Monos. Una estremecedora zambullida en un mar de depravación que engulle la inocencia

Tremenda, tremebunda, truculenta, … Y más adjetivos del mismo estilo podríamos utilizar para describir esta película apocalíptica, violenta y sobrecogedora.

Hasta el título elegido por el colombiano/ecuatoriano Alejandro Landes en este su tercer largometraje es revelador: Monos, un primate que no es humano pero que comparte ancestros comunes con los humanos. Los monos son los ocho jóvenes guerrilleros, seis chicos y dos chicas -adolescentes todos ellos – cuyos noms de guerre son también descriptivos: Rambo, Lobo, Leidi, Sueca, Pitufo, Perro, Boom Boom, Patagrande, … Custodian una rehén, una americana, y están solos con excepción de la visita esporádica de un guerrillero adulto bajito pero forzudo, el “mensajero”, parco de palabras pero intimidor. Un hombrecillo al que otros han lavado el cerebro y cuya misión ahora es lavar el cerebro a sus jóvenes acólitos. Pero los aprendices a veces superan a los maestros. La película comienza con los ocho jugando a fútbol con los ojos tapados en su campamento de verano en la cima de una montaña. Un juego algo arriesgado pero un juego de niños al fin y al cabo. Y la película termina con el grupo roto, huidos y escondidos en la jungla. Ya no es un juego sino una lucha salvaje y despiadado por el poder. Los chicos -casi todos ellos- ahora son todo menos que humanos.

La primera película de Landes, Cocolero (2007), fue un documental sobre los cultivadores de coca en los tiempos de la elección de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. En Porfirio (2011), Landes, basándose en hechos reales, contó la vida de un colombiano y su lucha por sobrevivir. En Monos, Landes se inspira en las guerrillas reales que existen o subsisten en varios países sudamericanos y sus secuestros y niños-soldados. Pero también sus fuentes son literarias. Recordaremos con escalofríos El señor de las moscas, la novela de William Golding de 1954; la cabeza sangrante de un cerdo es una referencia explícita a la citada obra. Asimismo Monos nos hace rememorar la película de Coppola de 1979 Apocalypse Now cuya fuente directa es la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, que nos remonta al año 1899.

O sea, la premisa de Monos quizás no sea original, pero ello no nos importa. La película es impactante, asfixiante, durísima. La banda sonora (a cargo de Mica Levi) es poderosa e insinuante. El guión (de Landes junto con Alexis Dos Santos) retuerce por aquí y por allá en el lenguaje del submundo que habitan los monos.

Y sobretodo los actores hacen una grandísima labor. Con la excepción de Moisés Arias (Patagrande) que es un actor experimentado, los demás monos son actores debutantes en esta película. Y de todos ellos hemos de dar un sobresaliente a la joven gender-fluid Sofía Buenaventura (en el papel del chico Rambo). Tanto su presencia y su interpretación como la de Moisés Arias hacen que esta película -no recomendada para menores de 16 años- se nos quede en la retina durante mucho, mucho tiempo.

Monos se estrenó en las salas de cine de España el 21 de febrero de 2020 y apenas la encontramos en alguna sala a fecha de hoy. Una pena.

Diana Shoffstall

Waves (un momento en el tiempo). Oleadas de emoción y empatía. Un viaje a lo más íntimo de los seres queridos

Una familia afroamericana que vive en un próspero suburbio al sur del Estado de Florida en los Estados Unidos. Los padres (Ronald y Catherine) ejercen sus respectivas profesiones y los hijos (Tyler y Emily) son estudiantes del instituto local. Una familia como muchas, con expectativas de futuro, integrada en su comunidad, acomodada en su entorno sociocultural. Todo bien, hasta que una ola de acontecimientos sumerge la familia en la tragedia.

Cartel España de 'Un momento en el tiempo - Waves'La que suscribe no conocía a Trey Edward Shults ni, por tanto, sus trabajos anteriores. Estadounidense, de solo 31 años, Waves es su tercer largometraje. Los anteriores – Krisha (2015), una drama familiar protagonizada por la propia familia de Shults, y Llega de noche (2017), una película de suspense y terror- fueron bien recibidos. Este tercer trabajo de Shults se ha estrenado en España con bastante sigilo. Desde luego no entró en los top 25 de taquilla y espectadores el primer fin de semana de su estreno. Una pena realmente porque la película merece que nos detengamos en ese momento en el tiempo.

