hombre aquí; los personajes de la obra son interpretados indistintamente por mujeres y hombres) no son menos espléndidos. Isolina Cerdá es Clara, Eva Pego encarna a Solange y Francisco Montejano asume el papel de la señora. Las tres interpretaciones son soberbias, si bien yo destacaría sobre todo la de Isolina Cerdá como Clara. Desgarradora. En definitiva, una obra que hipnotiza al público. El espectador queda atrapado en el torrente de palabras y emociones de Clara y Solange y de su señora y respira con alivio cuando finalmente cae simbólicamente el telón.

La sala El Corral de Lope la encontraremos al fondo del local madrileño de Modus Operandi , que se define como “una empresa de gestión cultural que aúna … la actividad creativa” y que incluye una galería de arte, un editorial y un espacio para las artes escénicas. Ese espacio -El Corral de Lope- es una acogedora sala -el aforo es limitado- idónea para obras íntimas.

Las criadas la podemos ver los sábados, por lo menos hasta finales del mes de febrero. Consultad la página web de Modus Operandi para toda la información sobre la programación de El Corral de Lope.

http://www.artemodusoperandi.com/elcorraldelope.php

Diana Shoffstall

Parque Lezama. Un enorme talento desplegado en un pedacito de un parque en un rinconcito de Buenos Aires trasladado a Madrid

Dos ancianos sentados en un banco de un parque urbano conversan, se reprochan, discuten, acuerdan una tregua. Y así una y otra vez, cimentando una amistad y compartiendo las horas del día y sus vidas con los espectadores que abren sus corazones a estos entrañables personajes.

Herb Gardner (1934-2003), aparte de ser durante unos años el marido de la actriz y cantante Rita Gardner, era un cotizado y afamado guionista y dramaturgo neoyorquino. Su obra de teatro I’m Not Rappaport, sobre dos ancianos sentados en un banco en el conocidísimo Central Park de la metrópoli que le vio nacer, llegó a Broadway en el año 1985 y fue aclamada tanto por el público como por la crítica (tres premios Tony, incluyendo el premio a la mejor obra).

El no menos cotizado y afamado guionista y director de cine y de teatro, Juan José Campanella, nacido en Buenos Aires en 1959 y conocido sobre todo por sus películas, tales como El hijo de la novia  (2001), El secreto de sus ojos (2010 y ganadora de un Óscar y un Goya, como mejor película de habla no inglesa y mejor película iberoamericana), o la más reciente El cuento de las comadrejas de este mismo año, adaptó la obra de Gardner y la estrenó en el Teatro Liceo de Buenos Aires en 2013 con el título Parque Lezama (un parque emblemático de Buenos Aires) y con dos grandes actores argentinos como lo son Luis Brandoni y Eduardo Blanco en los papeles protagonistas. La obra arrasó en Argentina y lo está haciendo también en Madrid.

Parque Lezama/I’m Not Rapapport es una comedia, desde luego. Los diálogos son realmente hilarantes. Por un lado tenemos a León Schwarz (Luis Brandoni), que se resiste a conformarse con su realidad. Es un cuentista simpático que no duda enredar a los de su entorno en sus historias inventadas. Su compañero de banco es Antonio Cardoso (Eduardo Blanco), algo cascarrabias, que prefiere no salirse de la zona de confort de su cotidianidad. Pero la obra es mucho más que una comedia. Retrata a dos personas cuyos caracteres son opuestos y sin embargo comparten la vejez y su invisibilidad en la sociedad actual. Son presionados por los más jóvenes que les tratan como niños y se creen con el derecho de tomar decisiones por ellos. Están expuestos a la violencia y peligros de la ciudad. Aún así, son sobrevivientes llenos de experiencia y sabiduría y seguirán sobre su banco del parque haciéndose -y haciéndonos- compañía.

¿Qué decir del veteranísimo Luis Brandoni (79 años de edad) y el “joven” Eduardo Blanco (solamente tiene 61 años)? Pues simplemente que son dos actores excelsos. Ambos han trabajado con Campanella en el cine y es posible que Campanella versionó la obra original para el público de lengua española (no me atrevo decir lengua castellana ya que es un español “argentino” de lo más lindo y contagioso) pensando en ellos. Siendo como fuere, son magníficos los dos. Muy llamativas la “transformación” de Eduardo Blanco en el encorvado y cegato Antonio Cardoso y la agilidad física de Luis Brandoni en el papel de León Schwarz. Ambos secundados por otros cinco actores que completan el elenco sobre un escenario que evoca un rincón de un bonito parque a la perfección.

La ovación del público en pie lo dice todo. Aprovechen estos días del final del año 2019 y el comienzo del año 2020 para ver Parque Lezama. No se arrepentirán.

Parque Lezama estará sobre el escenario del Teatro Fígaro de Madrid hasta el 12 de enero de 2020. Para más información sobre las funciones de esta obra y la demás programación del Teatro Fígaro (Twitter: @clubsmedia), consulten la página web:  https://gruposmedia.com/teatro-figaro/

Diana Shoffstall

La odisea de los giles. Un drama real contado en clave de humor.

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, gilí (con tilde) significa “tonto, lelo” en el lenguaje coloquial de España. Y una definición casi idéntica tiene la palabra gil o giles en la jerga de Argentina; significa “tonto, poco astuto”.

Y de esa manera, hablando de personas que suponemos algo tontas o poco astutas, llegamos a La odisea de los giles, la última película del argentino Sebastián Borensztein (Un cuento chino, 2011; Capìtán Kóblic, 2016) protagonizada por Luis Brandoni y Ricardo Darín, entre otros, incluyendo a Chino Darín, hijo de Ricardo. Basada en la novela La noche de la Usina (premio Alfaguara 2016) de Eduardo Sacheri, La odisea de los giles sigue los pasos de un grupo de vecinos afectados por el llamado “corralito” financiero., de triste recuerdo para muchos argentinos, decretado por el gobierno de la nación en el año 2001 y que restringía la libre disposición de dinero en efectivo para evitar la salida en masa del país de depósitos bancarios.

Cartel Cartel final 'La odisea de los Giles' de 'La Odisea de los Giles'Nuestros vecinos de una población de la provincia de Buenos Aires habían aportado sus ahorros para poner en marcha una cooperativa agrícola para dar una nueva vida a su comunidad y crear empleo, y esos ahorros, como era lógico, se habían depositado en el banco. La incredulidad, estupor y frustración de nuestros protagonistas ante el decretazo pronto se tornan en ira cuando averiguan que el banquero y un abogado local, conocedores de la inminencia del decreto, se habían confabulado para estafarles y sustraer sus ahorros. Quizás el banquero y el abogado creyesen que nuestros vecinos eran solamente unos giles provinciales. Se equivocaron. Nuestros giles urden un plan ingenioso para recuperar su dinero.

La odisea de los giles es una película simpática porque nuestros protagonistas, a pesar de su falta de experiencia y su ingenuidad, logran su objetivo. La película está realizada en clave de humor para que el espectador lo pase bien y anime a los vecinos damnificados y aplaude sus acciones. Sin embargo, el “corralito” y sus consecuencias fueron muy graves para una gran parte de la población argentina, especialmente la clase media. La medida fue seguida de marchas y manifestaciones y finalmente de huelga general, disturbios y el estado de sitio. Varias decenas de personas murieron durante la revuelta en los días previos a la Navidad del año 2001.

Realmente de esto no hace tanto, apenas una generación, y sin duda para muchos argentinos el recuerdo del “corralito” es muy amargo. La odisea de los giles deja poco margen para la amargura, únicamente un atisbo de tristeza. Es una oda a la resiliencia de los ciudadanos de un país que, casi 20 años después, aún padecen una importante inestabilidad política y económica.

La odisea de los giles llegó a las pantallas de España el pasado día 29 de noviembre.

Diana Shoffstall

Esperando a Godot. Godot no vendrá pero disfrutará el espectador de una magnífica obra del teatro del absurdo

¿Quién no ha oído hablar de Esperando a Godot? Muchos de nosotros seguramente podremos dar pistas sobre esta obra, una de las más representativas del teatro del absurdo, escrita por Samuel Beckett (nacido en Dublín en 1906 y fallecido en 1989 en París), que fue reconocido por sus obras escritas (no solamente teatro, sino también novelas, cuentos, poesía, ensayos, …), siendo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1969. Beckett escribió esta obra a finales de los años 1940, después de la Segunda Guerra Mundial y al comienzo de la Guerra Fría que enfrentaba a los países del Occidente (léase los Estados Unidos y sus aliados) y los del Este (la Unión Soviética y los países de su zona de influencia). Un mundo en transición. Un mundo absurdo. Un mundo en el que muchas cosas no tenían sentido para la mayoría de las personas que vivían bajo un paraguas de fuerzas fuera de su control.