Es difícil hablar de esta película sin desvelar los puntos clave. Así que, de puntillas podemos decir que el hijo Tyler es una de las estrellas del equipo de lucha (wrestling) del instituto y está muy enamorado de su novia Alexis, una compañera muy querida por todos. Tyler está a punto de conseguir una buena beca para la universidad. Ronald y Catherine no han dejado de apoyarle, y hasta agobiarle en el caso de su padre Ronald. A fin de cuentas esta familia y muchas otras de su entorno constituyen la primera generación que ha superado las penurias económicas, carencias educativas y discriminación social de hace no tantos años. Tyler vive en la cresta de la ola: el deporte y el estatus que conlleva, la novia y el sexo pujante e irrefrenable de la juventud, los amigos y las fiestas y el frenesí de la música y de las drogas recreativas. Hasta que llega la lesión y a continuación el tropiezo seguido de la pérdida de control y, finalmente, la tragedia … cuyas consecuencias determinarán el resto de la vida de Tyler y de su hermana y sus padres. Será ahora Emily en quién ahora nos fijamos. Una joven algo tímida, quizás algo eclipsada por su hermano. Una joven que de repente se encuentra bajo el escrutinio de sus compañeros de instituto y que no encuentra amparo en sus padres, asimismo sumidos en el dolor. Hasta que el joven Luke le habla y le escucha. Emily y Luke harán un viaje durante el cual desenterrarán recuerdos y dejarán fluir emociones. Paralelamente Ronald y Catherine deberán reencontrarse. Todos -incluido Tyler- volverán de sus propios infiernos fortalecidos.

Waves es una bella película sobre los errores, sobre la ambición y la perdición, pero también sobre el amor y sobre el perdón y la redención. Los actores no son especialmente conocidos (con alguna excepción) pero todos ellos aportan experiencia y oficio y sus interpretaciones tienen una gran dosis de empatía con sus personajes: Taylor Russell (Emily), Kelvin Harrison, Jr. (Tyler), Alexa Demie (Alexis), Sterling K. Brown (Ronald), Renée Elise Goldsberry (Catherine; brilló en Hamilton en Broadway) y Lucas Hedges (Luke; gran revelación en la película Manchester by the Sea). Todos ellos más que bien y casi perfecto el guión, el concepto, la dirección y la visión de Trey Edward Shults que se acerca a los personajes con sensibilidad y sensatez y los retrata con respeto y cariño y muchos matices.

Waves llegó a los cines de España el pasado día 31 de enero.

Diana Shoffstall

Mujercitas. Ojalá Greta Gerwig hubiese elegido otro título para esta malograda adaptación de un clásico de la literatura

La distribuidora Sony Pictures eligió el pasado día de Navidad para el estreno de esta nueva versión cinematográfica de la muy conocida y amada novela de Louisa May Alcott, publicada en el año 1868 y basada en parte en su propia vida. Una vez más estamos invitados a seguir a las cuatro hermanas March -Meg, Jo, Beth, Amy- en su marcha hacia la madurez. Mujercitas es un buen ejemplo del género coming-of-age y, a pesar del más de siglo de vida de la historia y de las cinco versiones en celuloide (dos mudas del principio del siglo veinte y tres sonoras en los años 1933, 1949 y 1994), las aventuras y desventuras de los miembros de la familia March y de las personas de su entorno son atrayentes y se prestan a distintas interpretaciones. Y allí reside el quid de la proliferación de versiones. Dentro de veinte años es muy posible que otro/a realizador/a decida actualizar la historia escrita por Alcott y adaptar los personajes a los nuevos tiempos.

La actriz californiana Greta Gerwig hizo su debut como directora y guionista en el cine con la bien recibida Lady Bird (2017) y sin duda con Mujercitas pretende repetir el éxito.

La que suscribe le desea a Gerwig buena fortuna y muchos éxitos pero no comparte para nada su visión y tratamiento en esta Mujercitas. Para empezar, hablemos de los actores. Saoirse Ronan es la independiente y decidida Jo y también era la protagonista de Lady Bird. Emma Watson -siempre la recordaremos como Hermione Granger de la saga de Harry Potter– encarna a la conciliadora Meg. Florence Pugh se hizo notar en Lady Macbeth (2016) y es la pequeña y bonita pero caprichosa Amy. Timothée Chalamet está por doquier actualmente en el cine y con razón y aquí se mete en el papel de Laurie. Los veteranos Laura Dern, Meryl Streep y Chris Cooper también hacen su aparición. Podría añadir más nombres pero termino con el del francés Louis Garrel que se ha colado en la película como el Profesor Friedrich Bhaer. Mucho talento, ¿no? No lo discuto pero para mi Gerwig se ha columpiado y mucho con el casting. Lo más destacado por equivocado: Emma Watson no da la talla como Meg; parece una niña haciendo teatrillo. Florence Pugh, con su voz grave y cuerpo sólido no transmite la ligereza que caracteriza a Amy; y, lo más grave de todo es la elección de un guapo actor francés (Louis Garrel), que parece menor de los 36 años que tiene, para interpretar al Professor Bhaer, el mentor -y eventual marido- de Jo. Nooooooo, por favor.

Creo que tampoco ha funcionado la historia porque Gerwig no la ha contado linealmente, sino que va del presente al pasado y viceversa, en escenas cortas. Consecuencia de ello es que tanto los personajes como las relaciones entre unos y otros carecen de un desarrollo en profundidad y el espectador queda desamparado, desconociendo cómo se ha llegado de la A a la C cuando la B se ha perdido. Yo conozco bien el libro y no me han convencido las licencias tomadas por Gerwig. Y personas de mi entorno que no han leído el libro se han quejado de esa desafortunada manera de saltar y retroceder en el tiempo. Solamente el personaje de Jo, protagonista principal de la película, es otorgado el respeto y minutos necesarios en pantalla para que podamos comprenderla y formar una opinión.

Que quede claro que la película no es mala, aunque sí es decepcionante. El trabajo de Gerwig ha levantado muchas expectativas y su película Mujercitas está en racha: nominaciones y premios no le faltan (premios Globo de Oro y de la Crítica Cinematográfica, los BAFTA y los Óscar, …). Se admiten apuestas. Con esta reseña la mía ya está echada.

Diana Shoffstall

Las criadas. Cuando la desigualdad y la desesperanza desembocan en locura

Las criadas es una de las obras tempranas del novelista, dramaturgo y poeta francés Jean Genet (1910-1986). Se estrenó en París en 1947 y fue escrita por Genet estando él en la cárcel, pues la primera mitad de la vida de Genet no fue fácil. Hijo de una joven prostituta y de padre desconocido, su infancia y su primera juventud la pasó en instituciones y casas de acogida. Pronto el joven Genet se entregó a la delincuencia, e incluso a la prostitución, y encadenaba estancias en prisión que podrían finalmente haber terminado en una cadena perpetua si no hubiera sido por la intervención de personas como Sartre, Picasso, Cocteau y otras que hicieron presión para obtener el indulto. Y es que Genet utilizaba sus períodos de reclusión para escribir sus primeras poemas, novelas y ésta, Las criadas, su primera obra de teatro que toca los temas que son cercanos a Genet: la lucha de clases y la desigualdad, los privilegios de las clases pudientes y el desamparo de los pobres.

No photo description available.En Las criadas conocemos a las hermanas Clara y Solange, las criadas domésticas de una gran señora a quien odian y envidian por partes iguales. Estando la señora fuera de casa, Clara y Solange toman posesión de la alcoba y posesiones fastuosas de la dama y planean cómo pueden terminar con la vida de ésta y liberarse de esa tiranía y desidia que rigen sus días. La vida de las hermanas ha transcurrido en la pobreza y el desprecio y ellas están sumergidas en el fango de un submundo. Sus fantasías pronto se apoderarán de ellas. La razón irá poco a poco desapareciendo de su discurso y será sustituida por una locura creciente.

Las criadas en esta ocasión es una producción de Kallisté Teatro para la sala El Corral de Lope en Madrid. Kallisté Teatro se anuncia como una “compañía libre, experimental e independiente de teatro”. Su montaje de Las criadas es espléndido para este espacio reducido. Y los tres actores sobre el escenario (dos mujeres y un hombre aquí; los personajes de la obra son interpretados indistintamente por mujeres y hombres) no son menos espléndidos. Isolina Cerdá es Clara, Eva Pego encarna a Solange y Francisco Montejano asume el papel de la señora. Las tres interpretaciones son soberbias, si bien yo destacaría sobre todo la de Isolina Cerdá como Clara. Desgarradora. En definitiva, una obra que hipnotiza al público. El espectador queda atrapado en el torrente de palabras y emociones de Clara y Solange y de su señora y respira con alivio cuando finalmente cae simbólicamente el telón.

La sala El Corral de Lope la encontraremos al fondo del local madrileño de Modus Operandi , que se define como “una empresa de gestión cultural que aúna … la actividad creativa” y que incluye una galería de arte, un editorial y un espacio para las artes escénicas. Ese espacio -El Corral de Lope- es una acogedora sala -el aforo es limitado- idónea para obras íntimas.

Las criadas la podemos ver los sábados, por lo menos hasta finales del mes de febrero. Consultad la página web de Modus Operandi para toda la información sobre la programación de El Corral de Lope.

http://www.artemodusoperandi.com/elcorraldelope.php

Diana Shoffstall

Parque Lezama. Un enorme talento desplegado en un pedacito de un parque en un rinconcito de Buenos Aires trasladado a Madrid

Dos ancianos sentados en un banco de un parque urbano conversan, se reprochan, discuten, acuerdan una tregua. Y así una y otra vez, cimentando una amistad y compartiendo las horas del día y sus vidas con los espectadores que abren sus corazones a estos entrañables personajes.