Es magnífica esta Esperando a Godot. Dirigida por Antonio Simón, el elenco es espléndido, y la puesta en escena evocativa. Unos raíles en desuso cerca de una estación de tren. Un solitario y raquítico árbol. Y dos amigos, dos amantes, dos sin techo, mayores ya (su relación dura unos 50 años) se encuentran. Vladimir y Estragon (o Didi y Gogo, como ellos se nombran afectuosamente). Y esperan. Esperan a un personaje que se llama Godot aunque no sabemos quién es Godot ni porque le esperan. Y mientras esperan, Didi y Gogo pasan el rato hablando de sus cosas (de los zapatos de Gogo que son demasiados pequeños, de los problemas de vejiga de Didi) y de la vida, sin ton ni son. La aparición de Pozzo, un hombre aparentemente de bien, junto con su criado-esclavo Lucky, con una cuerda atada a su cuello y llevado por Pozzo como si fuera un perro, romperá la monotonía de sus días y sus discursos. (Lucky, una palabra anglosajona, significa afortunado o suertudo; Beckett escogió este nombre absurdo con esmero). Pero Pozzo y Lucky se van y solamente queda esperar, hasta la aparición de un muchacho que dice tener un mensaje de Godot, que hoy no vendrá, que seguramente vendrá mañana.

Fin del primer acto de los dos de la obra. Agradecemos a Beckett que se limitase a escribir su obra en solamente dos actos, pues el segundo es una repetición del primero. Didi y Gogo se encuentran, esperan, hablan de naderías, especulan. Nuevamente pasarán por el lugar Pozzo y Lucky y, como el día anterior, se irán dejando a Gogo y Didi solos, esperando, hasta que se repite la aparición de un muchacho para anunciar que tampoco vendrá Godot hoy, sin duda lo hará mañana. ¡Qué absurdo es todo!

Y, reitero, ¡qué magnífica es esta obra! Nos encariñamos con Gogo y Didi y quedamos tan perplejos como ellos ante los personajes de Pozzo y Lucky. Beckett ideó su obra como una tragicomedia de la condición humana en ese período histórico de la posguerra. Tanto la tragedia como la comedia son aparentes para el público. La tragedia de vidas que transcurren en un bucle de monotonía y falta de voluntad para cambiar de rumbo. La comicidad de las situaciones y los diálogos absurdos que provocan nuestra risa, algo nerviosa. Quizás deberíamos llorar.

Todos los actores son formidables: Pepe Viyuela (Estragon), Alberto Jiménez (Vladimir), Juan Díaz (Lucky), Fernando Albizú (Pozzo) y Jesús Lavi (el Muchacho). Los primeros cuatro son veteranos del teatro, cine y televisión y Jesús Lavi es un nuevo valor que abre camino con seguridad y talento. Viyuela y Jiménez son los grandes protagonistas y su complicidad es total. Se complementan a la perfección. Uno más alto, otro más bajo. Diferentes pero unidos en sus destinos y su afecto, el uno por el otro. Fernando Albizú es un hombre grande, fuerte. Ignoro si para la caracterización de Pozzo el equipo de vestuario han añadido relleno a su abdomen. En todo caso, su físico (el suyo propio o el aumentado) también juega un papel importante en la obra. En el segundo acto Pozzo es, inexplicablemente, ciego y su caída sobre los raíles y sus retorcimientos para levantarse son épicos. Y, finalmente, Juan Díaz nos ofrece una clase magistral sobre cómo estar en escena sin hablar (con la excepción de unos minutos de verborrea incoherente -absurda- que son aplaudidos por el público).

No pierdan esta Esperando a Godot. Godot seguramente no hará presencia pero disfruten con la de los actores que sí están sobre el escenario y se dan lo mejor de sí para el espectador.

Esperando a Godot se estrenó en el Teatro Bellas Artes de Madrid (Twitter: @TeatroBellasArt) el día 21 de noviembre y estará en cartel hasta el próximo 5 de enero de 2010. Para más información sobre esta obra, así como con respecto de la demás programación de Teatro Bellas Artes, consulten la página web:

https://www.teatrobellasartes.es/

Diana Shoffstall

El hoyo. La barbarie de que somos capaces todos si no reflexionamos sin mayores dilaciones en el futuro que nos espera

Esta espectadora, no siendo fan del género de ciencia ficción, no puede sino aplaudir esta película de Galder Gaztelu-Urrutia, su primer largometraje que, desde su presentación en sociedad, está recibiendo kudos tanto de la crítica como del público, llenando las salas de proyección. (Véase: Premio del Público, sección Locura de Medianoche en el Toronto International Film Festival; Premios Mejor Película, Dirección Novel y del Público en el Festival de Sitges).

Estamos en el presente -la comida es la misma que comemos nosotros, las personas se visten como nosotros, sus experiencias  -vividas tanto por error como con acierto- no difieren de las nuestras, pero no es nuestro mundo. La “Asociación” rige los destinos de las personas y es la máxima ley en un centro de reclusión. Un centro de reclusión que es la alternativa a la cárcel para algunos -los que han cometido delitos- y una terapia, para dejar de fumar por ejemplo, en el caso de otros que entran voluntariamente en el centro. Una torre gigante y hermética cuya luz y temperatura son controladas por la “Asociación”, dos personas por nivel y una especie de montacargas que se origina en el nivel 0 y que todos los días está repleto de comida exquisita preparada con esmero por el cohorte de cocineros y ayudantes. Un banquete de exquisiteces que irá bajando, nivel a nivel, y parando solo unos pocos minutos para que coman los ocupantes de cada nivel. ¿Pero es lo mismo estar en el nivel 6, como en el nivel 48, o  -dios quiera que no- en el nivel 172? ¿Podrán comer todos? ¿Podrán sobrevivir todos?

Nuestro protagonista Goreng (Iván Massagué) quería dejar de fumar y en el centro no se puede fumar. Aceptó una “terapia” de 6 meses. A su compañero de nivel (por no decir de celda), el viejo Trimagasi (Zorión Egileor), le faltan solamente un par de meses para cumplir su condena, porqué en su caso sí que es una condena por un delito cometido. Empiezan a transcurrir los días, que pronto son semanas y después meses, y Goreng se verá arrastrado a un infierno de barbarismo a su alrededor que resiste con todas sus fuerzas al principio y que después utilizará él mismo, impulsado por la mínima posibilidad de cambiar el futuro. Luchará hasta el fin, sin que por ello, y a pesar de que se vislumbra un atisbo de esperanza de que pueda haber un futuro mejor en el que la “Asociación” haya perdido el poder y las personas hayan retomado las riendas de sus destinos, la desolación del espectador -o al menos de esta espectadora- es abrumadora cuando los 94 minutos de la película han llegado a su término.

El hoyo (The Platform, título de la película en inglés, que se refiere al montacargas que significa vivir un día más o morir) es una distopía en toda regla (“una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, según el Diccionario de la Real Academia Española). La visión de Galder Gaztelu-Urrutia y de los guionistas David Desola y Pedro Rivera no es bonita. Es despiadada e implacable. No es nuestro mundo actual, no, pero nuestro mundo está sufriendo. Hay sobrepoblación -o casi- y los recursos para sostener a tanta gente disminuyen y se destruyen. ¿Y si el futuro es ese? Matar o morir. La supervivencia de uno mismo sobre todo y que los demás se vayan al infierno. Yo no lo veré -y deseo con todo mi ser que nadie llegue a verlo- pero El hoyo nos obliga a contemplar ese otro mundo y preguntarnos “Qué haría yo?”.

Antes de terminar, mi enhorabuena a Aránzazu Calleja por la música que nos acompaña a lo largo de la película, un Boom! Boom! de fondo que rima con el Doom! Doom! que reverberaba en mi interior (doom es muerte, perdición y destrucción en castellano). Una enhorabuena que extiendo a todo el equipo técnico y artístico detrás de esta película que yo no tenía mucho interés en ver y que me alegro de haber visto.

El hoyo se está exhibiendo en las salas de España desde el pasado día 8 de noviembre de 2019.

Diana Shoffstall

Parásitos. El olor de la pobreza que el perfume de los ricos no puede disimular

Ver Parásitos, la última película del surcoreano Bong Joon Ho y ganadora de la Palma de Oro en la más reciente edición del Festival de Cannes, ha sido para la que suscribe un verdadero placer. Una película inteligente, mordaz, entretenida, con giros inesperados, a la vez absurda pero no de todo alejada de la realidad y con un final dramático, si bien no carente de humor negro.

Resultado de imagen de cartel de la película parásitos wordpress"La familia Kim no pasa por sus mejores momentos, si es que alguna vez tuvieran momentos mejores. Viven malamente el padre Ki-taek, la madre Chung-sook, el hijo Ki-woo y la hija Ki-jung en un pisito destartalado en un semi-sótano en un barrio deprimido y sucio. Sin un trabajo estable ninguno de los cuatro, tampoco se les ve ambiciosos ni emprendedores -en el sentido noble de ambas palabras calificativas- . Al contrario, nos parecen perezosos, vulgares y aprovechados, especialmente los padres. Los hijos se salvan en parte de tan mala opinión debido a su juventud y frescura. De hecho, Ki-woo comparte con un amigo -cuyas circunstancias son mucho más favorables a un futuro prometedor- sus sueños e inquietudes. Y el amigo, deseoso de ayudar, recomienda a Ki-woo para sustituirle como profesor de inglés de una joven de una familia pija. Aunque Ki-woo tiene sus reticencias, se convence -y tanto el amigo como su familia- le convencerán de no desperdiciar la ocasión de ganar un dinero fácil. Y así comienza la aventura desventurada de la familia Kim.