Herb Gardner (1934-2003), aparte de ser durante unos años el marido de la actriz y cantante Rita Gardner, era un cotizado y afamado guionista y dramaturgo neoyorquino. Su obra de teatro I’m Not Rappaport, sobre dos ancianos sentados en un banco en el conocidísimo Central Park de la metrópoli que le vio nacer, llegó a Broadway en el año 1985 y fue aclamada tanto por el público como por la crítica (tres premios Tony, incluyendo el premio a la mejor obra).

El no menos cotizado y afamado guionista y director de cine y de teatro, Juan José Campanella, nacido en Buenos Aires en 1959 y conocido sobre todo por sus películas, tales como El hijo de la novia  (2001), El secreto de sus ojos (2010 y ganadora de un Óscar y un Goya, como mejor película de habla no inglesa y mejor película iberoamericana), o la más reciente El cuento de las comadrejas de este mismo año, adaptó la obra de Gardner y la estrenó en el Teatro Liceo de Buenos Aires en 2013 con el título Parque Lezama (un parque emblemático de Buenos Aires) y con dos grandes actores argentinos como lo son Luis Brandoni y Eduardo Blanco en los papeles protagonistas. La obra arrasó en Argentina y lo está haciendo también en Madrid.

Parque Lezama/I’m Not Rapapport es una comedia, desde luego. Los diálogos son realmente hilarantes. Por un lado tenemos a León Schwarz (Luis Brandoni), que se resiste a conformarse con su realidad. Es un cuentista simpático que no duda enredar a los de su entorno en sus historias inventadas. Su compañero de banco es Antonio Cardoso (Eduardo Blanco), algo cascarrabias, que prefiere no salirse de la zona de confort de su cotidianidad. Pero la obra es mucho más que una comedia. Retrata a dos personas cuyos caracteres son opuestos y sin embargo comparten la vejez y su invisibilidad en la sociedad actual. Son presionados por los más jóvenes que les tratan como niños y se creen con el derecho de tomar decisiones por ellos. Están expuestos a la violencia y peligros de la ciudad. Aún así, son sobrevivientes llenos de experiencia y sabiduría y seguirán sobre su banco del parque haciéndose -y haciéndonos- compañía.

¿Qué decir del veteranísimo Luis Brandoni (79 años de edad) y el “joven” Eduardo Blanco (solamente tiene 61 años)? Pues simplemente que son dos actores excelsos. Ambos han trabajado con Campanella en el cine y es posible que Campanella versionó la obra original para el público de lengua española (no me atrevo decir lengua castellana ya que es un español “argentino” de lo más lindo y contagioso) pensando en ellos. Siendo como fuere, son magníficos los dos. Muy llamativas la “transformación” de Eduardo Blanco en el encorvado y cegato Antonio Cardoso y la agilidad física de Luis Brandoni en el papel de León Schwarz. Ambos secundados por otros cinco actores que completan el elenco sobre un escenario que evoca un rincón de un bonito parque a la perfección.

La ovación del público en pie lo dice todo. Aprovechen estos días del final del año 2019 y el comienzo del año 2020 para ver Parque Lezama. No se arrepentirán.

Parque Lezama estará sobre el escenario del Teatro Fígaro de Madrid hasta el 12 de enero de 2020. Para más información sobre las funciones de esta obra y la demás programación del Teatro Fígaro (Twitter: @clubsmedia), consulten la página web:  https://gruposmedia.com/teatro-figaro/

Diana Shoffstall

La odisea de los giles. Un drama real contado en clave de humor.

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, gilí (con tilde) significa “tonto, lelo” en el lenguaje coloquial de España. Y una definición casi idéntica tiene la palabra gil o giles en la jerga de Argentina; significa “tonto, poco astuto”.

Y de esa manera, hablando de personas que suponemos algo tontas o poco astutas, llegamos a La odisea de los giles, la última película del argentino Sebastián Borensztein (Un cuento chino, 2011; Capìtán Kóblic, 2016) protagonizada por Luis Brandoni y Ricardo Darín, entre otros, incluyendo a Chino Darín, hijo de Ricardo. Basada en la novela La noche de la Usina (premio Alfaguara 2016) de Eduardo Sacheri, La odisea de los giles sigue los pasos de un grupo de vecinos afectados por el llamado “corralito” financiero., de triste recuerdo para muchos argentinos, decretado por el gobierno de la nación en el año 2001 y que restringía la libre disposición de dinero en efectivo para evitar la salida en masa del país de depósitos bancarios.