Catapultado a un entorno fastuoso, Ki-woo será seducido por las posibilidades que se le presentarán, ayudado por la superficialidad y poca perspicacia de los Sres. Park. A Ki-woo pronto le ocurrirá el primer plan: Ki-jung entrará al servicio de la casa de los Park como terapeuta experta -con credenciales falsos, como no- para encauzar los talentos artísticos del niño de la familia. Y sucederá el segundo plan y el tercero hasta que finalmente la familia Kim esté al completo empleado por los Sres. Park, el padre como el chófer y la madre como la encargada de llevar la intendencia de la casa. Es previsible que las artimañas de la familia Kim no podrán prosperar durante mucho tiempo y así es. Mientras traman para conseguir sus propósitos, nos reímos porque disfrutamos con su ingenio y la patética inocencia de la Sra. Park. Reír, reír, sí, hasta que da un vuelco la historia y lo absurdo y cómico se transforman en locura con sangrientas consecuencias.

Bong Joon Ho retrata en Parásitos dos grupos sociales opuestos. Lo hace con un humor negro que le permite también arrojar una dura y ponderada crítica sobre unos y otros. Las desigualdades entre ricos y pobres que condicionan su presente y su futuro son presentes en todo momento en Parásitos. Y cuando no son abordadas a tiempo, desembocarán en tragedia. Damos las gracias a Bong Joon Ho por el enorme talento -el suyo, el de su equipo técnico y el de los actores- que nos ha traído este film tan atractivo y acertado.

Parásitos llegó a las pantallas de España el pasado día 25 de octubre.

Diana Shoffstall

Tardes con Colombine. La pasión y visión de una gran mujer

He de confesar, con bastante pudor, que desconocía quién era Carmen de Burgos -conocida popularmente con el seudónimo de Colombine- hasta hace un par de meses. Una joven amiga mía -Isabel Albertos Johnston- fue la encargada de ilustrar el libro “Cócteles de Colombine y otras bebidas modernas” de Descrito Ediciones que homenajeaba la figura de Carmen de Burgos (https://descritoediciones.com/product/cocteles-de-colombine-y-otras-bebidas-modernas-carmen-de-burgos-colombine/). Yo me preguntaba entonces: ¿Quién era Carmen de Burgos? y descubrí un personaje fascinante. Una mujer polivalente y valiente: periodista, escritora, traductora, conferenciante, maestra, activista en pro de los derechos de la mujer y hasta corresponsal de guerra (estuvo en Melilla durante la llamada Guerra del Rif). También amante de la buena cocina. Una mujer que vivió apasionadamente y que defendió sus principios hasta el final. (Almeriense de nacimiento, murió en Madrid en 1932 a los 64 años). Luchó toda su vida por la igualdad de la mujer en la sociedad española y fue castigada por ello. Al término de la Guerra Civil española, el nuevo régimen censuró sus libros y su nombre fue incluido en la lista negra de autores prohibidos. Sus libros fueron retirados de las librerías.

Después de esta introducción -algo larga- los lectores comprenderán que yo tendría mucho interés en ver Tardes con Colombine, de La Culebra Producciones, dirigida por Juan Carlos Talavera. Sobre el escenario dos mujeres: las actrices Carmen Sánchez Molina, como Carmen de Burgos (y también la responsable de la dramaturgia de la obra), y Luz Juanes, como la portera Dolores (y en alguna escena encarnando a María, la hija de Carmen de Burgos, o a la hermana de la escritora, o incluso a cualquier mujer anónima que asistía a una de sus conferencias). Carmen de Burgos (“la Sra. Carmen”) y Dolores son mujeres opuestas, por lo menos eso parece al principio. Carmen es una mujer independiente, progresista, feroz en su lucha por los derechos de la mujer y en su crítica de la sociedad que le rodea, dominada por los hombres y la iglesia católica. Dolores es una mujer analfabeta que se escandaliza ante los pronunciamientos de la Sra. Carmen. Dolores representa a la mayoría de las mujeres de la época: sumisas a sus maridos y a las instituciones, sin ambiciones y sin educación. Pero Dolores quiere poder leer las cartas que le envía su hijo mayor y le pide a la Sra. Carmen que le enseñe a leer y a escribir. Entre estas dos mujeres se creará un vínculo que les permitirá compartir sus historias, sus penas y sus esperanzas.