Cartel Cartel final 'La odisea de los Giles' de 'La Odisea de los Giles'Nuestros vecinos de una población de la provincia de Buenos Aires habían aportado sus ahorros para poner en marcha una cooperativa agrícola para dar una nueva vida a su comunidad y crear empleo, y esos ahorros, como era lógico, se habían depositado en el banco. La incredulidad, estupor y frustración de nuestros protagonistas ante el decretazo pronto se tornan en ira cuando averiguan que el banquero y un abogado local, conocedores de la inminencia del decreto, se habían confabulado para estafarles y sustraer sus ahorros. Quizás el banquero y el abogado creyesen que nuestros vecinos eran solamente unos giles provinciales. Se equivocaron. Nuestros giles urden un plan ingenioso para recuperar su dinero.

La odisea de los giles es una película simpática porque nuestros protagonistas, a pesar de su falta de experiencia y su ingenuidad, logran su objetivo. La película está realizada en clave de humor para que el espectador lo pase bien y anime a los vecinos damnificados y aplaude sus acciones. Sin embargo, el “corralito” y sus consecuencias fueron muy graves para una gran parte de la población argentina, especialmente la clase media. La medida fue seguida de marchas y manifestaciones y finalmente de huelga general, disturbios y el estado de sitio. Varias decenas de personas murieron durante la revuelta en los días previos a la Navidad del año 2001.

Realmente de esto no hace tanto, apenas una generación, y sin duda para muchos argentinos el recuerdo del “corralito” es muy amargo. La odisea de los giles deja poco margen para la amargura, únicamente un atisbo de tristeza. Es una oda a la resiliencia de los ciudadanos de un país que, casi 20 años después, aún padecen una importante inestabilidad política y económica.

La odisea de los giles llegó a las pantallas de España el pasado día 29 de noviembre.

Diana Shoffstall

Esperando a Godot. Godot no vendrá pero disfrutará el espectador de una magnífica obra del teatro del absurdo

¿Quién no ha oído hablar de Esperando a Godot? Muchos de nosotros seguramente podremos dar pistas sobre esta obra, una de las más representativas del teatro del absurdo, escrita por Samuel Beckett (nacido en Dublín en 1906 y fallecido en 1989 en París), que fue reconocido por sus obras escritas (no solamente teatro, sino también novelas, cuentos, poesía, ensayos, …), siendo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1969. Beckett escribió esta obra a finales de los años 1940, después de la Segunda Guerra Mundial y al comienzo de la Guerra Fría que enfrentaba a los países del Occidente (léase los Estados Unidos y sus aliados) y los del Este (la Unión Soviética y los países de su zona de influencia). Un mundo en transición. Un mundo absurdo. Un mundo en el que muchas cosas no tenían sentido para la mayoría de las personas que vivían bajo un paraguas de fuerzas fuera de su control.

Es magnífica esta Esperando a Godot. Dirigida por Antonio Simón, el elenco es espléndido, y la puesta en escena evocativa. Unos raíles en desuso cerca de una estación de tren. Un solitario y raquítico árbol. Y dos amigos, dos amantes, dos sin techo, mayores ya (su relación dura unos 50 años) se encuentran. Vladimir y Estragon (o Didi y Gogo, como ellos se nombran afectuosamente). Y esperan. Esperan a un personaje que se llama Godot aunque no sabemos quién es Godot ni porque le esperan. Y mientras esperan, Didi y Gogo pasan el rato hablando de sus cosas (de los zapatos de Gogo que son demasiados pequeños, de los problemas de vejiga de Didi) y de la vida, sin ton ni son. La aparición de Pozzo, un hombre aparentemente de bien, junto con su criado-esclavo Lucky, con una cuerda atada a su cuello y llevado por Pozzo como si fuera un perro, romperá la monotonía de sus días y sus discursos. (Lucky, una palabra anglosajona, significa afortunado o suertudo; Beckett escogió este nombre absurdo con esmero). Pero Pozzo y Lucky se van y solamente queda esperar, hasta la aparición de un muchacho que dice tener un mensaje de Godot, que hoy no vendrá, que seguramente vendrá mañana.

Fin del primer acto de los dos de la obra. Agradecemos a Beckett que se limitase a escribir su obra en solamente dos actos, pues el segundo es una repetición del primero. Didi y Gogo se encuentran, esperan, hablan de naderías, especulan. Nuevamente pasarán por el lugar Pozzo y Lucky y, como el día anterior, se irán dejando a Gogo y Didi solos, esperando, hasta que se repite la aparición de un muchacho para anunciar que tampoco vendrá Godot hoy, sin duda lo hará mañana. ¡Qué absurdo es todo!