Y así, pasando de escena a escena, no siempre en orden estrictamente cronológico, llegaremos a conocer cada vez un poco más quién era Carmen de Burgos. Un matrimonio cuando ella tenía sólo 16 años, un marido infiel y desconsiderado, tres partos y tres bebés que fallecieron, el abandono de su hogar por parte de Carmen, su traslado a Madrid con su pequeña hija María, sus comienzos y su consagración como escritora, las tertulias en su casa (Carmen de Burgos se relacionó con Galdós, Blasco Ibañez, Juan Ramón Jiménez, Sorolla, Gregorio Marañón, entre otros), su idilio de muchos años con el mucho más joven periodista y escritor Ramón Gómez de la Serna (y la dolorosísima ruptura, cuando su hija María y Ramón se convirtieron en amantes), … Todo ello regado con la pasión con la que vivió Carmen de Burgos. A pesar de los obstáculos y de las críticas que recibía de algunos sectores de la sociedad, ella no desfallecía en su empeño de conseguir la emancipación real de la mujer.

La interpretación de las actrices nos cautiva, la utilización de la iluminación y los fondos con fotografías en blanco y negro es efectiva. Tardes con Colombine es una pequeña obra de gran calidad sobre una mujer que nunca debería caer en el olvido.

Podemos ver Tardes con Colombine en el Teatro Nueve Norte de Madrid (Twitter: @9NorteTeatro) los sábados a las 19:30 horas. Para toda la información sobre esta obra y demás programación de la sala, consulten la página web:

http://www.nuevenorte.com/

Diana Shoffstall

La trinchera infinita. La infinitud del recuerdo

La trinchera infinita es el último trabajo colectivo de los tres jóvenes vascos Aitor Arregi (nacido en 1977), Jon Garaño (del año 1974) y José Mari Goenaga (1976; también es co-guionista junto a Luiso Berdejo). Son viejos conocidos los tres a pesar de su juventud.  Garaño y Goenaga fueron los co-directores y co-guionistas de la película En 80 días (2010). También lo fueron de Loreak (2014). Arregi formó equipo con ellos como co-guionista. Y en 2017 llegó la premiadísima Handia, ahora con Arregi y Garaño como co-directores y los tres -Arregi, Garaño y Goenaga- responsables del guión (junto a Andoni de Carlos). En La trinchera infinita los directores han contado igualmente con otros profesionales galardonados también por su colaboración en Handia: otro joven vasco -Javier Agirre Erauso (1975)- como director de fotografía; el veterano compositor francés, afincado en San Sebastián, Pascal Gaigne;  y los montadores Laurent Dufreche y Raúl López. Un equipazo. (Hablamos de Handia en este blog hace dos años: https://stageandscreenole.wordpress.com/2017/11/02/handia-la-tragedia-del-gigante-de-altzo/).

Resultado de imagen de imágenes de la trinchera infinita wordpressEn esta ocasión, los colaboradores se han fijado en la historia de los topos, esas personas que por temor a las represalias de los insurgentes -y finalmente conquistadores- de la guerra civil española, buscaron desesperadamente escondrijos y, una vez encontrados, quedaron allí encerrados hasta tener la seguridad de que, si salían, no iban a ser encarcelados o fusilados. En La trinchera infinita estamos en el año 1936 en un pueblo andaluz. Los partidarios de la sublevación se han envalentonado y andan a la caza. Higinio Blanco huye -es concejal de la izquierda- pero es presa fácil en el campo y vuelve a su casa -al hogar que ha formado hace poco con Rosa- para refugiarse en un hueco diminuto y disimulado tanto al observador casual como a sus perseguidores que destrozarán la casa pero no le encontrarán. Nosotros los espectadores nos convertimos en Higinio. La soledad, la oscuridad, el silencio, el miedo, pero no el olvido. Está siempre allí Rosa, velándole, enfrentándose con coraje a los que aún sospechan que Higinio no puede haber desaparecido sin más. Ellos tampoco han olvidado.

No es la primera vez que el calvario de los topos de la guerra civil y posguerra ha sido retratado en el cine. Manuel Cortés era el alcalde republicano de un pueblo de Andalucía -de Mijas en Málaga- cuando estalló la guerra. Se escondió en su casa, con el único cuidado de su mujer, y no salió de allí durante los 30 años siguientes. Manuel Hidalgo Martín relató los hechos en un documental animado en 2011 -30 años de oscuridad– que fue nominado al premio Goya en la categoría de mejor largometraje documental. Los actores Juan Diego y Ana Fernández fueron las voces del ex-alcalde y de su mujer.