Y, reitero, ¡qué magnífica es esta obra! Nos encariñamos con Gogo y Didi y quedamos tan perplejos como ellos ante los personajes de Pozzo y Lucky. Beckett ideó su obra como una tragicomedia de la condición humana en ese período histórico de la posguerra. Tanto la tragedia como la comedia son aparentes para el público. La tragedia de vidas que transcurren en un bucle de monotonía y falta de voluntad para cambiar de rumbo. La comicidad de las situaciones y los diálogos absurdos que provocan nuestra risa, algo nerviosa. Quizás deberíamos llorar.

Todos los actores son formidables: Pepe Viyuela (Estragon), Alberto Jiménez (Vladimir), Juan Díaz (Lucky), Fernando Albizú (Pozzo) y Jesús Lavi (el Muchacho). Los primeros cuatro son veteranos del teatro, cine y televisión y Jesús Lavi es un nuevo valor que abre camino con seguridad y talento. Viyuela y Jiménez son los grandes protagonistas y su complicidad es total. Se complementan a la perfección. Uno más alto, otro más bajo. Diferentes pero unidos en sus destinos y su afecto, el uno por el otro. Fernando Albizú es un hombre grande, fuerte. Ignoro si para la caracterización de Pozzo el equipo de vestuario han añadido relleno a su abdomen. En todo caso, su físico (el suyo propio o el aumentado) también juega un papel importante en la obra. En el segundo acto Pozzo es, inexplicablemente, ciego y su caída sobre los raíles y sus retorcimientos para levantarse son épicos. Y, finalmente, Juan Díaz nos ofrece una clase magistral sobre cómo estar en escena sin hablar (con la excepción de unos minutos de verborrea incoherente -absurda- que son aplaudidos por el público).

No pierdan esta Esperando a Godot. Godot seguramente no hará presencia pero disfruten con la de los actores que sí están sobre el escenario y se dan lo mejor de sí para el espectador.

Esperando a Godot se estrenó en el Teatro Bellas Artes de Madrid (Twitter: @TeatroBellasArt) el día 21 de noviembre y estará en cartel hasta el próximo 5 de enero de 2010. Para más información sobre esta obra, así como con respecto de la demás programación de Teatro Bellas Artes, consulten la página web:

https://www.teatrobellasartes.es/

Diana Shoffstall

El hoyo. La barbarie de que somos capaces todos si no reflexionamos sin mayores dilaciones en el futuro que nos espera

Esta espectadora, no siendo fan del género de ciencia ficción, no puede sino aplaudir esta película de Galder Gaztelu-Urrutia, su primer largometraje que, desde su presentación en sociedad, está recibiendo kudos tanto de la crítica como del público, llenando las salas de proyección. (Véase: Premio del Público, sección Locura de Medianoche en el Toronto International Film Festival; Premios Mejor Película, Dirección Novel y del Público en el Festival de Sitges).

Estamos en el presente -la comida es la misma que comemos nosotros, las personas se visten como nosotros, sus experiencias  -vividas tanto por error como con acierto- no difieren de las nuestras, pero no es nuestro mundo. La “Asociación” rige los destinos de las personas y es la máxima ley en un centro de reclusión. Un centro de reclusión que es la alternativa a la cárcel para algunos -los que han cometido delitos- y una terapia, para dejar de fumar por ejemplo, en el caso de otros que entran voluntariamente en el centro. Una torre gigante y hermética cuya luz y temperatura son controladas por la “Asociación”, dos personas por nivel y una especie de montacargas que se origina en el nivel 0 y que todos los días está repleto de comida exquisita preparada con esmero por el cohorte de cocineros y ayudantes. Un banquete de exquisiteces que irá bajando, nivel a nivel, y parando solo unos pocos minutos para que coman los ocupantes de cada nivel. ¿Pero es lo mismo estar en el nivel 6, como en el nivel 48, o  -dios quiera que no- en el nivel 172? ¿Podrán comer todos? ¿Podrán sobrevivir todos?

Nuestro protagonista Goreng (Iván Massagué) quería dejar de fumar y en el centro no se puede fumar. Aceptó una “terapia” de 6 meses. A su compañero de nivel (por no decir de celda), el viejo Trimagasi (Zorión Egileor), le faltan solamente un par de meses para cumplir su condena, porqué en su caso sí que es una condena por un delito cometido. Empiezan a transcurrir los días, que pronto son semanas y después meses, y Goreng se verá arrastrado a un infierno de barbarismo a su alrededor que resiste con todas sus fuerzas al principio y que después utilizará él mismo, impulsado por la mínima posibilidad de cambiar el futuro. Luchará hasta el fin, sin que por ello, y a pesar de que se vislumbra un atisbo de esperanza de que pueda haber un futuro mejor en el que la “Asociación” haya perdido el poder y las personas hayan retomado las riendas de sus destinos, la desolación del espectador -o al menos de esta espectadora- es abrumadora cuando los 94 minutos de la película han llegado a su término.

El hoyo (The Platform, título de la película en inglés, que se refiere al montacargas que significa vivir un día más o morir) es una distopía en toda regla (“una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, según el Diccionario de la Real Academia Española). La visión de Galder Gaztelu-Urrutia y de los guionistas David Desola y Pedro Rivera no es bonita. Es despiadada e implacable. No es nuestro mundo actual, no, pero nuestro mundo está sufriendo. Hay sobrepoblación -o casi- y los recursos para sostener a tanta gente disminuyen y se destruyen. ¿Y si el futuro es ese? Matar o morir. La supervivencia de uno mismo sobre todo y que los demás se vayan al infierno. Yo no lo veré -y deseo con todo mi ser que nadie llegue a verlo- pero El hoyo nos obliga a contemplar ese otro mundo y preguntarnos “Qué haría yo?”.

Antes de terminar, mi enhorabuena a Aránzazu Calleja por la música que nos acompaña a lo largo de la película, un Boom! Boom! de fondo que rima con el Doom! Doom! que reverberaba en mi interior (doom es muerte, perdición y destrucción en castellano). Una enhorabuena que extiendo a todo el equipo técnico y artístico detrás de esta película que yo no tenía mucho interés en ver y que me alegro de haber visto.

El hoyo se está exhibiendo en las salas de España desde el pasado día 8 de noviembre de 2019.

Diana Shoffstall

Parásitos. El olor de la pobreza que el perfume de los ricos no puede disimular

Ver Parásitos, la última película del surcoreano Bong Joon Ho y ganadora de la Palma de Oro en la más reciente edición del Festival de Cannes, ha sido para la que suscribe un verdadero placer. Una película inteligente, mordaz, entretenida, con giros inesperados, a la vez absurda pero no de todo alejada de la realidad y con un final dramático, si bien no carente de humor negro.

Resultado de imagen de cartel de la película parásitos wordpress"La familia Kim no pasa por sus mejores momentos, si es que alguna vez tuvieran momentos mejores. Viven malamente el padre Ki-taek, la madre Chung-sook, el hijo Ki-woo y la hija Ki-jung en un pisito destartalado en un semi-sótano en un barrio deprimido y sucio. Sin un trabajo estable ninguno de los cuatro, tampoco se les ve ambiciosos ni emprendedores -en el sentido noble de ambas palabras calificativas- . Al contrario, nos parecen perezosos, vulgares y aprovechados, especialmente los padres. Los hijos se salvan en parte de tan mala opinión debido a su juventud y frescura. De hecho, Ki-woo comparte con un amigo -cuyas circunstancias son mucho más favorables a un futuro prometedor- sus sueños e inquietudes. Y el amigo, deseoso de ayudar, recomienda a Ki-woo para sustituirle como profesor de inglés de una joven de una familia pija. Aunque Ki-woo tiene sus reticencias, se convence -y tanto el amigo como su familia- le convencerán de no desperdiciar la ocasión de ganar un dinero fácil. Y así comienza la aventura desventurada de la familia Kim.

Catapultado a un entorno fastuoso, Ki-woo será seducido por las posibilidades que se le presentarán, ayudado por la superficialidad y poca perspicacia de los Sres. Park. A Ki-woo pronto le ocurrirá el primer plan: Ki-jung entrará al servicio de la casa de los Park como terapeuta experta -con credenciales falsos, como no- para encauzar los talentos artísticos del niño de la familia. Y sucederá el segundo plan y el tercero hasta que finalmente la familia Kim esté al completo empleado por los Sres. Park, el padre como el chófer y la madre como la encargada de llevar la intendencia de la casa. Es previsible que las artimañas de la familia Kim no podrán prosperar durante mucho tiempo y así es. Mientras traman para conseguir sus propósitos, nos reímos porque disfrutamos con su ingenio y la patética inocencia de la Sra. Park. Reír, reír, sí, hasta que da un vuelco la historia y lo absurdo y cómico se transforman en locura con sangrientas consecuencias.

Bong Joon Ho retrata en Parásitos dos grupos sociales opuestos. Lo hace con un humor negro que le permite también arrojar una dura y ponderada crítica sobre unos y otros. Las desigualdades entre ricos y pobres que condicionan su presente y su futuro son presentes en todo momento en Parásitos. Y cuando no son abordadas a tiempo, desembocarán en tragedia. Damos las gracias a Bong Joon Ho por el enorme talento -el suyo, el de su equipo técnico y el de los actores- que nos ha traído este film tan atractivo y acertado.