En La trinchera infinita, Higinio Blanco y Rosa son ficticios pero representan a los topos históricos (y el resto del reparto son, por un lado, los familiares y amigos que arroparan a aquellos durante su encierro y, por otro, los que les buscaran para represaliarles). Antonio de la Torre (2 premios Goya y 13 nominaciones a los mismos -todo un récord- ) y Belén Cuesta (dos nominaciones a los premios Goya) encarnan a Higinio y a Rosa. Ambos actores nacieron en Andalucía y aflora aquí el hablar andaluz de sus raíces. (A veces el deje era tan fuerte que dificultaba el entendimiento a la que suscribe). Como también brota e inunda la historia el amor que une a Higinio y Rosa, un amor pasional en su juventud, un amor que sobrevive aunque se pondrá a prueba.

Y finalmente llegará el año 1969, año de la amnistía franquista, el año en que Higinio deberá vencer su aprensión y luchar contra el pánico. El año en que -33 años después- podrá pasear por las calles de su pueblo al lado de Rosa. Pero ha perdido 33 años de su vida y cuando Higinio se para frente a la vivienda de Gonzalo, su perseguidor más rabioso durante esos 33 años, y percibe la sombra de Gonzalo detrás de la ventana, nos damos cuenta que aún no se ha acabado la trinchera. Durante 33 años Higinio, desde su escondite o a através de una rendija en la persiana, podría ver a un Gonzalo vigilante. Ahora, ¿quién vigila a quién?

La trinchera infinita fue estreno en España el pasado día 31 de octubre de 2019.

Diana Shoffstall

Locos de contento. Euforia y desolación. Una comedia grotesca para tiempos de crisis.

Locos de contento salimos los espectadores del Teatro de Las Aguas al término de esta obra del uruguayo Jacobo Langsner, puesta en escena por el español Diego Molero y protagonizada por los argentinos Camila Bertone y Gabriel Tortarolo. Contentos por haber pasado algo más de una hora en compañía de dos actores que nos han hipnotizado. Y es que Jacobo Langsner creó dos personajes allá por los comienzos de la década de los años 90 del siglo pasado con quienes podemos identificarnos casi treinta años después.

Jacobo Langsner tiene nada menos de 92 años. Aunque nació en Rumanía, llegó con solo 3 años a Uruguay con su familia. Desde hace años reside en Buenos Aires. Se considera “rioplatense” y que su obra también es “rioplatense”. En Locos de contento posa su mirada sobre el matrimonio formado por Claudia y Román cuya economía familiar está en las últimas y cuyas esperanzas se han avivado ante la inminente visita a su casa de un Senador de la Nación. Claudia intentará alentar a su marido e infundirle ánimos mientras Román no está para la labor. No tiene trabajo, están a punto de perder su casa y, si eso no fuera suficiente para hundirle, su hombría está en cuestión. Los primeros minutos de la obra están dedicados a la lastimosa situación a la que ha llegado el matrimonio ante la imposibilidad de Román de mantener relaciones carnales con su mujer. Por muy gracioso e ingenioso que ha sido el diálogo en estas primeras escenas, yo esperaba que hubiera algo más que contar, y así fue. Porque Claudia y Román finalmente se revelarán frágiles, aterrados y desesperados, no ya porque Román no pueda consumir el “acto”, sino porque se quedan sin recursos, la esperanza es efímera, el Senador de la Nación les abandona y ellos permanecen solos – Claudia y Román, una con el otro, al tiempo que aislados entre si, cada uno consigo mismo, ante un futuro sin duda incierto, quizás peligroso y sobretodo angustioso.

Al término de la obra, los actores han agradecido la presencia del público y han caracterizado la obra como una comedia “grotesca”, un género muy propio del teatro rioplatense y del que Jacobo Langsner ha sido un maestro. Su obra de teatro Esperando la carroza fue llevada al cine en 1985 por Alejandro Doria con el mismo título y se ha convertido en una película de culto en Argentina.

Comedia negra, tragicomedia o comedia grotesca, Locos de contento es una obra que merece la pena. Nos hemos reído y mucho y también nos hemos refugiado en las butacas de la sala ante la creciente tensión.

No sé si Camila Bertone y Gabriel Tortarolo son pareja o matrimonio de verdad, pero sobre el escenario y como Claudia y Ramón, son un tándem con un engranaje bien engrasado, una pareja en crisis en una sociedad en crisis. Y 10 puntos para la puesta en escena. Todo en blanco y negro, casi de modo simbólico, incluido el vestuario. Blanco y negro, dos extremos que capturan perfectamente los extremos de euforia y desolación de Locos de contento.

El Teatro de Las Aguas (Twitter: @teatrodlasaguas) ha sido todo un descubrimiento. Nos dijeron que hace ya unos cuatro años que el local se reformó y se presentó de nuevo a su público en el barrio de La Latina de Madrid. Su programación es variada y para todos los públicos e incluye espectáculos de pequeño formato (como son los monólogos) en la “cueva”.

Para toda la información sobre la programación del Teatro de Las Aguas, consulten su página web:

http://www.teatrodelasaguas.com

Diana Shoffstall

Mientras dure la guerra. Seguramente vencerá, pero quizás no convenza.

En primer lugar, es menester aclarar que esta película no es una película bélica aunque la historia transcurre en los primeros meses de la Guerra Civil española, en la última mitad del año 1936, mayoritariamente en Salamanca, donde residía Miguel de Unamuno, escritor , filósofo, intelectual vasco y rector de la universidad salmantina desde el año 1931. En el año 1936 Unamuno tenía ya la respetable edad de 72 años.

Y en segundo lugar, es preciso decir que son las excelsas caracterizaciones de los actores principales lo que hacen grande esta película (sin menoscabo de la calidad de las interpretaciones del reparto en su conjunto). Son soberbios los actores Karra Elejalde, Eduard Fernández y Santi Prego como Unamuno, el general Millán-Astray y Franco, respectivamente. Merecedores de los más fervorosos elogios los tres.

El director, guionista, productor y compositor chileno-español Alejandro Amenábar tenía tan solo 24 años cuando su primer largometraje Tesis, del año 1996, llegó y  triunfó (premios Goya por mejor guión original y mejor dirección novel). En los veintitantos años siguientes Amenábar ha conquistado el mundo entero -1 Óscar y un total de 9 Goya entre otros muchos premios- con títulos tan apreciados y de alta calidad como Abre los ojosLos otrosMar adentro, o Ágora. Sin embargo, su último film es de hace cuatro años (Regresión, 2015) y tuvo una acogida más bien tibia entre el público y la crítica especializada.  Pues Amenábar ha regresado a la gran pantalla como director, co-guionista (junto a Alejandro Hernández), co-productor y compositor de la banda sonora de Mientras dure la guerra.

Y como ya he dicho, es una película que, sobretodo, retrata a Unamuno, siguiendo sus pasos en esos meses cruciales posteriores al hundimiento de la Segunda República y el  golpe de estado, llevado a cabo el 17 de julio de 1936 y protagonizado por un sector de las Fuerzas Armadas españolas, destacando entre los militares el general Francisco Franco. Unamuno había apoyado al gobierno legítimo hasta el último momento, pero su desencanto con los políticos hizo que en un principio refrendó el levantamiento. En pocas semanas supo que se había equivocado. Se le atribuye a Unamuno las frases “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España” pronunciadas en un discurso el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca y frente a algunos miembros de la cúpula militar -incluyendo al general Millán-Astray- . Fue el comienzo del fin para Unamuno. Fue apartado de todo cargo público, fue destituido como rector de la universidad  y se le confinó a su casa bajo arresto domiciliario. Murió el 31 de diciembre de 1936.

Karra Elejalde transmite magistralmente todas las matices de la personalidad de Unamuno. Esperamos que quede debidamente recompensada su soberbia interpretación.

Y ahora vamos con el subtexto de Mientras dure la guerra: una fascinante representación de las intrigas y ambiciones, debilidades y secretos, fintas y cacareos de los generales sublevados que finalmente desembocaron el 28 de septiembre de 1936 con el nombramiento del “generalísimo” Franco como Jefe del Gobierno del Estado “mientras dure la guerra civil”. Las personas como yo de una cierta edad recordamos a Franco en vida. Sí, era de baja estatura y tenía una voz fina y aguda. Santi Prego encarna a Franco a la perfección. Y Eduard Fernández no deja títere con cabeza con su interpretación del general Millán-Astray, secuaz incondicional de Franco. Recordaremos a Millán-Astray por su papel en la Guerra Civil Española y porqué fundó la Legión. Y yo acabo de enterarme que también fue el fundador de Radio Nacional de España. Cosas del pasado y cosas del presente. Casualmente el estreno de Mientras dure la guerra coincide con el inminente y polémico traslado de los restos de Franco de su sepultura en el Valle de los Caídos.

Amenábar ha firmado una película interesante. Mientras dure la guerra gusta a los espectadores -a mi me ha gustado- aunque no es, en mi opinión, su mejor película. La transición entre las dos historias -la de Unamuno y la de los generales- es a veces abrupta. Pero me lo quedo todo. Podemos perdonar las irregularidades. Siéntense y disfruten del trabajo de tres grandes actores.

Mientras dure la guerra llegó a los cines de España el pasado día 27 de septiembre.

Diana Shoffstall