Parásitos llegó a las pantallas de España el pasado día 25 de octubre.

Diana Shoffstall

Tardes con Colombine. La pasión y visión de una gran mujer

He de confesar, con bastante pudor, que desconocía quién era Carmen de Burgos -conocida popularmente con el seudónimo de Colombine- hasta hace un par de meses. Una joven amiga mía -Isabel Albertos Johnston- fue la encargada de ilustrar el libro “Cócteles de Colombine y otras bebidas modernas” de Descrito Ediciones que homenajeaba la figura de Carmen de Burgos (https://descritoediciones.com/product/cocteles-de-colombine-y-otras-bebidas-modernas-carmen-de-burgos-colombine/). Yo me preguntaba entonces: ¿Quién era Carmen de Burgos? y descubrí un personaje fascinante. Una mujer polivalente y valiente: periodista, escritora, traductora, conferenciante, maestra, activista en pro de los derechos de la mujer y hasta corresponsal de guerra (estuvo en Melilla durante la llamada Guerra del Rif). También amante de la buena cocina. Una mujer que vivió apasionadamente y que defendió sus principios hasta el final. (Almeriense de nacimiento, murió en Madrid en 1932 a los 64 años). Luchó toda su vida por la igualdad de la mujer en la sociedad española y fue castigada por ello. Al término de la Guerra Civil española, el nuevo régimen censuró sus libros y su nombre fue incluido en la lista negra de autores prohibidos. Sus libros fueron retirados de las librerías.

Después de esta introducción -algo larga- los lectores comprenderán que yo tendría mucho interés en ver Tardes con Colombine, de La Culebra Producciones, dirigida por Juan Carlos Talavera. Sobre el escenario dos mujeres: las actrices Carmen Sánchez Molina, como Carmen de Burgos (y también la responsable de la dramaturgia de la obra), y Luz Juanes, como la portera Dolores (y en alguna escena encarnando a María, la hija de Carmen de Burgos, o a la hermana de la escritora, o incluso a cualquier mujer anónima que asistía a una de sus conferencias). Carmen de Burgos (“la Sra. Carmen”) y Dolores son mujeres opuestas, por lo menos eso parece al principio. Carmen es una mujer independiente, progresista, feroz en su lucha por los derechos de la mujer y en su crítica de la sociedad que le rodea, dominada por los hombres y la iglesia católica. Dolores es una mujer analfabeta que se escandaliza ante los pronunciamientos de la Sra. Carmen. Dolores representa a la mayoría de las mujeres de la época: sumisas a sus maridos y a las instituciones, sin ambiciones y sin educación. Pero Dolores quiere poder leer las cartas que le envía su hijo mayor y le pide a la Sra. Carmen que le enseñe a leer y a escribir. Entre estas dos mujeres se creará un vínculo que les permitirá compartir sus historias, sus penas y sus esperanzas.

Y así, pasando de escena a escena, no siempre en orden estrictamente cronológico, llegaremos a conocer cada vez un poco más quién era Carmen de Burgos. Un matrimonio cuando ella tenía sólo 16 años, un marido infiel y desconsiderado, tres partos y tres bebés que fallecieron, el abandono de su hogar por parte de Carmen, su traslado a Madrid con su pequeña hija María, sus comienzos y su consagración como escritora, las tertulias en su casa (Carmen de Burgos se relacionó con Galdós, Blasco Ibañez, Juan Ramón Jiménez, Sorolla, Gregorio Marañón, entre otros), su idilio de muchos años con el mucho más joven periodista y escritor Ramón Gómez de la Serna (y la dolorosísima ruptura, cuando su hija María y Ramón se convirtieron en amantes), … Todo ello regado con la pasión con la que vivió Carmen de Burgos. A pesar de los obstáculos y de las críticas que recibía de algunos sectores de la sociedad, ella no desfallecía en su empeño de conseguir la emancipación real de la mujer.

La interpretación de las actrices nos cautiva, la utilización de la iluminación y los fondos con fotografías en blanco y negro es efectiva. Tardes con Colombine es una pequeña obra de gran calidad sobre una mujer que nunca debería caer en el olvido.

Podemos ver Tardes con Colombine en el Teatro Nueve Norte de Madrid (Twitter: @9NorteTeatro) los sábados a las 19:30 horas. Para toda la información sobre esta obra y demás programación de la sala, consulten la página web:

http://www.nuevenorte.com/

Diana Shoffstall